Soldados de la OTAN que prestan servicio en Kosovo patrullan junto a una barricada en la carretera levantada por serbios étnicos cerca de la ciudad de Zubin Potok. ARMEND NIMANI (AFP)

La decisión del Gobierno kosovar de prohibir los documentos y matrículas serbios, que deberán ser sustituidos a partir de este mes por documentos kosovares, ha suscitado la indignación de Serbia y de la minoría serbokosovar. Esta comunidad es mayoritaria en el norte de la exprovincia serbia que en 2008 proclamó su independencia. Belgrado sigue sin reconocer la independencia de Pristina.

Desde el domingo, camiones y maquinaria pesada de ciudadanos serbios impiden el tráfico en las carreteras que conducen a los pasos fronterizos de Brnjak y Jarinje en protesta por el veto a los documentos expedidos por Belgrado, lo que ha obligado a cerrar esos dos puntos de la frontera entre ambos países. Entre reproches mutuos de Serbia y Kosovo, la Fuerza Internacional de Seguridad para Kosovo de la OTAN (KFOR) advirtió este domingo en un comunicado de que está preparada para intervenir “si se compromete la estabilidad” en el territorio.

Pristina había anunciado en junio que no aceptaría a partir de agosto los documentos de identidad ni las matrículas serbias. Las autoridades de esta región —reconocida como Estado independiente por más de 100 países, muchos de la Unión Europea, pero no por Serbia, Rusia, China, Brasil y España, entre otros— aseguran que se trata de una medida de reciprocidad, ya que Belgrado tampoco acepta sus matrículas ni documentos. De acuerdo con las nuevas medidas, las personas que entren en Kosovo con carnés de identidad serbios recibirán un documento temporal kosovar válido durante 90 días. Las matrículas serbias emitidas por ciudades kosovares en las que los serbios son mayoría tendrán también que ser sustituidas por las placas oficiales de Kosovo.

Tras consultar con los embajadores de Estados Unidos y la Unión Europea, Pristina había anunciado el domingo que el veto a los documentos serbios, que debía entrar en vigor este lunes, 1 de agosto, se aplazaba hasta el 1 de septiembre. El Gobierno del primer ministro, Albin Kurti, un nacionalista de izquierdas crítico con cómo se ha gestionado en el pasado la relación con Belgrado, había condicionado esa moratoria a la retirada de las barricadas y el desbloqueo de los pasos fronterizos cerrados. Sin embargo, esta mañana, los camiones llenos de grava y la maquinaria pesada de ciudadanos serbokosovares seguían bloqueando el tránsito, por lo que Pristina comenzó a expedir sus documentos en el mayor paso fronterizo de la región, el de Merdare, según la agencia Reuters.

“Esta decisión [la expedición de nuevos documentos] seguirá aplicándose hasta que todas las barricadas se retiren y se garantice la libertad de circulación de personas y mercancías”, declaró el ministro del Interior kosovar, Xhelal Svecla.

El bloqueo y las barricadas de ciudadanos serbios en carreteras habían llevado el domingo a la policía kosovar a desplegar sus patrullas en las carreteras cercanas a la ciudad septentrional de Mitrovica. Los helicópteros de la KFOR, sobrevolaron también el norte de Kosovo, mayoritariamente poblado por serbios y vinculado directamente con Serbia. La negativa de adoptar documentos kosovares es una forma de esta minoría de negarse a reconocer la independencia del territorio.

La prohibición de circular en Kosovo con matrículas serbias provocó ya en septiembre de 2021 cortes de carreteras por parte de la minoría serbokosovar. Kosovo reaccionó entonces desplegando fuerzas especiales, con blindados y militares armados con fusiles automáticos. Serbia, por su parte, elevó el nivel de alerta de sus tropas cerca de la frontera y envió aviones de combate cerca de su demarcación con su antigua provincia. El Gobierno serbio sostiene que el objetivo de Pristina al adoptar este tipo de medidas es expulsar a los serbios del norte del país.

La KFOR, la misión de la OTAN con 3.770 soldados sobre el terreno en Kosovo, tiene como mandato mantener la frágil paz en este territorio. El domingo, las fuerzas de paz italianas eran visibles en la ciudad norteña de Mitrovica y sus alrededores. En 2013, los dos países se comprometieron a un diálogo auspiciado por la Unión Europea para tratar de resolver las cuestiones pendientes, pero desde entonces apenas se han registrado progresos.

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