La consejera jurídica de la Presidencia, Luisa María Alcalde Luján, dio en el clavo con el descubrimiento de la “red de amplificación digital”, pero no necesitaba todo un aparato tecnológico y lingüístico para percatarse de que ese mecanismo de multiplicación de mensajes no lo inventó ahora la oposición ni ninguno de los miembros de la lista negra, sino que se lo encontró en el camino y la supo explotar nada menos que el Andrés Manuel López Obrador de sus tiempos de disidente en busca de la Presidencia.
En términos del viejo lenguaje de la comunicación política, la “red de amplificación digital» no es otra cosa que el mecanismo de circulación el mensaje es conocido como “corre la voz”, y no debe olvidarse que siendo perredista López Obrador tuvo inclusive hasta un periódico de partido que así se llamaba.
La decisión de transformar el descubrimiento del hilo negro de la acción comunicativa –para darle valor científico con cita de Habermas– en acción política tomó el camino autoritario de delatar nombres que en automático se convirtieron en la famosa “lista negra” de comunicadores responsables de dinamizar la “red de amplificación digital” de la manera más sencilla: corriendo la voz, y si se revisan muchos de los ejemplos usados para ilustrar como mensaje rescatado por alguien o muchos y circulado de manera masiva, casi siempre se tuvo una dinámica propia y no se requirió de lo que hoy también de manera pomposa se llaman “granjas digitales», call centers o simples oficinas con computadoras para dinamizar un mensaje o una información.
La otra percepción equivocada de la consejera Alcalde Luján estuvo en la difusión en modo de delación –sic en modo Monsivais y del José Agustín cineasta de “ya sé quién eres, he estado observando”– de una lista negra que sirvió como ejemplo ilustrativo en la circulación de mensajes en redes, pero con nombres de periodistas que — todos ellos– se dedican a escribir desde la crítica al poder, y que igual lo hicieron en el viejo régimen, aunque con menos intensidad porque entonces las políticas comunicacionales del PRI y del PRIAN eran menos confrontativas y violentas que hoy.
El caso de Andy López Beltrán está siendo manejado en el círculo de la Consejería Jurídica presidencial como un ejemplo típico de la “red de amplificación digital”, pero se trataría de un ejemplo equivocado porque no se necesitaron estímulos artificiales de call centers computacionales para potenciar los mensajes contra la persona de la visa que es un ciudadano sin cargo público ni función política y apenas aspirante –como los miles que están haciendo cola– para obtener el fuero constitucional de un cargo público electo.
En el análisis de la consejera Alcalde Lujan se puede percibir que hay mensajes con contenidos que traen una lógica de “amplificación digital” que no requiere de manera formal de una ”red” con malas intenciones, porque el tema se retroalimentó en millones de disparos digitales por sí mismos, y en este contexto se puede decir que la mayoría de los mensajes que presuntamente y de manera mal intencionada se dinamizan por una “red de amplificación digital” adquieren velocidad por autonomía del mensaje y de acuerdo a los intereses de los millares de grupos que se mueven en las redes digitales.
Lo que le faltó la consejera Alcalde Luján fue reconocer el fracaso del propio López Obrador y de Morena porque las redes digitales en modo de “corre la voz” suplieron en su momento la falta de una estructura comunicacional de la disidencia y porque todo el también pomposamente llamado “ecosistema comunicacional” no era más que una estructura controlada por el régimen priista desde el poder.
Las quejas de la consejera presidencial que la llevaron a elaborar las listas negras de periodistas disidentes en modo de “se busca”, “ya sabemos quién eres” o “tú las traes” sólo demostraron que la 4T no sabe operar los hilos del poder de manera directa y ha sido incapaz desde la Jefatura de Gobierno en el 2000, los años de la lucha callejera con plantones y el ejercicio de la Presidencia durante un sexenio y un tercio de aprovechar su descubrimiento de “las benditas redes sociales» y ha sido derrotada por “las malditas redes sociales”. Y ante la obligación sistémica de hacer política desde la estructura de poder, el camino más fácil fue enlistar en un ejemplo ingenuo sólo a críticos que han sido señalados por el dedo flamígero del poder desde las mañaneras de Palacio Nacional.
El error de estrategia de la consejera Alcalde Lujan la llevó a pasar de denunciadora a denunciada y fue obligada por las circunstancias y por el poder superior a un rally mediático para enfrentar a sus más bravos comentaristas críticos que se solazaron con desdenes y burlas que desde luego nada tienen que ver con la comunicación política, pero que cuando menos les dieron satisfacción de respuesta a la delación presidencial.
La lección queda para aprendizaje: el error estratégico de un buen diagnóstico y una pésima implementación de reacciones contaminaron ya la campaña conta la “red de amplificación digital”, aunque seguirá siendo un instrumento desguanzado de la base política de la 4T.
Política para dummies: la política se tiene que atacar con política, no con el poder.
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@carlosramirezh















