El Parlamento Europeo ha concedido este jueves el premio Sájarov 2020 a la libertad de conciencia a la oposición democrática de Bielorrusia, representada por el llamado Consejo de Coordinación, “una iniciativa de mujeres valientes y figuras políticas y de la sociedad civil”, según palabras de la Eurocámara. Este organismo está liderado fundamentalmente por Svetlana Tijanóvskaya, la exprofesora de inglés de 38 años convertida en el rostro de las protestas que inundan desde hace casi tres meses las calles de Minsk.

Tijanóvskaya, hoy exiliada en Lituania, fue la principal candidata opositora en las elecciones presidenciales de Bielorrusia del pasado 9 de agosto. En aquellos comicios no hubo sorpresas y Aleksandr Lukashenko, el mandatario que hace y deshace en el país a su antojo desde 1994, reclamó la victoria con un 80% de los votos en unos comicios plagados de irregularidades. La oposición denunció fraude electoral, se echó entonces a las calles y a las plazas y fue duramente reprimida.

Las protestas por la democracia en Bielorrusia y contra el líder autoritario no decaen, pese a la dura represión y a que sus líderes más visibles están en el exilio, como Tijanóvskaya, que salió del país tras ver amenazada a su familia, o en prisión, como otra de sus líderes destacadas, la músico Maria Kolésnikova, que logró frenar su deportación rompiendo su pasaporte en la frontera y permanece encarcelada desde el pasado 8 de septiembre acusada de “atentar contra la seguridad nacional”. Lukashenko, de 66 años, mantiene que el Consejo de Coordinación quiere “tomar el poder” y ha puesto bajo el foco de las autoridades a sus miembros.

“Tienen a su favor algo que la fuerza bruta nunca podrá derrotar: la verdad”, ha destacado a través de Twitter el presidente del Parlamento Europeo, David Sassoli, después de la noticia. “No cejéis en vuestra lucha. Estamos a vuestro lado”.

Se cuentan por miles los detenidos y represaliados en las protestas desde agosto. Las autoridades bielorrusas han abierto más de 400 causas penales contra ciudadanos por participar en las movilizaciones, mientras hay centenares de denuncias públicas por violencia policial, sobre todo los primeros días y las organizaciones de derechos civiles han documentado casos de torturas.

Lukashenko, que pidió ayuda a Rusia y de momento cuenta con el apoyo de Moscú, mantiene el pulso al movimiento por la democracia y se aferra al poder. El Ministerio del Interior bielorruso, que ha amenazado con utilizar munición real “si es necesario” contra los participantes en las movilizaciones sociales pacíficas, ha asegurado este jueves que las protestas sociales se están convirtiendo en una amenaza terrorista.

Las movilizaciones que empezaron para respaldar a Tijanóvskaya y contra el fraude electoral duran ya 75 días. La ex profesora de inglés, que había estado trabajando en casa cuidando de sus hijos estos últimos años, decidió postularse a la presidencia de Bielorrusia cuando las autoridades arrestaron y vetaron a su esposo, un conocido bloguero opositor que permanece encarcelado. La candidatura de Tijanóvskaya, a la que se unieron los otros dos principales aspirantes vetados, logró unificar así una sociedad bielorrusa cansada de un líder autoritario que lleva 26 años en el poder, irritada por la falta de libertades, los ataques a los derechos humanos y la necesidad de reformas; también enfadada por la nefasta gestión de la pandemia de coronavirus.

Lukashenko, que se ha caracterizado por sus comentarios machistas y que mantiene que una mujer no puede presidir Bielorrusia, se encontró con que sus principales opositoras eran tres mujeres: Tijanóvskaya y las representantes de las otras dos campañas: Veronika Tsepkalo y María Kolésnikova. Y el modelo se mantiene durante las protestas, donde las mujeres tienen un papel destacado.

“Estamos particularmente impresionados por el rol de mujeres tan valientes en la revolución prodemocrática que sigue en marcha”, ha destacado el Grupo Socialista del Parlamento Europeo. En la cúpula del Consejo de Coordinación de la oposición bielorrusa, que reclama una transición pacífica, la liberación de los presos políticos y nuevas elecciones, se encuentran la premio Nobel de literatura Svetlana Alexiévich —con un papel fundamentalmente simbólico— y la músico Kolésnikova.

A los mandatarios de la Unión Europea, en cualquier caso, les ha costado dar pasos contundentes contra un incómodo vecino, cuyas relaciones enturbian aún más sus ya emponzoñados lazos con Rusia. Bruselas tardó un mes y medio en decidir no reconocer a Lukashenko como legítimo presidente de Bielorrusia. Y casi dos meses en sancionar a 40 funcionarios del régimen. El Parlamento Europeo, mucho más explícito en su apoyo a la ola democrática desde el principio, recibió en septiembre en su sede de Bruselas a Tijánóvskaya y otros miembros destacados de la oposición.

El premio Sájarov es concedido desde 1988 por la Eurocámara para destacar a individuos y organizaciones que defienden los derechos humanos y las libertades fundamentales. En su primera edición destacó la labor de Nelson Mandela y entre sus últimos galardonados se encuentran el intelectual uigur Ilham Tohti (en 2019), por su labor frente a la represión de China, y la oposición venezolana (en 2017). No es la primera vez que los eurodiputados reconocen a miembros de la oposición contra Lukashenko: ya en 2004 galardonó a la Asociación Bielorrusa de Periodistas y en 2006 al político Aleksander Milinkevich.

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