Zelenski, en las puertas de un colegio atacado ayer en Kiev, en una foto cedida por la Presidencia de Ucrania.

Una de las formas de hacer frente a los ataques rusos y de tratar de demostrar fortaleza que tiene el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, es dejarse ver por los lugares más peligrosos. Lo ha hecho desde que, en febrero de 2022, su homólogo ruso, Vladímir Putin, lanzó la gran invasión. Entonces, su primer objetivo fue Kiev, pero no lo logró. Ahora, en las últimas semanas, el Kremlin ha apretado el acelerador y bombardea esta ciudad día y noche, alcanzando numerosos objetivos civiles. “Quieren que los ucranios —especialmente los de la capital— abandonen la capital. En realidad, eso es lo que buscaban cuando comenzó la invasión a gran escala”, recuerda Zelenski durante una conversación con EL PAÍS mientras visita un colegio atacado en la mañana del jueves en Kiev.

“La táctica de Putin consiste en escalar el conflicto tanto como sea posible, y lo hará. Y a medida que se acerquen las elecciones de mitad de mandato de Trump, lo hará cada vez más”, vaticina refiriéndose a los comicios en los que se reeligen la Cámara de Representantes y un tercio del Senado, que tendrán lugar el 3 de noviembre en Estados Unidos y que servirán para calibrar los apoyos con los que cuenta el presidente Donald Trump.

El dirigente ucranio enlaza lo que ocurre en Kiev estos días —que sufre entre 300 y 500 ataques diarios, sin importar la hora— con las próximas elecciones en Estados Unidos. “Recuerde que en 2022 ese era su objetivo: lograr que la gente dejara la capital para demostrar que, si no tienes la capital, no tienes país” pero “nuestro país es más que la capital y la capital sigue siendo fuerte”, agrega rodeado de su equipo de seguridad en una ciudad en las que las alarmas suenan machaconamente para advertir a la población de ataques. Además de alcanzar el centro educativo, los rusos logran que uno de sus drones impacte también contra uno de los puentes sobre el río Dniéper mientras lo cruza un convoy del metro.

El presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, durante su visita al colegio de Kiev bombardeado por Rusia este jueves, en una fotografía proporcionada por la presidencia de Ucrania.

Presidencia de Ucrania
“No son objetivos militares ni se encuentran en la línea del frente”, incide Zelenski. “Atacan para paralizar la ciudad e impedir que la gente acuda a la escuela o al trabajo, ya que sus hijos no pueden asistir a clases ni a las guarderías debido a todos estos ataques”, argumenta el presidente en el patio escolar, a una veintena de metros de la fachada que ha recibido el impacto del dron.

“Buscan empujar a Ucrania al caos y, claro que es comprensible que la gente se desmoralice”, defiende en tono serio. Lo primero que enumera el mandatario entre los objetivos que busca el enemigo es la logística, con algo tan esencial como la comida o los suministros para los hospitales. También la agricultura, pues Ucrania está considerada uno de los graneros del mundo, y cierra con las instalaciones educativas. Todo, para “simplemente destruir la posibilidad de que la gente viva”.

Instantes antes de que el mandatario aparezca en el colegio, donde las clases ya han comenzado cuando se produce el ataque, las sirenas suenan de nuevo. No lejos del centro educativo, se observan en el cielo las estelas de humo mientras se escuchan las explosiones de las defensas antiaéreas locales. Nadie se mueve entre la comitiva del colegio que espera y la agenda prevista se mantiene. Entre los hombres que acompañan al presidente, hay uno que no deja de otear el cielo con unos prismáticos en todas direcciones. El protocolo bien aprendido lleva a trasladar a los alumnos al búnker y, pese a los daños, no hay víctimas.

Valentín, un estudiante de 14 años, merodea cerca de los columpios y agradece haberse quedado dormido y no haber ido a clase. “Esa planta es la biblioteca, la de abajo el aula de informática…”, explican mientras señala con la mano las alturas del edificio en las que el fuego y la onda expansiva han dejado su huella.

“El mundo puede confiar en los mensajes del Kremlin y en que Putin intensificará sus acciones a medida que se acerquen las elecciones para demostrar su fortaleza”, comenta Zelenski refiriéndose. Rusia “no teme a los europeos ni se ve afectado por las sanciones y, por supuesto, dirige sus mensajes principalmente a Estados Unidos”, agrega. Al mismo tiempo, recuerda sus conversaciones con el equipo negociador de Trump, liderado por Jared Kushner y Steve Witkoff, que visitaron Kiev el 6 de septiembre. “Les advertí que verían, especialmente tras las elecciones, ataques masivos que afectarían directamente a la población civil”, señala el presidente a modo de premonición. En todo caso, el jefe del Ejecutivo ucranio sigue confiando en el papel que pueda jugar Trump a la hora de poner fin a la invasión, pese a los encontronazos que ambos han vivido.

Más allá del papel de Washington, no pocas veces alineado con Moscú, Zelenski señala a algunos de los que, para él son hoy los aliados que arropan a Putin. “China, India y otros países son realmente útiles para que él pueda eludir las sanciones” y “también ayudan con maquinaria”, además de “los iraníes” que ofrecen su “experiencia bélica con drones”. Teherán, valora el mandatario ucranio, está en el origen de gran parte del poderío logrado en la actual guerra por Moscú.

Pese a todo, el presidente ucranio defiende la revolución armamentística y de la industria de Defensa que está permitiendo a su país hacer frente a uno de las primeras potencias militares y económicas del planeta. “Nos enfrentamos a ataques masivos que resultan muy difíciles de repeler, pero logramos vencer y contamos con una gran capacidad de producción interna de drones defensivos y de otros sistemas”, explica. Pero, a continuación, recuerda el gran agujero defensivo que supone el no contar con el armamento necesario para hacer frente a los misiles balísticos, que, según estadísticas de este año, alcanzan su objetico en más del 90% de las ocasiones.

Volodímir Zelenski no se cansa de repetir que van a seguir buscando fondos adicionales para tratar de afrontar las carencias armamentísticas internas. Y han de hacerlo, recalca, ante la naturaleza cambiante de un conflicto, especialmente por la evolución de armamento y tácticas, que poco tiene que ver con el que se desató con la gran invasión que el próximo febrero cumplirá cinco años. Pero sea cuanto sea lo que obtengan, “no será suficiente”, repite.