La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, durante su comparecencia este miércoles. STEPHANIE LECOCQ (EFE)

La Comisión Europea ha lanzado este miércoles un ambicioso plan para cerrar en el menor tiempo posible el grifo energético de Rusia. La iniciativa, movida por la urgencia de una guerra cuyas consecuencias para la seguridad del suministro y la volatilidad de los precios resultan impredecibles, es vasta, global y pretende solucionar problemas en varios rincones del continente. La propuesta cuenta con numerosas patas que van del incremento “masivo” en inversiones en energías renovables (como los paneles solares, una de las grandes apuestas de Bruselas) a medidas extraordinarias para hacer frente al alza desbocada de la factura de la luz. Habrá compras conjuntas de gas en los mercados internacionales y financiación de hasta 2.000 millones de euros en infraestructuras de petróleo que permitan sortear el veto al embargo de este hidrocarburo que siguen planteando algunos países (como Hungría) y que se ha convertido en el gran quebradero de cabeza de los Veintisiete estas últimas semanas.

El Ejecutivo comunitario también abre la puerta a la imposición de un precio regulado a nivel comunitario para las importaciones de gas en caso de un escenario de disrupción total del flujo desde Rusia, una hipótesis cuya sombra aterra en Bruselas. También permitirá que otros países de la UE, como Italia, pueden solicitar acogerse a la llamada “excepción ibérica”, el mecanismo que ha permitido a dos países poco interconectados con el mercado eléctrico comunitario (España y Portugal) limitar de forma extraordinaria el precio del gas.

“La guerra de Putin está perturbando gravemente el mercado energético mundial”, ha asegurado este miércoles la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, durante una comparecencia. “Muestra lo dependientes que somos de los combustibles fósiles importados. Pero también lo vulnerables que somos al depender de Rusia para importar nuestros combustibles fósiles. Por eso debemos reducir lo más rápidamente posible nuestra dependencia energética de Rusia”.

Una transición verde
La jefa del brazo Ejecutivo de la UE ha señalado que los Veintisiete ya van por el buen camino: las importaciones de gas ruso se han reducido del 40% que suponían en 2021 al 26% en abril de este año. Además, ha explicado que la propuesta de la Comisión gravita sobre uno de los planes más ambiciosos de su mandato, el llamado pacto verde. Von der Leyen ha asegurado que la iniciativa lanzada este miércoles eleva esta propuesta “a otro nivel”.

El llamado REpower EU se sustenta sobre varias fórmulas: el ahorro de energía y la reducción del consumo, la aceleración de la desconexión de los combustibles fósiles, la búsqueda de nuevos suministradores de energía y las inversiones “masivas” para alimentar esa transición, que incluye proyectos de hidrógeno verde, llamado a ser una de los grandes recursos energéticos de sustitución del gas para el año 2030.

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Bruselas pretende conectar esta financiación con los multimillonarios fondos de recuperación aprobados para paliar el zarpazo de la pandemia en las economías europeas, que ya destinaban algo más de un tercio de sus inversiones a la transición verde. Bruselas pretende movilizar cerca de 300.000 millones de euros (unos 72.000 millones en subsidios y 225.000 millones en préstamos). Esta cifra incluye financiación de proyectos específicos para sortear en un plazo inmediato los cuellos de botella en las infraestructuras destinadas al suministro de gas y gas natural licuado de nuevas fuentes “para que ningún Estado miembro sea abandonado en el frío”, en palabras de Von der Leyen.

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