Jóvenes cautivos en el campo de Al Hol trabajan transportando productos del mercado interno al anexo de las extranjeras.NATALIA SANCHA GARCÍA

“Se han llevado a mi hijo y a otros jóvenes. Estoy fatal, no sé qué hacer, con quién hablar, ni cuándo volveré a verlo”. Esta fue la llamada de auxilio que lanzó el pasado viernes la yihadista madrileña Luna Fernández Grande, de 34 años, a su familia. A las 4.55 —una hora menos en España— de ese mismo día, varios efectivos de la seguridad kurda se llevaron al joven “por la fuerza y con lo puesto” del campamento Al Roj, ocupado por familiares de integrantes del Estado Islámico (ISIS, por sus siglas en inglés) y ubicado en el noreste de Siria. “Dicen que se lo han llevado a un colegio, pero es una cárcel porque las madres no podemos ni hablarles ni verlos”, relató Fernández Grande desde el campo en el que vive a su familia en Madrid. Fuentes cercanas a la Administración kurda aseguran que el menor español Abdurahman Aabou Fernández, que cumplió 13 años el pasado octubre, “ha sido trasladado a un correccional para menores”.

Otras fuentes cercanas a las milicias kurdas ofrecen más detalles: “Seis niños de entre 13 y 16 años y un adulto de 21 años fueron trasladados la noche del jueves al viernes del campo Al Roj a un centro para desradicalización”. Oficialmente, bajo control de las fuerzas kurdas tan solo existe un centro penitenciario para menores de nombre Houri y ubicado cerca de la ciudad de Qamishli, a unos 50 kilómetros al oeste de Al Roj. Sin embargo, defensores de los derechos de los menores aseguran que se han habilitado otros centros informales de reclusión para niños dentro de las cárceles para adultos del ISIS.

En esta antigua escuela custodiada por guardias y concertinas —la oficial— se encuentran recluidos un centenar de “cachorros del ISIS” de entre 11 y 17 años. “Si bien el movimiento de los niños es más reducido, el acceso a la comida y las condiciones de higiene son mucho mejores que en los campos”, sostiene un periodista local que ha logrado acceder a las instalaciones del centro, generalmente cerradas a la prensa extranjera. La yihadista española Yolanda Martínez (35 años), que también está en el campamento de Al Roj, teme que dentro de poco le llegue el turno a su hijo mayor Bilal, de 11 años. Su padre, el yihadista español Omar el Harshi, sigue preso en una cárcel kurda.

El día anterior al arresto de Abdurahman, Fernández Grande contactó con su familia para contarles que había escondido al niño en una tienda cercana después de que los “soldados vinieran preguntando por él”. Desde el pasado mes de octubre, las milicias kurdas han comenzado a trasladar a jóvenes de entre 12 y 16 años haciendo cundir el pánico en los campos por la separación familiar. “El niño fue a orinar después de rezar y ahí es cuando le atraparon los soldados. Ni siquiera me dio tiempo de darle dinero”, contó Fernández Grande a su cuñada Kawtar Aabou, de 33 años, hermana del difunto yihadista español Mohamed el Amin, padre del menor.

Los administradores del campo de Al Roj han dicho a Fernández Grande que su hijo “está bien cuidado y que le dejarán visitarlo”, añade la cuñada, residente en Madrid. La madre no ha logrado hablar con él, confirmaba ayer la abuela del menor, Manuela Grande, tras que varios guardias regresaran a la jaima para llevarse algo de ropa del joven. “Le han separado de su madre. Que al menos me lo traigan a España para cuidarle. Es solo un niño”, lamenta desesperada esta abuela que por problemas personales se vio obligada a dejar a su hija Luna en un centro de acogida de menores de Madrid cuando era muy pequeña.

En marzo de 2019, cuando las milicias kurdo-árabes y la coalición internacional contra el ISIS proclamaron su victoria contra el califato, tres mujeres y 17 menores españoles ingresaron en dos de los seis campos habilitados para familiares de los combatientes del ISIS. Entre los 4.000 combatientes yihadistas extranjeros apresados por las fuerzas kurdo-árabes, tan solo se han identificado hasta la fecha a dos españoles: Al Harshi y el ceutí Zuhair Ahmed Ahmed. En el campo de Al Roj, con una población de cerca de 2.000 personas, se encuentran las yihadistas Martínez, con sus cuatro pequeños, y Luna Fernández Grande, madre de cinco hijos y a cargo de otros cuatro huérfanos de muyahidines españoles que acoge en su tienda. Con 13 años, Abdurahman es el mayor de todos los menores españoles mientras que su hermana Asiyah, de 18 meses, es la benjamina, nacida en la misma tienda donde hoy malvive con sus hermanos. Cuatro de los 17 menores españoles están hoy en paradero desconocido.

Silencio de Exteriores
Este mes se cumple un año desde que Loubna Fares (marroquí de 41 años) logró escapar con sus tres hijos españoles y también menores de otro de los campos que acogen a familiares de excombatientes del ISIS: el de Al Hol, al noreste de Siria. Desde entonces están en paradero desconocido. En ese campo se hacinan 65.000 personas y en el anexo de las extranjeras —10.000 de más de 50 nacionales distintas— aún queda otra española: la ceutí Lubna Mohamed Miludi (26 años) con su hijo Abderrahman, de tres años.

Los familiares del menor ahora desaparecido aseguran haber intentado pedir ayuda al Gobierno. “Tras una larga espera, nadie me recibió en el Ministerio de Exteriores el pasado viernes”, asegura en conversación telefónica desde la capital española Kawtar, la tía de Abdurahman. Le instaron a mandar un correo electrónico que escribió y envió esa misma mañana, como ha comprobado este diario. Por su parte, la Fiscalía ha asegurado que no estaba informada de lo ocurrido y entiende que la investigación compete a Exteriores o a la Secretaría de Estado de Seguridad, informa Patricia Ortega Dolz. Las familias del resto de menores españoles retenidos en Siria aseguran que el Gobierno español “ni recibe ni responde”.

La Administración kurda ha solicitado en repetidas ocasiones a los países de origen de los yihadistas que repatríen a sus nacionales, ya que no disponen de medios para hacerse cargo de ellos ni vigilarlos con un frente abierto al norte con Turquía. Sin embargo, tan solo unos 60 europeos han sido repatriados, la mayoría menores huérfanos. Ninguno de ellos es español. “En Al Hol se cuentan unos 8.500 niños de entre 12 y 17 años”, dice Amjed Yamin, responsable de comunicación de la ONG Save The Children por teléfono desde Amán. “Esos campos no son un lugar para que crezcan y deben retornar a sus países junto con sus madres”, agrega el cooperante quien asegura desconocer los criterios de selección de los jóvenes que son transferidos fuera de los campos. Contactados por este diario, tanto el personal del centro Houri como el de la administración de los campos dicen no estar autorizados para aclarar el paradero de Abdurahman.

La semana pasada, un grupo de expertos de la ONU reiteró a 57 países la necesidad de repatriar a las mujeres y niños de los esqueléticos campos ante el recrudecimiento de la violencia, la exposición de los menores a la radicalización así como al deterioro de las condiciones humanitarias. Al menos 20 personas han sido asesinadas en el mes de enero en Al Hol respecto a las 35 muertes violentas registradas en todo el 2020. “Las víctimas son de nacionalidad siria e iraquí. Entre ellas, varias mujeres, un guardia y un anciano que fue decapitado en público como represalia por colaborar con la administración del campo”, asevera en conversaciones de wasap un voluntario de la organización mediática Rojava Information Center (RIC), con sede en el noreste de Siria.

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