La paradoja de la seguridad

CONTRALÍNEA | Gabriela Gallegos Ávila

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¿Cómo se explica un despliegue federal de esta magnitud en un estado que presume ser uno de los más seguros del país?

La llegada de 690 elementos de fuerzas federales a Durango coloca a las autoridades frente a una pregunta inevitable. Durante meses, el gobernador Esteban Villegas ha sostenido una narrativa respaldada por cifras oficiales. Los indicadores federales ubican a Durango entre las entidades con menor incidencia de homicidios dolosos y ese dato se ha convertido en una de las principales cartas de presentación del estado. Sin embargo, la imagen de centenares de efectivos federales desplegados en carreteras, instalaciones estratégicas y zonas urbanas abre una interrogante que las estadísticas por sí solas no alcanzan a responder.

La explicación institucional existe. Durango no sólo comparte frontera con estados golpeados por la violencia; también forma parte del Triángulo Dorado junto con Sinaloa y Chihuahua, una región que durante décadas ha sido identificada como estratégica para la producción y el trasiego de drogas en México. Bajo esa lógica, la presencia extraordinaria de fuerzas federales podría responder a una estrategia preventiva frente a los reacomodos criminales y los conflictos que se observan en entidades vecinas.

La paradoja es precisamente esa: Durango puede mantener indicadores favorables de seguridad y, al mismo tiempo, seguir ocupando una posición estratégica dentro de una de las regiones más vigiladas por las autoridades federales. Ambas cosas pueden ser ciertas. El problema aparece cuando la narrativa pública intenta explicar una realidad compleja con mensajes demasiado simples.

Porque la política no se mueve únicamente con cifras; también se construye a partir de percepciones. Y la difusión pública del traslado de tropas, las imágenes de convoyes militares y la amplia cobertura mediática del operativo transmiten un mensaje distinto al de la tranquilidad que se busca proyectar. Para muchos ciudadanos la pregunta es simple: si todo está bajo control, ¿por qué fue necesario un despliegue tan visible?

Ninguna interpretación puede asumirse como verdad absoluta. Lo que sí resulta evidente es que Durango atraviesa un momento de escrutinio inusual. Los recientes operativos federales, los aseguramientos de alto impacto y ahora la llegada masiva de fuerzas especiales han colocado al estado bajo reflectores nacionales.

Los duranguenses tienen derecho a conocer si esta movilización responde a una estrategia preventiva, a una operación regional o a una amenaza específica. La seguridad no se fortalece únicamente con cifras ni con exhibiciones de fuerza; también se construye con confianza pública.

Durango merece menos incertidumbre y más certezas, menos narrativa y más realidad.