Una escuela afectada por el impacto de un proyectil, en la región de Lugansk. Foto: DIEGO HERRERA (EL PAÍS)

El Gobierno ucranio y los separatistas prorrusos respaldados por Moscú han intercambiado este jueves acusaciones de ataques a lo largo de la línea del frente en el Donbás, en días clave en la crisis ucrania. Proyectiles de artillería han alcanzado esta mañana una guardería en la ciudad de Stanytsia Luganska, en la parte de la región de Lugansk controlada por el Gobierno de Ucrania, e hirieron a tres civiles, según el Ejército ucranio, que reportó que otra veintena de lugares en la zona de contacto fueron objeto de disparos. A su vez, líderes de las regiones secesionistas de Donetsk y Lugansk denunciaron ataques de las fuerzas ucranias mientras el Kremlin, que pese a las evidencias de apoyo político y militar a los separatistas insiste en que el conflicto es una “guerra civil”, culpó al Ejecutivo ucranio de la escalada. El secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, se mostró preocupado por el recrudecimiento de la tensión. Este miércoles era el día al que la inteligencia occidental apuntaba como la posible fecha para una invasión rusa.

Los ataques no son algo inhabitual en una guerra que va a cumplir ocho años, pese a los acuerdos de alto el fuego, que se rompen constantemente, según los informes de la misión de observación de la OSCE en la zona. Sin embargo, el incidente de este jueves añade más tensión a un conflicto que desde que cesaron los combates encarnizados que dejaron una línea en el frente que apenas ha variado, lleva mucho tiempo cociéndose a fuego lento y en el que una pequeña espita puede derivar en un recrudecimiento de los enfrentamientos.

Moscú lleva semanas hablando de que teme “provocaciones” en la zona y asegurando que Kiev se prepara para lanzar una ataque para recuperar el control de todo el Donbás. Ucrania, Estados Unidos y la OTAN sospechan sin embargo de que Rusia podría tener en la recámara una operación de falsa bandera para tomar como argumento de intervención en Donetsk y Lugansk, donde ha repartido alrededor de un millón de pasaportes rusos, según estimaciones de altos funcionarios.

El ataque de artillería contra Stanytsia Lugansk, que también cortó la electricidad y provocó la evacuación de los vecinos a los sótanos de la ciudad para refugiarse, se produce en una zona muy cercana al frente y también próxima a la frontera con Rusia, donde Moscú, pese a los anuncios de repliegue continúa con una gran acumulación de tropas, según Occidente.

El ministro de Exteriores ucranio, Dmytro Kuleba, culpó a Rusia de una “grave violación” del débil alto el fuego en el Donbás, y el presidente Volodímir Zelenski aseguró que el ataque es una “provocación”. El líder ucranio señaló la importancia de que los diplomáticos y la OSCE permanezcan en la zona. “Necesitamos un mecanismo eficaz para registrar todas las violaciones del alto el fuego”, dijo en las redes sociales. En los últimos días, varias embajadas occidentales importantes han cerrado sus puertas en Kiev y han evacuado a su personal, ante el temor de que Rusia lanzase una agresión militar a gran escala, como alertaba la inteligencia de Estados Unidos. Además, Washington y Londres han retirado a sus ciudadanos de la misión de la OSCE.

En medio de la escalada militar de Rusia, que además de la concentración de tropas a lo largo de las fronteras con Ucrania desarrolla maniobras conjuntas en Bielorrusia, el incidente de este jueves en el Donbás preocupa en Occidente. El secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, se mostró preocupado por las informaciones de bombardeos, ya que la Alianza Atlántica ha alertado antes de los posibles planes de Rusia “de montar un pretexto, una operación de bandera falsa, para proporcionar una excusa para invadir Ucrania”.

El alto representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores, Josep Borrell, ha asegurado este jueves que “ha empezado el bombardeo en algunas partes de la frontera” del este de Ucrania, pero ha manifestado que los países de la UE no aprobarán las sanciones contra Rusia hasta que “el nivel de intensidad de la agresión lo requiera”. “Hemos tenido noticias sobre una retirada de tropas [rusas], pero no hay evidencia de eso”, ha dicho Borrell tras una reunión de los jefes de Estado y de Gobierno de la UE para tratar la tensión en torno a Ucrania, en la que no adoptaron ninguna decisión.

“De lo que tenemos evidencia y estamos muy preocupados es sobre el aumento de los combates y fuertes bombardeos en algunas partes de la frontera, exactamente la parte que yo visité a principios de enero”, ha dicho Borrell. El jefe de la diplomacia europea ha apuntado también que “en las últimas horas” han notado “mucha desinformación por parte de Rusia para crear una atmósfera de ataques contra rusos en esta parte de Ucrania”.

En Moscú, el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, dijo que al Gobierno le inquieta profundamente “un intercambio de ataques en curso” en el frente y que “el primer ataque provino del lado ucraniano”. “Hemos advertido muchas veces que la concentración excesiva de las fuerzas armadas de Ucrania junto a la línea de contacto, junto con la posibilidad de provocaciones, podría ser altamente peligrosa. Y ahora podemos ver que están ocurriendo estas provocaciones”, dijo Peskov en una rueda de prensa telefónica.