Guardias militares velan la urna del expresidente filipino Benigno Aquino.LISA MARIE DAVID / REUTERS

El que fuera presidente filipino entre 2010 y 2016, Benigno Noynoy Aquino, artífice del mayor crecimiento económico de Filipinas desde la década de 1970, y que se enfrentó a Pekín en la disputa territorial entre sus dos países en el mar del Sur de China, ha fallecido este jueves a los 61 años en Manila a causa de una enfermedad renal, según ha informado su familia. El exmandatario filipino, que se mantuvo al margen de la vida pública desde que dejó su cargo, padecía de diabetes y otras enfermedades desde 2019.

Heredero del legado político de dos iconos de esa democracia del sureste asiático -sus padres, el senador Benigno Ninoy Aquino y la primera presidenta filipina, Corazón Cory Aquino-, Noynoy quiso forjarse una imagen en el terreno interno de luchador contra algunos de los principales problemas endémicos del archipiélago, como la corrupción, la pobreza y el autoritarismo. En la agenda internacional, se le recordará por su firme posición contra China a causa de las disputas marítimas por la soberanía territorial.

Su padre, popular senador durante la dictadura de Ferdinand Marcos (1965-1986) contrario al régimen, fue asesinado en 1983 cuando estaba retenido por el Ejército en el aeropuerto de Manila tras su regreso del exilio en Estados Unidos. Su asesinato conmovió a la nación y fue el detonante de una serie de protestas civiles que culminarían en la Revolución del Poder del Pueblo (1983-1986) y el derrocamiento de Marcos. Cory Aquino, erigida en uno de los núcleos de la oposición tras la muerte de su esposo, fue proclamada 11ª presidenta de Filipinas y gobernó entre 1986 y 1992. Durante el mandato de su madre, tras un intento fallido de golpe de estado militar, Benigno resultó herido en un atentado en el que murieron tres de sus guardaespaldas.

El único varón de los cinco hijos que tuvo el matrimonio Aquino, era economista de carrera y trabajó en el negocio familiar de azúcar hasta que entró en política en 1998. Fue congresista durante tres legislaturas y senador entre 2007 y 2010. Tras la muerte de su madre en 2009, anunció su candidatura a las elecciones, en honor a la lucha prodemocracia impulsada por sus padres. Con el eslogan de campaña “Sin corrupción no habrá pobreza”, fue elegido 15º presidente filipino en 2010.

Campaña anticorrupción
A su Gobierno se le atribuye el logro de estabilizar una economía estancada. Durante sus seis años de legislatura, Filipinas creció a un ritmo medio del 6,2%, el más rápido desde la década de 1970, llegando a alcanzar el 7,6% en 2010. Además, Noynoy ejerció mano dura contra los evasores fiscales e inició una campaña anticorrupción contra exdirigentes políticos, como su predecesora Gloria Macapagal Arroyo.

En 2012, aprobó la Ley de Salud Reproductiva, que permitía el acceso universal a anticonceptivos y garantizaba el derecho de las filipinas a una buena atención en aspectos relativos a su sexualidad y la reproducción, lo que levantó duras críticas en los sectores más conservadores del país. Ese mismo año, se consiguió poner fin al movimiento insurgente del Frente Islámico Moro de Liberación después de cuatro décadas de conflicto armado. Gracias a las negociaciones, 12.000 miembros del Frente Islámico renunciaron a la violencia y se abrió el camino hacia la creación de una región autónoma en Mindanao.

En 2013, la Administración Aquino llevó ante la Corte Permanente de Arbitraje de la Haya el caso por las disputas marítimas territoriales en el mar del Sur de China. Sería ya en 2016, con su sucesor Rodrigo Duterte en el cargo, cuando el tribunal de la ONU daría una bofetada jurídica a Pekín al negarle argumentos legales para atribuirse la soberanía del 90% de las aguas de ese mar.

Las críticas a su Gobierno llegaron especialmente por la mala gestión durante la catástrofe del tifón Haiyan, que causó innumerables pérdidas materiales en el centro del país y que se cobró la vida de más de 6.000 filipinos en 2013. Dos años más tarde, el fracaso de una operación policial para capturar a rebeldes musulmanes en la que fallecieron 44 agentes provocaría una caída de su popularidad que le costó recuperar el resto de su legislatura.

Tras el final de su presidencia en 2016, en la que fue sucedido por Rodrigo Duterte -actual jefe de Estado filipino-, las apariciones públicas de Noynoy han sido esporádicas. Ávido fumador, y amante de los coches de lujo, nunca se casó.

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