El activista bielorruso Ales Bialiatski, uno de los tres galardonados con el premio Nobel de la Paz 2022. ANDERS WIKLUND (TT NEWS AGENCY VIA AFP)

Tres premios Nobel de la Paz para los defensores de los derechos humanos en tres países que han sido víctimas de Vladímir Putin y Aleksandr Lukashenko. El Comité Nobel noruego ha reconocido este año la labor del director de la ONG bielorrusa Viasná, Ales Bialiatski; de la fundación rusa Memorial, liquidada por el Kremlin y la justicia rusa a finales del pasado año, y del Centro para las Libertades Civiles ucranio. Al conceder el Nobel de la Paz a un individuo y dos organizaciones, el comité premia a quienes ha definido como “campeones de los derechos humanos, la democracia y la coexistencia pacífica”. Han desplegado “esfuerzos notables” para defender “los valores humanos y del Estado de derecho”, así como el antimilitarismo, según ha manifestado la presidenta del Comité Nobel, la abogada noruega Berit Reiss-Andersen, durante la lectura de los galardones.

El día que Putin cumple 70 años, la lucha de la sociedad rusa por la libertad ha sido homenajeada por segundo año consecutivo. En 2021 fue galardonado el director del diario Nóvaya Gazeta, Dmitri Murátov, y ahora ha sido Memorial. Ambos, hijos del aperturismo que posibilitó el último presidente soviético, Mijaíl Gorbachov, fallecido hace poco más de un mes. Memorial, por su parte, nació como una iniciativa ciudadana en los últimos años de la URSS para investigar los crímenes del régimen soviético. La fundación se convirtió en una constelación de organizaciones regionales que comenzaron con la apertura de los archivos del KGB, la policía secreta del régimen, y llegaron a investigar crímenes más recientes como los ocurridos en Chechenia.

El Tribunal Supremo ruso ordenó el cierre de Memorial el 28 de diciembre de 2021. Las autoridades retorcieron para ello la ley de agentes extranjeros y dictaminaron que la fundación no etiquetó todas y cada una de sus publicaciones con este aviso, desde cada mensaje de Instagram a las tarjetas de visita de sus miembros. Algunos de sus miembros han abandonado el país a raíz de ello y sus archivos corren peligro. La decisión del Kremlin les ha bloqueado sus cuentas, y sus sedes, incluida la histórica del centro de Moscú, podrían acabar en manos del Estado.


La fundadora de Memorial, Svetlana Gannushkina, en Moscú en 2011.
NATALIA KOLESNIKOVA (AFP)

Memorial recibió en diciembre de 2009 el premio Sájarov del Parlamento Europeo a la libertad de conciencia. Bialiatski también obtuvo este reconocimiento en el año 2020, en el que la institución europea galardonó precisamente a la oposición al régimen de Aleksandr Lukhasenko. Detenido en 2011 y 2021, el activista bielorruso lidera una organización que ha vigilado la represión política de Lukashenko. Su labor descubrió al mundo los abusos en las cárceles y las detenciones masivas del régimen a raíz de las protestas del verano de 2020 contra el fraude en unas elecciones donde el mandatario se apuntó un 80% de apoyo frente al 10% de la oposición.

Los tres premiados, según ha detallado en su comparecencia Reiss-Andersen, han desempeñado “un esfuerzo extraordinario” por la paz, la democracia y para “documentar crímenes de guerra, abusos de derechos humanos y de poder”. Los galardonados, ha proseguido la presidenta del Comité Nobel, ejemplifican la “importancia de la sociedad civil” para conseguir la democracia y la paz. Del activista bielorruso han recalcado cómo ha “consagrado su vida” a promover esos valores. La abogada noruega ha aprovechado su intervención para pedir la puesta en libertad de Bialiatski.

El reconocimiento del Nobel de la Paz ha sido aplaudido por activistas y disidentes rusos y bielorrusos. “Memorial es la organización de derechos humanos más importante y ha hecho un trabajo constante, necesario y valioso durante décadas. Es genial que se valore esta labor”, publicó en Twitter el jefe del equipo de Alexéi Navalni, Leonid Volkov. El opositor, encarcelado ahora en régimen estricto en una prisión de máxima seguridad, era otro de los candidatos al premio. “La protección de los derechos humanos es prácticamente el único pequeño espacio que todavía nos une. ¡Felicidades, amigos! ¡Libertad y paz!”, escribió en sus redes sociales Pável Chikov, miembro de la ONG de abogados Ágora.

Documentación de crímenes en Ucrania
El Centro para las Libertades Civiles (CLC) fue fundado en 2007 con la participación de activistas de derechos humanos de nueve exrepúblicas de la URSS. El objetivo fundacional del CLC era promocionar el Estado de derecho y la democracia en el antiguo bloque soviético. Esta ONG se ha centrado con el paso de los años en el desarrollo de la democracia en Ucrania, un país que presenta todavía unos altos índices de corrupción y de vulneración de derechos fundamentales de colectivos como el LGTBI. En 2014 se produjo la revolución proeuropea del Maidán que derrocó al presidente Víctor Yanukóvich. El CLC tomó partido en el movimiento contra Yanukóvich, y durante la guerra de separación de Donbás y la anexión rusa de Crimea, concentró sus esfuerzos en identificar crímenes contra los derechos humanos cometidos por las fuerzas rusas y prorrusas.

Oleksandra Matviichuk, el lunes en Nueva York.
ROSELLE CHEN (REUTERS)

Su equipo, encabezado por Oleksandra Matviichuk, trabaja para aportar pruebas ante un hipotético futuro tribunal internacional que juzgue los crímenes rusos durante la invasión. La ONG galardonada tiene varias campañas en marcha vinculadas a la defensa de la sociedad ucrania frente a la agresión rusa. Además de desarrollar un mapa que identifica crímenes de guerra, el programa Probono financia la localización de desaparecidos y la defensa de presos políticos y de activistas en las zonas ucranias ocupadas por Rusia, pero también en Bielorrusia. Además, el CLC está reclutando a voluntarios para crear la mayor red de apoyo psicológico a víctimas de la guerra.

Matviichuk es conocida también por su hiperactividad en las redes sociales, dedicada a difundir el trabajo del centro, pero también la propaganda de las autoridades ucranias. El pasado miércoles compartió en su cuenta de Twitter una información difundida por el Ministerio de Defensa ucranio sobre el hallazgo en Járkov de una caja con cientos de prótesis dentales de ciudadanos supuestamente torturados por las fuerzas rusas. Al día siguiente, el diario alemán Bild entrevistó a un dentista que aseguraba que aquellas prótesis eran de su consulta. La presidenta del CCL admitió que había tuiteado antes de hacer un trabajo de comprobación.

Otros aspirantes
Para la edición de este año, se habían presentado 342 candidaturas, de las cuales 251 corresponden a personas y 92 a organizaciones. La lista, que se cerró a finales de enero, es la segunda más numerosa de la historia de los premios, solo por detrás del récord de 376 alcanzado en 2016. El año pasado, el galardón fue a parar a los periodistas Maria Ressa y Dmitri Muratov por su trabajo por la libertad de prensa y para denunciar los abusos de poder en Filipinas y Rusia, respectivamente.

El presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, el periódico digital The Kyiv Independent o el pueblo ucranio aparecían en los primeros lugares en las casas de apuestas. La lucha por el medioambiente ha sido un candidato recurrente en los últimos años, personificada sobre todo en la activista sueca Greta Thunberg, aunque también en otras figuras como David Attenborough. En las quinielas previas aparecían también la Organización Mundial de la Salud (OMS), el movimiento Black Lives Matter, el papa Francisco, el periodista Julian Assange y la primera ministra de Nueva Zelanda, Jacinda Ardern.

Según el testamento de Alfred Nobel, el magnate sueco que instituyó los premios que llevan su nombre, pueden designar candidatos al galardón de la paz catedráticos de universidad en Derecho, Historia y Ciencias Políticas, parlamentarios, antiguos laureados y miembros de tribunales internacionales, entre otros. Solo si quienes proponen a una persona u organización lo hacen público se puede conocer la identidad de los candidatos, ya que el Comité Nobel noruego únicamente publica el número total de aspirantes y no confirma nombres hasta 50 años después. Este galardón se entrega tradicionalmente en el Ayuntamiento de Oslo. Está dotado con 10 millones de coronas suecas (unos 984.000 euros).