Colosio, ajeno al PRI y al junior; el pacto con Camacho, vigente

Carlos Ramírez | INDICADOR POLÍTICA

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Veintiocho años después del asesinato en Lomas Taurinas, la figura de Luis Donaldo Colosio Murrieta quedó ya en el limbo político: el PRI salinista no quiere saber nada del candidato de 1994, el hijo perdonó a los autores y no quiere que la sombra del padre le nuble sus expectativas, Movimiento Ciudadano está muy lejos de cualquiera propuesta colosista y las nuevas generaciones no están preocupadas por la crisis en la sucesión presidencial de aquel año.

El único discurso con trasfondo sistémico que pronunció Colosio fue el del 6 de marzo en el Monumento a la Revolución y no se trató de una propuesta de transformación sistémica, sino que se agotó en una crítica a los escasos saldos sociales y políticos del proyecto neoliberal salinista que el propio Colosio ayudó a construir, consolidar y abanderar.

La vertiente política sigue sin investigarse en un crimen que impacto la correlación de fuerzas de poder: el pacto político de Colosio con Manuel Camacho Solís días antes del magnicidio que había dejado muy en claro la decisión de que Camacho sería el secretario de Gobernación del nuevo gobierno para instrumentar una reforma política, de poder y sistémica.

Luego del destape de Colosio por un dedazo ostentoso, el presidente Salinas de Gortari fijó en diciembre de 1993 el criterio de que el problema de México era de bienestar y no de democracia política; y a su regreso de una gira por Oriente ya con Camacho como secretario de Relaciones Exteriores, Salinas dijo que el error del presidente Gorbachov había sido aplicar de manera simultánea la reestructuración productiva —perestroika— y la apertura política —glasnost–; el proyecto salinista transexenal abarcaría la presidencia de Colosio 1994-2000 y desde entonces perfilada la de Ernesto Zedillo para 2000-2006.

En este contexto, la candidatura de Colosio no representaba ningún valor personal del precandidato sino que perfilaba la continuidad transexenal de Salinas y su proyecto neoliberal; el candado se iba a cerrar con la nominación del propio Salinas como presidente de la Organización Mundial de Comercio, el bloque mundial neoliberal y de globalización, para mantener la vigencia en México del camino de salinastroika sin priisnot.

De haber tenido claridad sobre la prioridad política, Salinas hubiera construido la precandidatura presidencial de Camacho por su papel prioritario en la administración de las crisis recurrentes en el sexenio. Sin embargo, Salinas no ocultó desde el principio de su gobierno su preferencia por Colosio y en esa lógica debe entenderse el proceso de construcción de su candidatura: coordinador de la campaña salinista a la presidencia, candidato a senador, presidente nacional del PRI y la creación para ese proyecto de continuidad sucesoria de la Secretaría De Desarrollo Social-Pronasol para la precampaña de Colosio en el último tramo.

El acuerdo político de Colosio con Camacho no se ocultó y causó preocupaciones inquietantes en el equipo salinista porque implicaba el abandono de Colosio de todo lo que representaba Salinas y el equipo salinista neoliberal, en tanto que Camacho iba a reformar el sistema priísta y sobre todo a reestructurar el sistema de toma de decisiones de poder. Es decir, con la anuencia de Colosio, el proyecto de Camacho era desalinizar el modelo de continuidad transexenal tejido por Salinas desde que llegó a la Secretaría de Programación y Presupuesto en 1979 para perfilar un proyecto de 18 años o tres sexenios.

Aquí se reproducen otra vez aquellas palabras proféticas que Camacho le dijo a Colosio por teléfono el 23 de marzo cuando el candidato le leyó los elogios de un boletín de prensa que reconocía la decisión de Camacho de retirar cualquier sospecha de candidatura y su apoyo a Colosio: “bájale a los elogios, porque si no nos van a romper la madre a los dos”.

El intento por aclarar la vertiente política y de poder del asesinato de Colosio le correspondía a la sociedad interesada en aclarar su pasado, al PRI que avaló a Salinas por encima de Colosio y al hijo de Colosio ahora candidato por un partido que carece de proyecto político e ideológico y que no está interesado en rescatar algunas ideas –que no propuestas ni legado– de Colosio en marzo de 1994.

Los peores mensajes anticolosistas fueron el del PRI con su alianza con el PAN neoliberal ahora articulado al proyecto internacionalista de la ultraderecha española encabezada por Vox y el ominoso silencio político del hijo de Colosio ante el magnicidio en Lomas Taurinas.

Política para dummies: La política es el no se me olvida.

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