Marta Alonso, a la izquierda, con otros miembros de su equipo en la Clínica Universidad de Navarra.

Un virus de catarro modificado genéticamente para infectar solo a las células del cáncer y estimular la respuesta del sistema inmune ha obtenido buenos resultados en un pequeño ensayo clínico en el que participaron 12 niños que sufrían un tipo de tumor cerebral incurable.

Los resultados son modestos pero importantes, pues aportan la mayor mejora en comparación con los tratamientos actuales que se ha visto hasta ahora, según explica Marta Alonso, investigadora del Cima y la Clínica Universidad de Navarra y coautora del estudio, que se publica hoy en la prestigiosa revista médica New England Journal of Medicine. La propia publicación dedica su editorial a esta investigación destacando las nuevas vías de investigación que abre.

El estudio se ha centrado en el glioma intrínseco difuso de tronco, que se desarrolla en el cerebro y que es el tumor más letal en niños. Se trata de una enfermedad tan poco común que se considera abandonada, ya que apenas se persiguen nuevos tratamientos. En la actualidad estos pacientes no disponen de ningún fármaco efectivo y la supervivencia media es de 12 meses. “Ahora mismo no hay nada que darles a estos pacientes; de hecho, la modesta mejora de la supervivencia que hemos obtenido, con una media de 17,8 meses, es el mejor resultado que se ha obtenido nunca en un ensayo clínico de este tipo”, destaca Alonso. En dos pacientes, la supervivencia llegó hasta los tres años, añade. El trabajo aporta algo de esperanza de conseguir nuevos tratamientos que algún día puedan curar estos tumores, posiblemente en combinación con otros fármacos.

El tratamiento usado es el adenovirus DNX-2401, desarrollado hace más de 15 años por los neurólogos Juan Fueyo y Candelaria Gómez-Manzano, investigadores del Centro de Cáncer MD Anderson (EE UU). En 2018 mostró buenos resultados en adultos que sufrían glioblastoma, el cáncer cerebral más letal. Ese mismo año, Alonso recibió una prestigiosa ayuda de dos millones de euros de la Unión Europea para investigar estos virus como inmunoterapia para niños. En parte esa dotación pública ha hecho posible el desarrollo del ensayo clínico actual, que ha requerido importantes dosis de investigación y secuenciación genética en el laboratorio y que no contaba con el apoyo de la industria farmacéutica.

El DNX-2401 lleva dos modificaciones genéticas. La primera le hace unirse selectivamente a las integrinas, proteínas que abundan en la superficie de las células tumorales. La segunda solo le permite replicarse y causar una infección si está activado el gen del retinoblastoma, un marcador típico del cáncer ausente en células sanas.

Los médicos tomaron biopsias de los tumores de los 12 pacientes, una práctica diagnóstica reciente que no se solía practicar por temor a dejar lesiones cerebrales, pero que aporta una gran información sobre el perfil genético y las vulnerabilidades del cáncer en cada uno de los enfermos. Una vez obtenidas las biopsias se aprovechó para inyectar el virus en el lugar del tumor.

Los resultados muestran que el tratamiento es seguro y apenas causa efectos secundarios. Además, se ha observado un retraso en la expansión del tumor. Parece que el virus no solo elimina parte de las células cancerosas, sino que también provoca una reacción del sistema inmune que comienza a identificar y eliminar las células tumorales. La aproximación es similar a la que ya se emplea en los principales fármacos de inmunoterapia contra el cáncer, pero en este caso usando virus y no anticuerpos.

En el estudio han participado médicos e investigadores de varios hospitales españoles, así como de otros países, incluidos Fueyo y Gómez-Manzano. Los responsables esperan poder comenzar una segunda fase de ensayos en pacientes en 2023. Al mismo tiempo, el equipo de Alonso trabaja en nuevas versiones mejoradas del mismo virus. Una de las vías más prometedoras es estudiar la efectividad de estos patógenos modificados en combinación con fármacos de inmunoterapia ya aprobados.

Álvaro Lassaletta, jefe de la unidad de tumores cerebrales del Hospital Niño Jesús, en Madrid, opina que el estudio es “un hito importante”. “En los últimos 50 años se han probado múltiples fármacos de quimioterapia y ninguno ha servido para curar a los pacientes. Este ensayo demuestra que se puede hacer una biopsia del tronco cerebral [la parte inferior del encéfalo que comunica con la médula espinal] y aplicar el tratamiento. Los efectos secundarios son tolerables. Además logra que la supervivencia sea algo más prolongada, lo que es prometedor”, detalla.

Su equipo está realizando otro ensayo con seis niños y adolescentes que sufren este tipo de tumores. En este caso se aplica un virus modificado asociado a células madre de donantes sanos que se inyecta en la sangre. “El objetivo es demostrar que el tratamiento es seguro y estudiar si puede aumentar la supervivencia a este tumor devastador”, añade Lassaletta.

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