El juicio a Donald Trump en el Senado transcurre dejando escasas dudas sobre la absolución del expresidente, dado el apoyo mayoritario de los republicanos, y sobre el fin último de este procedimiento de impeachment: una declaración de repudio político, una alarma a la opinión pública, una catarsis nacional. Los demócratas que ejercen la acusación se han servido de un arsenal de violentas imágenes del asalto al Capitolio, muchas de ellas inéditas hasta ahora, mezcladas con los mensajes incendiarios de Trump para dejar sentenciada, al menos, la forma política que él representa.

Este jueves, los gestores del impeachment, el grupo de congresistas demócratas enviados por la Cámara de Representantes para actuar como fiscales, tienen previsto concluir su argumentación echando también mano de múltiples grabaciones y poniendo el foco en la actuación del mandatario durante las horas de aquel 6 de enero en las que se produjo el ataque. El jefe del grupo de miembros la Cámara de Representantes, Jaime Raskin, denunció la “falta total de remordimiento” que mostró el republicano esa tarde y recalcó que el mandatario “sabía exactamente lo que hacía” y el efecto que causaría con sus palabras cuando instó a los manifestantes a marchar hacia el Capitolio y “luchar como el demonio” para recuperar el país.

El primer impeachment al republicano, que concluyó hace un año, se convirtió en un desfile de testigos que describieron una especie de diplomacia paralela del entonces presidente, juzgado por usar el poder presidencial para presionar a Ucrania con el fin de obtener trapos sucios que perjudicasen a sus rivales políticos, con Joe Biden a la cabeza. Este caso, sin embargo, pasará a la historia por unos demoledores minutos de vídeo de aquel aciago 6 de enero que causaron estupor en los senadores que deben votar el veredicto y que, muchos de ellos, eran blanco de la turba.

Los estadounidenses pudieron ver cómo el agente Eugene Goodman, alabado por su actuación valerosa durante el incidente, cortaba el paso al senador republicano Mitt Romney, un crítico habitual de Trump detestado por sus ultras, y le libraba de toparse de frente con los manifestantes. También contemplaron a las fuerzas de seguridad llevando al entonces vicepresidente, Mike Pence, a toda prisa, escalera abajo junto a su familia. Pence, un conservador religioso que había sido fiel escudero del presidente durante cuatro años, se negó a boicotear la sesión del Congreso que ese día debía confirmar la victoria de Joe Biden. Algunos asaltantes lanzaron gritos como “Colguemos a Pence”. En otras grabaciones aparecen los asistentes de la presidenta de la Cámara de Representantes, la demócrata Nancy Pelosi, refugiándose en una oficina mientras los asaltantes tratan de derribar la puerta.

“Esto te rompe el corazón y te llena los ojos de lágrimas”, dijo este miércoles por la noche el senador Romney. “Estoy enfadada, estoy afectada y muy triste, lo estamos reviviendo todo”, señaló la senadora Lisa Murkowski, otra republicana también opuesta al expresidente, que, como Romney, ha votado a favor de llevar a cabo el procedimiento de impeachment.

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