Un militante talibán hacía guardia ante el edificio que albergaba el templo sij de Kabul en el que supuestos integrantes del Estado Islámico irrumpieron el sábado con metralletas y granadas de mano. Al menos una persona murió en el ataque. SAHEL ARMAN (AFP)

Al menos dos personas murieron y otras 28 resultaron heridas, entre ellas cinco miembros de las fuerzas de seguridad de los talibanes, en un atentado este lunes con un artefacto explosivo adherido a un vehículo en el este de Afganistán. La explosión se produjo cuando el vehículo, donde iban autoridades del régimen talibán, circulaba cerca de un mercado en Shirgar, en el distrito de Ghani Khil, según afirmó Hafiz Abdul Basir Zabuli, portavoz de la Policía de la provincia de Nangarhar, donde ocurrió el suceso.

La Misión de Asistencia de las Naciones Unidas de la ONU en Afganistán (UNAMA, en sus siglas en inglés), condenó el ataque, el tercero en el país desde el pasado viernes. También publicaron un mensaje su cuenta de Twitter: “Los continuos ataques dirigidos contra los civiles en todo Afganistán deben cesar inmediatamente”.

Quriashi Badloun, jefe de medios de comunicación e información del régimen talibán en Nangarhar, confirmó que se había producido una explosión, pero dijo que el objetivo del ataque aún no estaba claro. En un primer momento, este portavoz confirmó una decena de heridos, una cifra elevada después por la Policía de Nangarhar.

Por el momento, ningún grupo armado se ha atribuido el ataque, aunque Nangarhar ha sido habitualmente reconocido como el principal bastión en Afganistán del grupo yihadista Estado Islámico, que se ha erigido como la principal amenaza a la estabilidad del país tras el regreso al poder de los talibanes.

Desde que tomaron el poder en agosto de 2021, los talibanes sostienen que la seguridad en el país ha mejorado y que su Administración ha puesto al país al resguardo de las amenazas de grupos yihadistas. Sin embargo, funcionarios y analistas internacionales afirman que el riesgo de un rebrote de la actividad insurgente sigue existiendo. La rama local del Estado Islámico ha reivindicado diversos atentados en los últimos meses, entre ellos el dirigido contra un templo de la minoría de origen hindú sij, el pasado sábado en la capital, Kabul. De acuerdo con las autoridades afganas, al menos dos personas murieron y siete resultaron heridas en el ataque.

En uno de sus canales de Telegram, la rama local yihadista del Estado Islámico (ISKP, en sus siglas en inglés) definió ese atentado como una respuesta a los insultos dirigidos al profeta Mahoma, en lo que parece aludir a unos comentarios ofensivos realizados a principios de mes por dos miembros del partido nacionalista hindú BJP, actualmente en el Gobierno de la India, que han suscitado la condena de varios países islámicos.

La organización terrorista afirmó que el ataque contra el templo sij corrió a cargo de un kamikaze que irrumpió en el lugar de culto el sábado por la mañana tras matar al guardián, armado con una ametralladora y granadas de mano. Naciones Unidas considera que el suceso se enmarca en una serie de atentados que han tenido como objetivo las minorías religiosas en Afganistán. La misión de Naciones Unidas pidió protección para todas las minorías en un comunicado divulgado el mismo día del atentado.

Un día antes, otra explosión tuvo lugar en una mezquita sufí de la ciudad norteña de Kunduz. En ese atentado falleció una persona y dos resultaron heridas, informó el régimen de los talibanes. El Estado Islámico considera a los talibanes como herejes y les acusa de haberse apartado de la ortodoxia de la sharia o ley islámica, y defienden una interpretación aún más rigorista de la religión musulmana.

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