Un nuevo ataque ruso contra Kiev, la capital de Ucrania, ha matado al menos a 20 personas y ha herido a otras 56 en la madrugada de este lunes, según el balance provisional publicado por las autoridades ucranias. De las 20 víctimas mortales, 14 han fallecido en la capital y otras seis en la vecina localidad de Vishneve, a unos dos kilómetros, de donde han tenido que ser evacuadas medio millar de personas.
Los efectivos del Servicio de Emergencias siguen buscando víctimas entre los escombros de algunos de los edificios alcanzados por el bombardeo, que Rusia ha lanzado en la víspera de la cumbre de la OTAN, que comienza el martes en Ankara (Turquía). Es el segundo ataque ruso de estas características en menos de una semana, después del que el pasado jueves mató a 30 personas también en Kiev.
El parte de la Fuerza Aérea ucrania ha contabilizado un total de 68 misiles lanzados de madrugada sobre Kiev, entre ellos 23 balísticos, y 351 drones de larga distancia. Las autoridades municipales han informado así mismo de daños materiales en tres distritos de la capital. Varios bloques de viviendas han sufrido desperfectos e incendios como consecuencia del ataque ruso. Los servicios de rescate han tenido que sacar de los inmuebles afectados a algunos de sus residentes, entre ellos varios niños.
Al menos 15 edificios residenciales, algunos de ellos de más de 20 plantas, han resultado dañados o destruidos en toda Ucrania, según los servicios de emergencias nacionales.
El canal de Telegram de la Fuerza Aérea ucrania había informado durante la madrugada de la detección de drones y misiles rusos dirigiéndose hacia Kiev, donde se escucharon fuertes explosiones en las primeras horas del día.
El Ministerio de Defensa ruso ha publicado un comunicado en el que afirma que sus bombardeos de esta noche han sido “una respuesta a los ataques terroristas del régimen de Kiev contra infraestructura civil en Rusia”. El Kremlin enfrenta estos días una grave crisis, en el quinto año de su invasión de Ucrania, por la escasez de combustible provocada por los bombardeos ucranios contra sus refinerías.
El malestar es notable —y creciente— entre la población rusa, donde más de 30 regiones han introducido restricciones a la venta de gasolina y diésel, mientras que el país, que hasta ahora había sustentado financieramente su guerra exportando combustible, se ha visto obligado a importarlo de fuera.
En la víspera del bombardeo contra Ucrania, su presidente, Volodímir Zelenski, señaló que Rusia preparaba un nuevo ataque masivo contra el país después de que otro bombardeo de estas características matara a 30 personas en Kiev el jueves pasado. El jefe del Ejecutivo ucranio preveía que el ataque que Rusia preparaba —y ha acabado llevando a cabo— se produjese justo antes del comienzo de la cumbre anual de la OTAN que se celebrará mañana y pasado en Ankara.
En una publicación en su cuenta de X, el mandatario ucranio ha instado a la OTAN a que adopte medidas firmes tras esos ataques. “Nuestros combatientes han obtenido hoy buenos resultados al derribar drones y misiles de crucero, pero, lamentablemente, no contra los misiles balísticos rusos. La razón es, precisamente, el suministro insuficiente de misiles interceptores. Es muy importante que el mundo —en primer lugar, Estados Unidos y nuestros socios europeos— salga de la cumbre de la OTAN en Ankara con decisiones firmes para apoyar nuestra defensa aérea y, por lo tanto, la defensa de las vidas de la gente corriente. Mientras los misiles Patriot permanezcan en los almacenes de los aliados, esto no hace más que animar a Rusia a seguir ‘atacando’ edificios residenciales”, ha escrito Zelenski.
Las fuerzas armadas ucranias también continuaron esta noche su ofensiva contra las instalaciones energéticas rusas. El Ministerio de Defensa ruso asegura haber derribado 519 drones ucranios sobre una veintena de regiones, aunque se desconoce cuántos alcanzaron sus objetivos.
Los drones ucranios alcanzaron por primera vez la región de Omsk, a más de 2.500 kilómetros al este del frente y próxima a Kazajistán, en plena Asia Central. “Varios aparatos lograron alcanzar el centro industrial del norte de Omsk”, reconoció el gobernador de la provincia, Vitali Jotsenko, en Telegram.
Otra de las mayores refinerías rusas, situada en Yaroslavl, a unos 250 kilómetros al este de Moscú, ardió tras los ataques. Las autoridades locales no han informado del bombardeo, aunque varios canales de noticias de Telegram han publicado imágenes del incendio. Estas instalaciones ya fueron bombardeadas en mayo. Y en la región de Leningrado, donde se encuentra San Petersburgo, los drones ucranios volvieron a acechar las terminales petroleras marítimas de Ust-Luga y Vysotsk.
Por su parte, Sebastopol, la base de la Flota del Mar Negro en Crimea, ha vuelto a sufrir un apagón tras los ataques contra sus infraestructuras energéticas. El gobernador impuesto por Moscú en la ciudad, Mijaíl Razvozhayev, anunció la suspensión del transporte de trolebuses. Esta localidad ha vivido varios cortes de electricidad totales desde junio, incluido algunos de varios días.















