DURANGO, DGO. — El arte volvió a respirar entre flores de cempasúchil, veladoras encendidas y tapetes de aserrín durante la celebración del “Xantolo 2025”, donde el protagonista no fue un personaje ficticio ni una calaverita literaria, sino un hombre real que dejó su huella en piedra y memoria: Benigno Montoya Muñoz, el escultor y canterista que convirtió el mármol en emoción y la cantera en eternidad.

En el centro del altar principal, entre cruces talladas, fotografías antiguas y el aroma del copal, los alumnos de la Escuela Primaria Ricardo Castro rindieron homenaje al maestro de la piedra que dio forma a los ángeles del Panteón de Oriente —hoy convertido en el Museo de Arte Funerario Benigno Montoya—.

Su espíritu, cuentan las docentes Lupita Cortez (2° A) y Nelly Díaz (2° B), fue el invitado de honor en esta fiesta de Todos los Santos.

El altar, elaborado con esmero por la comunidad escolar, combinó tradición y homenaje: flores anaranjadas formando un arco, pan de muerto sobre mantel bordado, velas que parecían delinear los contornos de una escultura invisible. A un costado, una pequeña placa recordaba su legado: “Durango lo adoptó, la cantera lo inmortalizó.”

El eco de las danzas Xantolo, los sones huastecos y las calaveritas literarias tejieron el ambiente perfecto para recordar que la muerte no es ausencia, sino presencia transformada.

Así, mientras los maestros danzaban representando al vaquero, al diablo y a la muerte, y los niños y niñas interpretaban diversos sones huastecos propios del Xantolo, el alma de Benigno Montoya parecía mirar desde algún rincón, satisfecho de ver que su arte —ese que nació entre martillo y cincel— hoy se celebra con música, color y vida.

En esta edición del Xantolo, Durango no solo recordó a sus muertos: revivió su historia, rindió culto al talento local y enseñó que las ofrendas más sinceras no siempre son de papel picado, sino de gratitud y memoria.

La muerte no apaga el arte.
Cada flor, cada vela y cada cincel cuentan la historia del hombre que hizo hablar a la cantera.
Hoy su espíritu vuelve entre colores y cantos del Xantolo 2025.

Durango recordó a su escultor eterno: Benigno Montoya, quien talló la fe, el arte y la muerte con la misma ternura del que entiende la vida.
En su altar, las flores parecían hablarle, las velas lo esperaban… y la cantera respiró memoria.