Una laboratorista toma el reactivo para una prueba de detección de viruela del mono. RUNGROJ YONGRIT (EFE)

Brasil es el país de Latinoamérica con más casos de la viruela del mono. Según los datos más recientes del Ministerio de Salud, actualizados el viernes, hay 2.584 casos confirmados. El primero se detectó el 8 de junio y de momento sólo hubo un fallecido, un hombre de 41 años que estaba tratándose un cáncer con quimioterapia en la ciudad de Belo Horizonte. La mayoría de casos, insisten las autoridades, son leves y no deben generar pánico social.

Esta semana, el ministerio elevó la alerta al tercer nivel, el último paso antes de declarar una emergencia de salud pública de ámbito nacional, como acabó ocurriendo con la pandemia del covid-19. El nivel de alerta actual se da porque hay transmisión comunitaria de casos, no hay medicamentos para tratar la enfermedad ni para prevenirla y porque el impacto en las diferentes esferas de gestión del sistema de salud pública exige una amplia respuesta gubernamental. “Es una situación de excepcional gravedad”, apunta el documento interno del ministerio publicado hace unos días.

De momento, el gobierno brasileño negocia con la Organización Panamericana de la Salud (OPS) la compra de 50.000 dosis de la vacuna elaborada por un laboratorio danés. Según el ministro de Salud, Marcelo Queiroga, las primeras dosis podrían llegar en septiembre y se destinarán íntegramente a profesionales de la salud que manipulan las muestras de los pacientes y a personas con contacto directo con enfermos. Una campaña masiva de vacunación, como se hizo con el covid-19, está descartada. En parte porque no hay vacunas para todos, ni en Brasil ni en el resto del mundo. En 1980, con la erradicación de la viruela decretada por la Organización Mundial de la Salud (OMS), dejaron de producirse.

“Que no haya vacunas suficientes no es culpa de nadie, no es que no se esté negociando o que no se quiera comprar, es que no hay”, explica en conversación telefónica el secretario de Ciencia, Investigación y Desarrollo en Salud del gobierno del estado de São Paulo, David Uip. En contraste con la desastrosa gestión de la pandemia del covid-19 por parte del gobierno Bolsonaro, marcada por la descoordinación y la falta de interés en las vacunas, esta vez parece haber más sintonía entre São Paulo y el gobierno central. “Estamos muy bien conectados, hablamos prácticamente todos los días”, asegura el infectólogo.

El estado de São Paulo es el más afectado por la enfermedad (según el último balance, hay 1.820 casos) y el que tuvo una respuesta más firme. Esta semana, lanzó un plan que incluye 93 hospitales de retaguardia, la formación de más de 3.000 profesionales de la salud y un servicio 24 horas para resolver dudas sobre diagnóstico y manejo clínico de los pacientes con la viruela del mono.

Además, el Instituto Butantan de São Paulo creó un comité para empezar a trabajar en una vacuna contra la enfermedad. La Fundación Oswaldo Cruz de Río de Janeiro también dice tener capacidad para producir la vacuna en caso de que sea definida como estratégica por el Ministerio de Salud. Las dos son instituciones públicas punteras, están entre los mayores fabricantes de vacunas de Latinoamérica y en los últimos meses de sus instalaciones salieron decenas de millones de vacunas contra el covid-19.

Pero a falta de vacunas, de momento lo que queda es centrarse en la concienciación, resalta Uip. El prestigioso infectólogo recuerda que la enfermedad a priori tiene unos síntomas muy genéricos (fiebre, dolor de cabeza, ganglios inflamados…) pero que empieza a ser más elocuente cuando aparecen las marcas en la piel. Se está trabajando en campañas de concienciación, pero no es fácil llevarlas a cabo. El motivo es cuanto menos curioso: Brasil está a las puertas de las elecciones de octubre y la ley electoral impide desde el pasado 2 de julio hacer publicidad institucional. “Estamos intentando conversar con los tribunales electorales, porque hay una urgencia en salud, concienciar es fundamental”, apunta Uip.

En su opinión, el principal desafío es comunicar con transparencia, pero sin estigmatizar a sectores de la población. Por el momento, la gran mayoría de casos de la viruela del mono se da en hombres que practican sexo con hombres, pero el secretario de Ciencia pide no señalar a los hombres gays, sobre todo porque las circunstancias pueden cambiar en breve. Toda la población está expuesta. La viruela del mono no es una enfermedad de transmisión sexual, se contagia por el contacto piel con piel. “No podemos volver a equivocarnos”, dice, en referencia al estigma que sufrió este colectivo décadas atrás con el VIH.

El presidente Jair Bolsonaro, en cambio, dedicó su única referencia a la enfermedad hasta el momento a hacer una broma de carácter homófobo. Durante una larga conversación en un podcast, se burló del presentador cuando éste dijo que si pudiera de vacunaría, insinuando que sería gay. Dos concejalas trans del izquierdista Partido Socialismo y Libertad (PSOL), Erika Hilton y Natasha Ferreira, denunciaron a Bolsonaro ante la Fiscalía por homofobia. “Ningún tipo de estigma negativo y violencia, desde el más sutil al más explícito, puede quedar impune”, decía Hilton en declaraciones al diario Estado de São Paulo.

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