Helena Monzón, hermana de la activista asesinada Cecilia Monzón, durante una rueda de prensa en Puebla, México, el 24 de mayo de 2022. HILDA RÍOS (EFE)

Helena Monzón lleva cinco días sumida en una pesadilla. Le acaban de matar a su hermana mayor, Cecilia Monzón, una prominente abogada conocida en Puebla por su trabajo a favor de los derechos de las mujeres. Hace solo cinco días, la hermana pequeña veía la final de la Champions femenina en Turín (Italia) que enfrentó al Barcelona y al Lyon. El hecho de estar ahí, en el estadio, en un partido jugado por mujeres, le llenaba de orgullo y le recordaba a su hermana. Ella, cuatro años mayor aunque acababa de cumplir 38, siempre la defendía cuando de chiquita le llamaban “marimacho” por querer jugar fútbol. “Desde siempre fue así, defendía la igualdad”, dice Monzón, de 33 años.

Pulsó el botón de llamada en el chat familiar, pero Cecilia no contestó. Helena piensa que ese fue el mismo momento en el que dos sicarios a bordo de una motocicleta asesinaron a su hermana en Cholula, Puebla, a plena luz del día. No importó que hubiera testigos y cámaras. Monzón murió baleada en su coche mientras los asesinos se daban a la fuga. Aún no hay detenidos.

Cuando la hermana pequeña se enteró de lo que le había pasado a la hermana mayor dice que apretó los dientes, se tiró al suelo y le invadió el silencio, como un golpe que te deja atontada. Después de un viaje a la carrera junto a sus padres y más familiares, llegó a Puebla para el funeral de su hermana y para encargarse de su sobrino, un niño de cuatro años que acaba de quedarse huérfano y al que cariñosamente llama “el peque”. “Ayer tuve que decirle que su mamá había muerto. Él también es una víctima de esto”, asegura. Esa es otra de las luchas que tiene ahora. Monzón quiere hacerse cargo de su sobrino y llevárselo a España, país donde reside. “Si me mantengo en pie es porque tengo la esperanza de poder dejar esto medio encauzado [la investigación del feminicidio], salir de aquí con ese pequeño y darle la vida que se merece”.

A medida que pasan estos días desoladores y fríos, Helena Monzón ha sido testigo de cómo evoluciona el caso de su hermana que ha escalado hasta las más altas esferas no solo del Gobierno del Estado, si no del Gobierno Federal que encabeza Andrés Manuel López Obrador.

La mujer, que también es abogada, se ha mantenido firme en exigir un pronto esclarecimiento del feminicidio y en respetar el actuar de la Fiscalía local. Guarda silencio sobre cualquier detalle que pueda afectar al caso. “Hemos tenido una reunión con la Unidad de Investigación de Feminicidios y hablamos con el Fiscal General”, señala. La cara visible de la familia en estos momentos dice que la confianza no admite grados “se da o no se da”, repite en varias ocasiones. “Si veo que algo no está funcionando en esa Fiscalía, lo denunciaré igual que lo denunciaba mi hermana. Mientras tanto, estoy dando una oportunidad bastante generosa de que hagan su trabajo”. Actualmente la fiscalía está analizando el teléfono móvil de la activista por si pudiera arrojar algún dato de valor.

Pese a vivir lejos, las dos mujeres tenían una gran relación. Acababan de pasar unas semanas juntas entre Londres y Barcelona. “Ella era mi motor”, dice Helena con profundo dolor y hace una pausa que duele al otro lado del teléfono. Su hermana se quejaba a diario del machismo y la inacción que impregna a las autoridades y la impartición de justicia en México. “Me explicó cómo funcionaba su trabajo, cómo funcionaba el ejercicio del derecho en el país. Entonces, afortunadamente, eso me da instinto para entender de qué va esto”, dice convencida.

Cecilia Monzón había recibido amenazas de muerte en varias ocasiones y había solicitado protección a las autoridades. Estas nunca se la otorgaron. Sus denuncias de violencia machista y violencia política de género la colocaron en el punto de mira del poder, del machismo y del patriarcado en Puebla. Es por ello que todavía existen muchos frentes abiertos en el caso y las autoridades no descartan ninguna línea de investigación. Helena Monzón, tampoco. La hermana mayor había denunciado al padre de su hijo, el político priista Javier López Zavala, secretario de Gobernación durante el gobierno de Mario Marín, entre 2005 y 2011, por abandono e impago de la pensión alimenticia; al líder del PRI Jorge Estefan Chidiac, por falsificar su firma en el proceso electoral; al empresario y político poblano Manlio López Contreras por violencia política de género; al exdiputado local José Juan Espinosa por acoso y al alcalde de Cholula Luis Alberto Arriaga, por violencia política de género y despido improcedente.

Este jueves el subsecretario de Seguridad federal, Ricardo Mejía, ha declarado que las autoridades cuentan con “elementos muy sólidos” para la judicialización en contra de los responsables del feminicidio. En un país con un 95% de impunidad y con más de diez mujeres asesinadas cada día, es difícil atrapar a los autores materiales de un delito y más difícil aún es encontrar a los que pagaron porque se disparara esa bala. Los autores intelectuales. Cinco días después del ataque la hermana de Cecilia Monzón no tiene duda de que el asesinato fue un encargo. “No fue un asalto, le dispararon por la espalda. Mi hermana vio que le estaban disparando e hizo un giro, es decir, todo fue muy rápido, pero notó que algo pasaba”, explica.

Ambas mujeres tienen doble nacionalidad. Mexicana, por parte de madre y española, por parte de padre. El Gobierno de España ha condenado el asesinato y ha reconocido la valentía y el compromiso de Monzón como defensora de las mujeres, mientras que la embajada española brinda apoyo y acompañamiento a la familia. “Me han hecho sentir una ciudadana protegida, a pesar de que sé que estoy expuesta cada vez que hablo, y sé que han tenido contacto con las autoridades para saber cómo va la investigación”, dice la abogada. La representación de la Unión Europea en el país y la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos de la ONU también se han pronunciado al respecto: “La muerte de la señora Monzón demuestra una vez más el preocupante grado de violencia e intimidación al que se enfrentan muchas personas defensoras de derechos humanos en México”, han declarado en un comunicado.

Al apoyo internacional se suman las muestras de cariño del gremio de la abogacía, grupos feministas y personas que conocieron a Cecilia Monzón por su trayectoria como política y como defensora de las mujeres. Puebla es el sexto Estado del país con más llamadas de auxilio por violencia machista, de acuerdo a cifras oficiales, y ocupa el número 11 en número de feminicidios, con un total de siete casos registrados en lo que va de año. Entre enero y marzo de este año se contabilizaron 1.094 llamadas al 911 en el Estado por violencia machista e intrafamiliar.

Una semana antes de morir Monzón escribió desde su cuenta de Twitter un mensaje. “[Los desaparecidos y desaparecidas] no son mediáticos, [sus madres] no son famosas, sus hijos no lo fueron, así que se van al archivo. Se siente espantoso cuando ves pasar esas marchas o cuando las acompañas, ojalá y el Estado pudiera ser más empático”. Ahora esas palabras planean sobre el caso de Cecilia Monzón, como si fueran una premonición. “El silencio mató a mi hermana y mata a las mujeres mexicanas. No necesitamos un minuto de silencio, necesitamos hacer ruido, el ruido que hacía Cecilia”, dice su hermana.

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