Fotos: Tomadas del libro / Fotoarte: Erick Zepeda

CIUDAD DE MÉXICO. Juan Rulfo y su conexión con la pantalla grande es explorada en el libro Juan Rulfo en el cine: los guiones de Pedro Páramo y El gallo de oro, del investigador estadunidense Douglas J. Weatherford, quien compila las adaptaciones fílmicas en las que trabajaron Carlos Fuentes, Gabriel García Márquez, Carlos Velo y Roberto Gavaldón.

Y revisa a detalle los lazos del autor mexicano con el cine. “Rulfo tuvo una intervención interesante en el cine desde mediados de los años 50 y 60”, explica Weatherford en entrevista.

Así que puedo confirmar con certeza su participación en la producción de algunas cintas, a veces como fotógrafo, asesor histórico y actor, como en la cinta En este pueblo no hay ladrones, pero también como escritor”, detalla.

Y agrega: “Es posible que Rulfo tuviera en ese momento la esperanza de que el cine fuera para él una veta alternativa para su creatividad y también para sacar algún provecho económico y así apoyar a su familia, porque sabemos que cuando publica Pedro Páramo (1955) no tiene un trabajo estable y no lo tendrá hasta 1962 que trabaje como redactor en el Instituto Nacional Indigenista”.

Es seguro que Rulfo tuviera esperanza en el cine, es decir, le encantaba la posibilidad de ver su obra escrita en la pantalla grande, pero rápidamente perdió gran parte de esa expectativa, porque pocas veces estuvo satisfecho con los resultados de las adaptaciones”, acepta Weatherford.

Por ejemplo, Talpa, la primera adaptación de su cuento homónimo, no le agradó mucho. Tampoco le fascinó Pedro Páramo ni El gallo de oro.

Pero sí le gustó La fórmula secreta –que no es una adaptación de su obra, aunque en ésta lee un texto poético–, así como El despojo, “y por eso se advierte, con frecuencia para los aficionados, que pocos han sabido llevar a la pantalla grande la obra de Rulfo.

Baste recordar que, desde 1980, un periodista ya preguntaba si era posible llevar a Juan Rulfo al cine, advierte el académico por la universidad de la Brigham Young University.

Yo diría que hay varios cineastas que nos han mostrado que Rulfo se puede llevar al cine. Tal vez la adaptación rulfiana que más me gusta es Los confines, de Mitl Valdez, que está muy bien lograda; o El imperio de la fortuna, de Arturo Ripstein.

Así como Chalma de Miguel Ángel Fernández, Zona cero, de Carolina Rivas y Un pedazo de noche, de Roberto Rochín, que me parece muy lograda. También me encantan varias películas de Juan Carlos Rulfo, como Del olvido al no me acuerdo y El abuelo Cheno y otras historias que, si bien son documentales, también son adaptaciones de la obra de Juan Rulfo”, dice.

En suma, “me parece que sí es posible llevar a Rulfo al cine, aunque no es un escritor fácil de adaptar, en parte por la grandeza de su obra, y porque, a diferencia de algunos escritores, alguien que ve una adaptación de Rulfo siempre pensará en la obra original y al ser uno los escritores más importantes de América, pone cierto peso en el cineasta que intenta adaptado”.

Weatherford afirma que la figura que inspiró este volumen fue el cineasta Carlos Velo, “porque no sólo quiso adaptar la obra de Rulfo, sino hacerle justicia, para lo cual pasó seis años de trabajo.

Él lo llamó ‘el proyecto más grande de mi vida’, pero al terminar la cinta y ver su fría recepción, sintió el peso de llevar la obra y de ver cómo se había malogrado”.

Sin embargo, “Velo pensaba siempre que él y Carlos Fuentes habían escrito un guion muy bueno y sugirió que alguna vez se publicara para que la gente pudiera ver su calidad y entonces, tal vez, así se entendería que el fracaso del proyecto residía en otro lugar”.

¿Está de acuerdo con Velo?, se le pregunta. “No estoy de acuerdo completamente con él. Me parece que hay fracasos en el guion, pero estoy feliz y honrado de sacarlo a la luz”.

Publicado por la Editorial RM, el volumen incluye tres guiones para dos novelas de Juan Rulfo.

Dos corresponden a El gallo de oro, de 1963 y 1964, escritos por García Márquez, Fuentes y Roberto Gavaldón.

Y el guion de Pedro Páramo, de 1965, hecho por Fuentes y Carlos Velo, con la participación de Manuel Barbachano. Además, incluye la investigación de Douglas J. Weatherford, un texto introductorio de Víctor Jiménez, director de la Fundación Juan Rulfo, y los ensayos de José Carlos Boixo y Fernando Mino.

PERDIÓ SU CARÁCTER MÍTICO
Aunque Weatherford reconoce que no se pueden negar las grandezas de la cinta Pedro Páramo, de Velo, “su adaptación, pese a participar Fuentes, no logró recrear el espíritu mítico, arquetípico y metafórico de la novela”.

Soy súper aficionado a la fotografía de Gabriel Figueroa, pero en esa película es increíble que la cámara casi nunca se mueve, pese a que al leer la novela constantemente se mira al cielo y abajo, a los pájaros, las estrellas, la luna, el sol, las nubes o el viento.

Y, a partir del movimiento de la palabra escrita, tenemos esa conexión entre cielo e infierno, pero la película nunca recreó ese elemento arquetípico, y tampoco nos convence del estado mítico y arquetípico de Susana San Juan”, agrega.

Digamos que “Fuentes y Velo, de alguna forma, decidieron enfatizar en el guion la conexión erótica entre Pedro Páramo y Susana San Juan, cuando a mí me parece que es una relación más metafórica, eso se pierde en la cinta y me parece imposible de creer que Fuentes haya perdido la oportunidad de enfatizar lo mítico, especialmente cuando en ese momento trabajaba en La muerte de Artemio Cruz”, concluye.

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