El presidente, su hijo “incómodo” y los medios

David Guillén Patiño | PALABRAS MAYORES

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– Conflicto de intereses aún no esclarecido sigue en boca de la prensa
– ¿Qué hay de los insospechados vínculos con Ucrania?

No de todos es conocido el recriminable hecho de que, en respuesta a cierta pregunta que le planteó un reportero durante una de las clásicas conferencias de prensa, el presidente balbuceó desde su inconfundible púlpito una serie de expresiones, entre las que se le escuchó decir a su inquisidor: “estúpido, hijo de puta”.

La solicitud de disculpa, sugerida por su equipo de asesores, vendría después, a través de una llamada telefónica. Sin embargo, el daño ya estaba hecho.

A unos días de ocurrido ese incidente, quienes más conocen al mandatario aseguran que esa actitud refleja su verdadera personalidad, es decir, a lo largo de su servicio público “ese ha sido su comportamiento habitual” ante los representantes de los medios.

Es evidente que su relación con los periodistas está condicionada al tipo de preguntas que se le hagan: si el asunto que se le propone sirve para aplaudir su proyecto y estilo de gobierno, entonces accede a responder ampliamente, pero si se trata de críticas a su administración, entonces opta por reaccionar visceralmente, como en el ejemplo señalado.

El conflicto de intereses del que se acusa a su hijo, quien es abogado de profesión, es sin duda uno de los temas que más lo sacan de quicio, no obstante que la atención de la opinión pública se centra hoy en la guerra ruso-ucraniana.

Naturalmente, me estoy refiriendo al presidente de Estados Unidos, Joe Biden, así como a su vástago Robert Hunter Biden, quien le ha significado un permanente dolor de cabeza.

A sus 42 años de edad, sin tener la capacidad necesaria, sin contar con currículum y sin saber nada acerca de la industria energética, hace ocho años fue designado director de Burisma, la mayor compañía de gas de Ucrania, tan solo por ser hijo del presidente Biden. El gusto le duró cinco años: de 2014 a 2019.

Al momento de su contratación, primero como miembro del consejo directivo de dicha firma, también tenía lugar la anexión de Crimea a Rusia, país que, según explicó él mismo, supuestamente apoyaba a los rebeldes del oriente ucraniano. Los rusos querían hacerse con los recursos naturales de Ucrania y un oleoducto, por lo que Burisma se sentía vulnerable.

Así fue como la familia Biden creó intereses en Ucrania, bajo el amparo de Soros, quien por su parte no tendría después empacho alguno en declarar abiertamente que él había intervenido en el golpe de estado de Ucrania.

Maibort Petit, periodista de investigación, detalló luego lo siguientes: “Se hizo una especie de cabildeo por parte del hijo de Joe Biden para que de alguna manera se hiciera política, basado en el nombre de su padre, que en esa época era vicepresidente de los Estados Unidos (2009-2017), cuando Barack Obama fungía como presidente del país. Esto generó una gran discusión, y todavía la historia pareciera no estar contada completamente”.

El senado de los Estados Unidos hizo un reporte al respecto, señalando que había un conflicto de intereses, expresado más o menos en los siguientes términos: el vicepresidente Joe Biden tenía un hijo operando como miembro directivo de una empresa de gas de Ucrania, la cual le pagaba 50 mil dólares mensuales.

Lamentablemente, esto no se corrigió; lo que hubo fue un incremento en la capacidad del ciudadano norteamericano para ver la corrupción en la política de Washington.

Así pues, Robert Hunter Biden no fue sancionado, ni su padre investigado. Todo se limitó a un informe del senado y a unas investigaciones en el Departamento de Justicia que no han continuado, debido a que Joe Biden llegó a la presidencia.

En Ucrania, esto trajo como consecuencia la salida del fiscal general Víktor Shokin. Sobre las razones de este despido se manejó la versión de que el fiscal había establecido una línea de investigación de corrupción en Burisma, contemplando la posibilidad de señalar que el ahora presidente estadounidense Joe Biden influyó para que lo echaran, ya que su hijo trabajaba a nombre suyo en Burisma.

En efecto, el asunto fue abordado en conversación telefónica que se remonta a 2016, cuando Joe Biden todavía era vicepresidente, en el periodo de Barack Obama. Amenazó con cortar mil millones de dólares en garantías de préstamos a Kiev si el fiscal no era despedido, bajo la acusación de ignorar la corrupción en su propio país.

La otra versión era que el fiscal había salido debido a su negligencia, pues se negaba a investigar la corrupción en el uso de los fondos (por 5 mil 300 millones de dólares, como ayuda para el fortalecimiento de las instituciones democráticas) entregados por el gobierno de Estados Unidos, y que habían sido señalados como un objeto de malos manejos.

Shokin había abierto varias investigaciones contra el oligarca Mykola Zlochevski, exministro de Ecología y Recursos Naturales de Ucrania y propietario de la compañía de gas Burisma, en cuya junta directiva se encontraba Hunter Biden cuando el fiscal general ucraniano fue despedido.

Respecto de los fondos canalizados por Estados Unidos a Ucrania, se corrió la información de que habían sido dilapidados por el gobierno y varios funcionarios que habían abierto una investigación a través de este fiscal, quien dijo que lo habían echado de su cargo porque él había estado haciendo investigaciones sobre esos recursos.

EL HIJO DEL OTRO PRESIDENTE

Respecto del otro caso de conflicto de intereses que se le adjudica al también abogado José Ramón López Beltrán, hijo del presidente Andrés Manuel López Obrador, se puede anticipar que este tema que seguirá en stand-bye por tiempo indefinido.

En efecto, parecieran no tener el efecto esperado los esfuerzos que se hacen, desde las conferencias de prensa “mañaneras”, para esclarecer el asunto y contrarrestar así los embates de Carlos Loret de Mola contra el vástago del titular del Ejecutivo federal.

Al mismo tiempo, todo hace pensar que la narrativa de dicho periodista en torno a lo que se ha dado en llamar “la casa gris” de Houston, Texas, se ha vuelto un discurso político en extremo repetitivo que poco tiene que ver con una investigación periodística.

Ante el afán del ex conductor de Televisa de ridiculizar todo lo que huela a Morena y 4T, Baker Hughes le ha hecho un flaco favor a López Beltrán al salir en su defensa. La empresa afirma que Pemex nada tiene que ver con sus indagaciones sobre dicha residencia.

Según señalan los medios, José Ramón López asegura por su parte que “no tiene injerencia alguna en el gobierno de México” y que sus ingresos “provienen al cien por ciento” de su trabajo como asesor legal de desarrollo y construcción para la empresa KEI Partners.

¿Pasarán más de ocho años, como en el caso de Robert Hunter Biden, sin que termine de esclarecerse este caso paralelo de probable conflicto de intereses? Por el bien de México, esperemos que no. ([email protected]).