La globalización económica a través de la integración de mercados no fue un invento del GATT, sino producto de un operativo económico-ideológico del presidente Ronald Reagan en consonancia con el ciclo neoliberal que comenzó con su presidencia en 1981, pero articulado al proyecto formal de la dominancia del mercado que arrancó a nivel internacional con el gobierno de Margaret Thatcher en 1979 en Gran Bretaña.
México inició su incorporación al mercado internacional subordinado al comenzar el gobierno del presidente Miguel de la Madrid Hurtado en diciembre de 1982, acicateado bastante por el colapso que dejó la administración de José López Portillo en materia de inflación, devaluación, endeudamiento con la banca privada y sin reservas internacionales en el Banco de México, además de que había roto con el equilibrio Estado-mercado con la expropiación de la banca privada mexicana.
De la Madrid y su principal colaborador Carlos Salinas de Gortari habían anunciado en 1980 el fin del modelo de desarrollo del proceso histórico de la Revolución Mexicana y plantearon un esquema de crecimiento económico basado en el sector privado y el acotamiento constitucional del Estado. Detrás de esa decisión estuvo un compromiso formal de México con el Fondo Monetario Internacional con una Carta de Intención de Política Económica del 10 de noviembre de 1982, 20 días antes de jurar el cargo, y en cuya negociación los técnicos del organismo internacional obligaron a México a optar por la globalización de los mercados que López Portillo había repudiado el 18 de marzo de 1980 al negarse a incorporar a México al Acuerdo General de Aranceles y Comercio (GATT).
El ingreso de México al GATT fue el paso previo al Tratado de Comercio Libre de 1993. El compromiso FMI-México fue el inicio formal de la globalización neoliberal de México. La Carta de México con el Fondo del 10 de noviembre de 1982 prometía concretamente subordinar a México:
26.- En las distintas fases del programa se harán las revisiones requeridas para racionalizar el sistema de protección, incluyendo la estructura arancelaria, los incentivos a la exportación y el requisito de permiso previo para importar. La revisión, cuyos resultados serán objeto de consulta, tendrá como propósito reducir el grado de protección para lograr una mayor eficiencia en el proceso productivo a efecto de proteger el interés de los consumidores, de mantener el empleo, de fomentar las exportaciones de bienes y servicios y de evitar utilidades excesivas por las ventajas oligopólicas que deriven del sistema de protección. Al mismo tiempo, la revisión de la política de protección tomará en cuenta las prácticas indebidas de competencia comercial que se originen en políticas de dumping de otros países Exportadores. En el marco de la política de racionalización al sistema de protección se propiciará una mayor integración del aparato industrial mexicano con el fin de hacerlo más eficiente”.
Con este párrafo comprometido bajo la coacción de la crisis y el apoyo obligatorio del Fondo para obtener avales a créditos internacionales, el equipo del presidente De la Madrid y su sucesor Salinas de Gortari encontraron la justificación para iniciar desde entonces el largo y sinuoso camino de México a un tratado de integración de cadenas productivas sobre todo con Estados Unidos –Canadá ha sido irrelevante en el T-MEC–, pero hay que subrayar que detrás de la Carta de Intención con el FMI estuvo la subordinación consciente de México a través de De la Madrid-Salinas a los intereses de geopolíticos y de modelo económico neoliberal del proyecto Reagan-Thatcher de un nuevo ciclo internacional de economía neoliberal de mercado.
López Portillo había negado la afiliación de México al GATT con argumentación de que no correspondían los intereses de este organismo geopolítico con los objetivos mexicanos de desarrollo. El argumento central estuvo en el hecho de que en México había irrumpido de manera decisiva en el mercado de productores de petróleo y el GATT reflejaba los intereses de Estados Unidos de convertir esos recursos mexicanos en parte de la reserva geoestratégica de Washington para romper el bloque de productores que irrumpieron en 1973 a través De la OPEP para que el los precios del energético respondieran a los intereses de los productores y no a las necesidades de los grandes consumidores.
El 25 de noviembre de 1985, el presidente de la Madrid inició los trámites para incorporar a México al GATT y el proceso se formalizó el 24 de julio del año siguiente, justamente bajo las tremendas presiones de Estados Unidos en 1985-1986 por el caso del secuestro y asesinato del agente antinarcóticos Enrique Camarena Salazar, pero con el objetivo de someter a México a los intereses geopolíticos de EU. El acuerdo apaciguó el intervencionismo de Reagan en México.
Con el ingreso de México al GATT en 1986 se inició el ciclo de la integración subordinada de México a Estados Unidos que terminará en 2036, justo con una duración de medio siglo.
Política para dummies: la política es la secuencia de la política como decisión de Estado.
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