La directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva, poco antes de la entrevista telemática.FMI

Kristalina Georgieva (Sofía, Bulgaria, 67 años) quiere hablar de América Latina. Preocupada por la segunda ola del coronavirus, aunque alentada por el inicio de los procesos de vacunación antes de lo previsto, la directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), en conversación con tres medios de la región —entre ellos EL PAÍS—, llama a los países que aún tienen margen de maniobra fiscal —”México, Chile, Perú y Colombia”— a hacer más: “Úsenlo”. Entra, también, al detalle en dos de los grandes países del bloque: Argentina —”nuestro compromiso continuará tanto tiempo como sea necesario: queremos trabajar juntos”— y México, donde manda un aviso a navegantes tras la polvareda levantada por la reforma de la ley que regula al banco central —”deben tomarse en serio las preocupaciones por la pérdida real o percibida de su independencia: hay que tener cuidado y no resolver un problema pequeño creando uno mayor”—.

Pregunta. Los procesos de vacunación acaban de empezar en Estados Unidos, pero varios países de América Latina, entre ellos el más grande, Brasil, no tienen un plan detallado para inmunizar a la población. ¿Hasta qué punto un retraso afectaría a la recuperación económica?

Respuesta. Es, claramente, una buena noticia que las vacunas estén disponibles antes de lo previsto. Pero también estamos observando una gran segunda ola impactando a Europa, EE UU y varios países latinoamericanos, y eso complicará el camino hacia la recuperación de 2021. Algunos países de la región se han movido rápido para garantizar que el 100% de su población será vacunada a lo largo del año que viene: México, Chile y Costa Rica. Y cuanto antes avancemos en esa vacunación universal, mejor será la recuperación. Si compartimos la carga [financiera] de la recuperación en todo el mundo, todos nos beneficiaremos. Hay muchos motivos para los números especialmente dolorosos en la región —con el 8% de la población [mundial], ha tenido el 20% de los casos y el 30% de las muertes—, pero uno muy importante es que tiene sistemas de salud desiguales. Esperamos que, a futuro, los países prioricen la inversión en salud, en educación y en protección social.

P. Varios países en América Latina y en el mundo emergente están enfrentándose a la decisión de si gastar más para apoyar la recuperación o de evitar que la deuda escale hasta niveles insostenibles. ¿Cómo lidiar con la desigualdad y las necesidades sociales derivadas de la pandemia y, a la vez, esquivar la presión sobre sus finanzas públicas?

R. Reconocemos que América Latina ha estado trabajando duro para reducir la desigualdad antes de la crisis, pero también es cierto que entró en la pandemia siendo la región más desigual del mundo. Y, lamentablemente, la historia nos dice que una pandemia conduce a una mayor inequidad y que esta tiende a mantenerse en el tiempo. ¿Quiénes son los más severamente impactados? Los empleados con baja cualificación, las mujeres y los jóvenes. Y en todas esas categorías ya había problemas en varios países de América Latina que ahora se ven ampliados.

P. ¿Qué riesgos económicos ve en el rebote que se espera para los dos próximos años?

R. Hay un riesgo real de que en muchos países la recuperación de 2021 y 2022 sea en forma de K, con los más formados, generalmente vinculados a lo digital, volviendo rápidamente [a la situación previa a la crisis] y los menos formados y menos conectados digitalmente quedándose atrás.

P. ¿Qué hacer, entonces?

R. Primero, el apoyo público debe ser mejor dirigido a los grupos sociales más golpeados, sobre todo a los trabajadores afectados y a los desempleados. Segundo, América Latina tiene un problema de inversión en educación que viene de atrás y que debe solucionar. Tercero, debe eliminar los obstáculos para que los proyectos de emprendimiento puedan tener éxito. Sí, la deuda obviamente subirá con aumentos de hasta un 10% del PIB. Pero algunos países todavía pueden hacer más: pienso, sobre todo, en México, Chile, Perú o Colombia, donde aún hay margen de acción fiscal. Y, en general, los países tienen que plantearse si sus sistemas fiscales son lo suficientemente progresivos.

P. ¿Por qué algunos países están resistiendo mejor que otros?

R. Una cosa que la crisis nos está enseñando es que, pura y simplemente, los países con mejores fundamentos económicos están mejor situados para lidiar con ella. O, visto de otra manera, los países que llegaron a la crisis con fundamentos débiles tienen una menor credibilidad desde el punto de vista de las políticas y están sufriendo más: se les está haciendo más difícil. Con las economías ocurre igual que con las personas: quienes tienen sistemas inmunitarios débiles son más golpeadas por el virus.

P. ¿Qué recomienda a los países que aún tienen margen fiscal, como México o Chile?

R. Nuestro consejo para los países que tienen espacio fiscal es: ¡úsenlo! Dirijan mejor las ayudas que al principio de la crisis, pero utilicen ese espacio. Es muy importante que sigan apoyando a las empresas y a las personas hasta que haya una salida duradera a la crisis sanitaria. Y eso tardará tiempo, porque la vacunación no es como hacer café de sobre: no es instantánea. Es un proceso que tarda tiempo en desplegarse y que, incluso cuando se ha desplegado, hasta que todas las personas están fuera de riesgo, sigue habiendo impacto económico. En resumen: usen su espacio fiscal y empléenlo en transformar sus economías, en ganar competitividad, en ser más digitales, en reducir las emisiones y en garantizar oportunidades a todos. No retiren el apoyo hasta que se supere la crisis sanitaria.

P. El Gobierno argentino espera poder cerrar un acuerdo sobre su deuda en marzo. ¿Lo ve factible?

R. Trabajamos de forma constructiva con Argentina: hemos hecho dos visitas a Buenos Aires y acabamos de recibir a un equipo [de técnicos] en Washington. Y nuestro compromiso continuará tanto tiempo como sea necesario para que Argentina tenga claridad sobre sus objetivos de medio plazo: queremos trabajar juntos.

P. El FMI ha urgido a Brasil a mantener los programas económicos de emergencia, como las transferencias a los sectores más vulnerables de la población. Pero Jair Bolsonaro ha dicho en repetidas ocasiones que no los ampliará más allá del próximo día 21.

R. Aún no estamos fuera de peligro: la pandemia no ha terminado. Es por eso que recomendamos a los países que mantengan el apoyo, centrándolo sobre todo en los más vulnerables, pero que lo mantengan. Desde los primeros días de la pandemia hemos visto un riesgo muy significativo de incremento de la pobreza en las cuatro mayores economías [latinoamericanas]: Brasil, México, Argentina y Colombia. Si se ha contenido esto es, precisamente, gracias a esas políticas de apoyo. Y la primera prioridad debe seguir siendo evitar que la pobreza se dispare. Quitar ese salvavidas prematuramente es un peligro en términos de pobreza y desigualdad. Y retirar ahora el apoyo también obstaculizaría la recuperación: hasta ahora lo que hemos visto es que los países que más rápido se están recuperando tienen en común haber logrado controlar la pandemia y haber ayudado a las personas y a las empresas. Son los casos de China, Vietnam o Corea del Sur, que forman el pequeño club de economías que cerrarán 2020 con tasas de crecimiento positivas.

P. En México se está debatiendo estos días una reforma de la ley que regula la acción del Banco de México y que ha hecho saltar las alarmas en varios sectores, también dentro del propio banco central. ¿Cómo lo ve?

R. Es muy importante que el Senado mexicano discuta y debata el proyecto de ley mirando todos los aspectos: también las potenciales consecuencias no deseadas. Deben tomarse en serio las preocupaciones del Banco de México por la pérdida real o percibida de su independencia: la ley le obligaría a hacer algo que, como institución independiente, no hubiera elegido hacer. Hay que tener cuidado y no resolver un problema pequeño creando uno mayor. Es legítimo resolver el asunto del efectivo proveniente de las remesas, pero no es un asunto de una magnitud que merezca poner en riesgo la reputación del Banco de México. Mi mensaje es claro: hay que tener cuidado con las consecuencias indeseadas de la ley.

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