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DURANGO, Dgo.— La presión económica en Durango dejó de expresarse en indicadores aislados y comenzó a reflejarse como un mismo fenómeno. Durante los últimos días coincidieron el incremento de 43 pesos en la canasta básica, el reconocimiento de que el 55 por ciento de las unidades económicas opera ya en la informalidad y la propuesta de crear incentivos fiscales para contener el cierre de negocios en el Centro Histórico. Juntos, estos datos muestran que producir, vender y consumir en Durango resulta cada vez más costoso.

El primer impacto aparece en los hogares. De acuerdo con el seguimiento realizado por organismos empresariales, el costo de la canasta básica aumentó durante el primer semestre del año, obligando a muchas familias a destinar una mayor parte de sus ingresos a la compra de alimentos y productos esenciales. Aunque el incremento pueda parecer moderado en términos absolutos, su efecto se acumula sobre una economía familiar que desde hace meses enfrenta una pérdida gradual de poder adquisitivo.

La misma presión comienza a trasladarse al aparato productivo. La Cámara Nacional de Comercio advirtió que 55 de cada 100 unidades económicas operan ya en la informalidad, una proporción que atribuye al incremento de las obligaciones fiscales, los costos laborales y la disminución en la rentabilidad de miles de pequeños establecimientos. Para el organismo empresarial, mantenerse dentro de la formalidad representa un desafío creciente para numerosos negocios.

Las consecuencias ya son visibles en el comercio establecido. Empresarios y autoridades analizan la posibilidad de establecer incentivos fiscales para propietarios de locales del Centro Histórico con el propósito de frenar el cierre de establecimientos y moderar el impacto de las rentas comerciales. La sola discusión de estas medidas refleja que el problema dejó de ser exclusivo del mercado y comienza a demandar respuestas desde la política pública.

A este escenario se suma la incertidumbre que enfrentan sectores estratégicos como la ganadería, donde los casos activos de gusano barrenador mantienen restricciones y costos adicionales para los productores. Aunque se trata de un problema sanitario, sus efectos también repercuten sobre la actividad económica de diversas regiones del estado.

Más que hechos independientes, estos indicadores forman parte de un mismo proceso. Primero aumenta el costo de la vida; después se reduce la capacidad de compra; enseguida disminuye la rentabilidad de los negocios y finalmente crece la informalidad como mecanismo de supervivencia. Durango no enfrenta todavía una crisis declarada, pero los datos oficiales y las señales del mercado comienzan a coincidir en un mismo diagnóstico: la economía cotidiana entra en una etapa de mayor presión para las familias, los comerciantes y los sectores productivos.