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DURANGO, DGO.- Durango comienza a pagar la factura de tener menos nacimientos, más adultos mayores y comunidades rurales sin familias jóvenes. La primera señal está en las aulas: 24 escuelas podrían dejar de funcionar durante el ciclo escolar 2026-2027 porque ya no tienen alumnos suficientes.

La Secretaría de Educación del Estado de Durango informó que los maestros no perderán su empleo. Serán reubicados en otros planteles o incorporados a programas de recuperación académica, asesorías y actividades extraordinarias.

Pero trasladar docentes sólo resuelve el problema burocrático. La pregunta de fondo permanece: ¿por qué Durango se está quedando sin niños en sus escuelas?

NACIERON 13 MIL 360 DURANGUENSES MENOS

La respuesta comienza en las estadísticas de natalidad.

En 2010 se registraron 42 mil 514 nacimientos de madres residentes en Durango. Para 2024 fueron 29 mil 154, de acuerdo con el Inegi.

En catorce años, la entidad perdió 13 mil 360 nacimientos, una caída de 31.4 por ciento. Aun si se excluye el desplome extraordinario de la pandemia, la tendencia se mantiene: entre 2018 y 2024 la reducción fue de 19.4 por ciento.

Esta disminución avanza como una onda sobre el sistema educativo. Primero vacía los grupos de preescolar, después alcanza las primarias y finalmente llegará a secundarias y bachilleratos.

En las comunidades rurales, donde cada generación ya es pequeña, perder cinco o diez alumnos puede significar la desaparición de un grupo, un turno o una escuela completa.

DURANGO ENVEJECE A TODA VELOCIDAD

Mientras nacen menos niños, crece aceleradamente la población adulta mayor.

Durango tenía 112 mil 600 personas de 60 años y más en 2000. Para 2020 sumaban 209 mil 478: casi 97 mil más, un crecimiento de 86 por ciento en dos décadas.

El índice de envejecimiento avanzó todavía más. En 2000 había 21.7 personas adultas mayores por cada cien menores de 15 años; en 2020 ya eran 40.8. El indicador aumentó 88 por ciento.

Al mismo tiempo, las niñas, niños y adolescentes menores de 15 años perdieron peso dentro de la estructura demográfica. Representaban 35.8 por ciento de la población estatal en 2000; veinte años después constituían sólo 28 por ciento.

Durango todavía tiene población joven, pero sus nuevas generaciones son proporcionalmente menores y se concentran cada vez más en las ciudades. En numerosas comunidades rurales ya no hay suficientes niños para sostener una escuela.

PRIMERO CERRARON TURNOS

El cierre de los 24 planteles no comenzó este año.

En septiembre de 2025, las autoridades educativas reconocieron que cuatro turnos vespertinos habían desaparecido en la ciudad de Durango por falta de matrícula. Para entonces, más de cien escuelas rurales habían migrado al modelo multigrado, en el que un solo maestro atiende simultáneamente a estudiantes de distintos grados.

La ruta del vaciamiento escolar está trazada:

disminuyen los alumnos, se fusionan grupos, desaparecen turnos, se concentran grados y finalmente cierra la escuela.

La baja de nacimientos explica una parte del proceso. En las comunidades rurales se agregan la migración, el envejecimiento, la falta de empleo y la concentración de servicios en las ciudades.

No sólo están desapareciendo alumnos: también se están yendo las familias capaces de producir una nueva generación.

CUANDO CIERRA LA ESCUELA, LA COMUNIDAD RETROCEDE

Una escuela rural no es únicamente un edificio donde se imparten clases. Es uno de los últimos servicios públicos que mantienen viva a una comunidad.

Cuando cierra, las niñas y los niños deben trasladarse a otra localidad. Las familias enfrentan mayores distancias, costos de transporte y riesgos en los recorridos. Algunas terminan mudándose para garantizar la educación de sus hijos.

Entonces se forma un círculo difícil de romper: la comunidad pierde habitantes porque carece de servicios y pierde servicios porque cada vez tiene menos habitantes.

Por eso no basta con anunciar que los maestros serán reubicados. La Secretaría de Educación debe informar cuáles son las 24 escuelas amenazadas, dónde están, cuántos alumnos conservan, qué distancia deberán recorrer y qué alternativas reales tendrán las familias.

Cerrar un plantel puede ser administrativamente justificable. Hacerlo sin una estrategia para proteger a la comunidad significa administrar su desaparición.

Los datos muestran que Durango tiene cada vez menos nacimientos y una población que envejece aceleradamente. Las aulas vacías no son una anomalía del próximo ciclo escolar, sino la primera factura visible de una transformación que lleva décadas avanzando.


Primero dejaron de nacer los niños. Después cerraron los turnos. Ahora comienzan a cerrar las escuelas. Lo siguiente que puede desaparecer son las comunidades.