Pedro Sánchez, presidente de España, camina junto a Andrés Manuel López Obrador, en Palacio Nacional, en enero de 2019.MANUEL VELASQUEZ / GETTY IMAGES

España será la gran ausente en los actos conmemorativos de los 200 años de la independencia de México. El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, no acudirá porque “no se ha recibido invitación”, según fuentes de su departamento. La antecesora de Albares, Arancha González Laya, se mostró dispuesta a viajar a México en el marco de la celebración del Bicentenario, este lunes, una fecha menos conflictiva para España que el 500 aniversario de la caída de Tenochtitlan, aunque la visita no llegó a concretarse. En el acto estará presente el embajador de España en México, Juan López-Dóriga. EL PAÍS solicitó al Gobierno mexicano la lista de los invitados a la jornada y de los asistentes confirmados, pero la Secretaría de Relaciones Exteriores no ha proporcionado esa información. El hecho de que ningún representante español de alto nivel acuda a los actos del bicentenario de México muestra la frialdad que preside las relaciones entre el Gobierno de Pedro Sánchez y el de Andrés Manuel López Obrador. El propio presidente mexicano reconocía recientemente que las relaciones entre ambos países no están “tan bien” como quisiera y se habían producido malentendidos. Sin embargo, la fluidez de los vínculos diplomáticos nunca se ha visto perjudicada, en todo lo esencial, por los desencuentros sobre la conquista.

Con la conmemoración de la independencia culmina una serie de eventos a los que el Gobierno del país norteamericano, en línea con su proyecto político, quiso dar una carga de reivindicación histórica. De los siete siglos de la fundación de Tenochtitlan a los 500 años de la caída de la capital de la civilización azteca, López Obrador habló de pasado y al mismo tiempo de presente, con un reclamo como trasfondo: esto es, que España ofrezca disculpas por los desmanes de la conquista. Este lunes se inaugura una exposición sobre “la grandeza de México” en el Museo de Antropología y en la sede de la Secretaría de Educación Pública y por la noche está prevista una escenificación de la entrada del Ejército Trigarante en la Ciudad de México. Con todo, el mandatario ha asegurado que intenta ahora rebajar las tensiones relacionadas con ese episodio y acaba de nombrar a un nuevo embajador en Madrid, un veterano dirigente priista, a quien encomendó “restaurar” las relaciones.

“Planteamos a la Monarquía que se disculpara [por la conquista del Imperio azteca] y se sintieron ofendidos”, ha manifestado el presidente. La petición, formulada inicialmente en 2019, a los pocos meses de asumir el cargo, a través de una carta a Felipe VI enviada también al papa Francisco, se ha jugado en más el terreno del discurso político interno que en el de la diplomacia. El Ejecutivo de Sánchez, del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), declinó escenificar un perdón público, tratando siempre de evitar la polémica para no convertir ese emplazamiento en motivo de confrontación. Al mismo tiempo, López Obrador se ha referido en múltiples ocasiones a la actitud de Madrid, rechazándola, calificándola de “soberbia” y mezclándola con los intereses económicos de las empresas.

El presidente mexicano nunca ha aparcado sus exigencias, pero en los últimos meses ha evitado profundizar las fricciones. En septiembre anunció el nombramiento de un nuevo embajador, Quirino Ordaz Coppel, gobernador saliente del Estado de Sinaloa y político del Partido Revolucionario Institucional (PRI), opositor a su Ejecutivo. Le encargó, según dijo, “restablecer por completo y en muy buenos términos las relaciones con España, que son de todo tipo, principalmente de amistad con el pueblo español”. Más tarde agregó: “Es sabido que no son buenas las relaciones, estamos procurando que se mejoren y consideramos que va a ayudar mucho Quirino Ordaz con este propósito”.

La ausencia de España es, en cualquier caso, significativa y se suma a la suspensión de la llamada Comisión Binacional –es decir, una reunión con varios ministros de ambos Gobiernos—que se barajó al comienzo del mandato. Los últimos encuentros celebrados en el marco de este instrumento de cooperación bilateral, inaugurado en 1977, se remontan a las anteriores Administraciones de Enrique Peña Nieto (PRI) y Felipe Calderón (PAN). Bajo el mandato de este último, en septiembre 2010 y con ocasión de los actos conmemorativos del inicio de la independencia, el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero envió al secretario de Estado para Iberoamérica, Juan Pablo de Laiglesia.

El Gobierno mexicano da a entender que pretende iniciar una nueva etapa más centrada en el diálogo y la diplomacia, ya que el trato con España nunca se han visto afectado en la práctica por esta disputa. Ni la cooperación, ni el diálogo y menos la coordinación administrativa. A finales del pasado mes de abril, con ocasión de una visita a Madrid del secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, los dos países suscribieron un nuevo acuerdo en el que “reafirmaron el carácter estratégico de las relaciones bilaterales, reflejado en la densidad y alcance de los vínculos políticos, sociales, culturales, de cooperación y económicos”.

El canciller abordó con la que entonces era su homóloga, González Laya, el calendario de actos conmemorativos de México y la invitó a sumarse a alguna de esas efemérides. La ministra, según aseguró en ese momento el Ministerio de Asuntos Exteriores, “reiteró la voluntad de España de ser parte del ejercicio de conmemoración del Bicentenario de la Consumación de la Independencia de México”. En julio Pedro Sánchez acometió una remodelación de su Gobierno y nombró como sustituto a José Manuel Albares, por lo que la participación de Madrid quedó en el aire.

López Obrador anunció hace semanas la participación del secretario de Estado Antony Blinken, pero finalmente el jefe de la diplomacia estadounidense canceló la visita. El mandatario mexicano aseguró que no se trata de un desplante, ya que el Blinken prefirió aplazar el viaje y acudirá “posteriormente”. “Vienen representantes de todos los Gobiernos o de varios Gobiernos del mundo: vienen representantes del Gobierno francés, vienen representantes de Rusia, viene un representante del papa Francisco, en fin, vienen muchos representantes extranjeros”, afirmó en la conferencia de prensa del viernes. Durante el desfile militar del pasado 16 de septiembre, el presidente se dirigió a Joe Biden para pedirle el fin del bloqueo económico a La Habana. Lo hizo acompañado del presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, y delante del nuevo embajador estadounidense en México, Ken Salazar, que participaba en su primer acto oficial en el país.

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