El presidente del comité de investigación del ataque al Capitolio, Bennie Thompson, y la republicana Liz Cheney.ANDREW HARNIK / AP

Este martes arranca el comité del Congreso de EE UU que investigará el asalto al Capitolio del pasado 6 de enero, después de que una turba de seguidores de Donald Trump irrumpiera en el templo de la democracia estadounidense con el objetivo final de bloquear el nombramiento de Joe Biden como nuevo presidente. El ataque dejó cinco personas muertas, entre ellas un agente de la policía del Capitolio, y forzó a los legisladores reunidos que certificaban la victoria del demócrata a ser evacuados o a esconderse ante el temor de perder la vida.

Aquel nefasto día tuvo como resultado un hecho sin precedentes históricos: por primera vez un presidente de EE UU tuvo que enfrentar un segundo juicio político. Por los hechos del 6 de enero a Donald Trump lo acusaron de “incitación a la insurrección”, ya que sus seguidores fueron a atacar el Capitolio después de escuchar un encendido discurso suyo en el que los instaba a “luchar como el demonio” con el fin de “recuperar” el país y marchar hacia el Congreso. El 13 de febrero, el Senado absolvió a Trump, que quedó libre de los cargos, después de que los demócratas no lograran la cifra mágica de 60 votos que impone el filibusterismo (dos tercios de la cámara) y votaran a favor 57 senadores del Partido Demócrata y en contra 43 republicanos.

Son muchos los republicanos que desde su planteamiento han atacado la creación del panel por considerarlo una maniobra partidista por parte de los demócratas diseñada para implicar a Trump por su papel en el caos del Capitolio. También son una legión quienes niegan que Trump empujara, al grito de Save America (Salvad América), a sus seguidores a irrumpir violentamente en el parlamento. Cerca de 800 personas penetraron en el edificio, devastando oficinas y enfrentándose a la policía (hubo 140 agentes heridos). Hay más de 500 acusados por los hechos de aquel día, con cargos que van desde el allanamiento de morada hasta el de agresión a agentes de policía, pasando por el de actos de vandalismo.

El choque entre la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, y los republicanos en el Congreso ha probado a lo largo de todos estos meses pasados la división irreconciliable que existe entre ambos partidos, lo que ha complicado mucho desde el principio lograr un comité que investigue el asalto al Capitolio. Una gran tormenta política se desató cuando Pelosi comunicó el pasado 1 de julio que la republicana Liz Cheney (hija del vicepresidente de George W. Bush, 2001-2009) formaría parte del comité investigador. Semanas antes de ese anuncio, la representante en el Congreso por Wyoming era castigada y despojada de su cargo de liderazgo del Partido Republicano en el Capitolio por haber refutado las denuncias infundadas de Trump sobre la existencia de fraude en las presidenciales de noviembre.

El 21 de julio, Pelosi nombró a ocho miembros para la comisión investigadora, que incluía a siete demócratas y a un republicano. Dos días antes, el líder de la minoría en la Cámara de Representantes, el republicano Kevin McCarthy, anunció a los cinco miembros que recomendaba a su partido para escrutar los acontecimientos de enero. Aquel miércoles 21 de julio, Pelosi también anunció mediante un comunicado que rechazaba la proposición de dos de los cinco legisladores que ofrecía McCarthy, Jim Banks (Indiana) y Jim Jordan (Ohio), debido a que habían refrendado en el pasado la falsa teoría del fraude electoral que denunciaba Trump. La presidenta de la Cámara de Representantes daba por válidas las otras tres recomendaciones. En respuesta, McCarthy retiró de la mesa de negociación a todos sus candidatos y advirtió de que no nombraría a nadie más para ese comité si no se aceptaba a los cinco ya propuestos.

Además de Cheney, en el comité presidido por el representante de Misisipi Bennie Thomson –quien desde 2019 es el presidente del comité de Seguridad Interior– tan solo hay otro republicano, el congresista de Illinois Adam Kinzinger. A Kinzinger no lo ha ofrecido el Partido Republicano, sino que ha sido añadido por Pelosi a la investigación sobre el asalto más grave que nunca ha conocido el Congreso de EE UU. Por supuesto, si a Cheney le arrebataron su liderazgo político en el Congreso, Kinzinger podría correr la misma suerte. Ambos congresistas podrían ser expulsados por su propio partido de sus escaños en la Cámara de Representantes.

Pelosi declaró el domingo que Kinzinger “aporta un gran patriotismo a la misión del comité: encontrar los hechos y proteger la democracia”. El republicano dejó claro el objetivo que perseguía al aceptar unirse a la misión de investigación. “Permítanme ser claro, soy un republicano que cree en los valores conservadores, pero que juró defender la Constitución y, a pesar de que esta no es la posición que deseaba o buscaba, cuando el deber me llame siempre responderé”, informó el congresista.

Respondiendo este lunes a preguntas de la prensa durante un acto en el jardín de la Casa Blanca, McCarthy calificó a Cheney y Kinzinger como “republicanos de Pelosi”. “¿Quiénes? ¿Adam y Liz?”, se burló el republicano, para devolver a los periodistas una pregunta cargada de ironía, “¿No son acaso esos el tipo de republicanos de Pelosi?”. El líder de la minoría en la Cámara declinó responder a los reporteros sobre si planeaba sancionar de algún modo a ambos políticos por haber accedido a formar parte de la investigación. Interpelada a la entrada de una de las salas donde se preparaba la que será este martes la primera audiencia del comité, Cheney se limitó a responder a las palabras de McCarthy diciendo que eran “bastante infantiles”.

Pelosi continúa defendiendo la necesidad del panel: “Creo que esta comisión, para conquistar la confianza del pueblo estadounidense, debe actuar de manera que no tenga ningún partidismo, se trata de patriotismo”. “Estoy muy orgullosa de los miembros de la comisión y estoy segurísima de que lograrán ese objetivo. Tenemos que volver a ignorar las payasadas de aquellos que no quieren encontrar la verdad”, declaró la demócrata.

En un último intento desesperado de aportar una imagen –inexistente– de bipartidismo, los demócratas daban relevancia a la figura de Liz Cheney y anunciaban que la hija del exvicepresidente de Bush daría una de las dos declaraciones de apertura de las audiencia sobre la investigación del asalto al capitolio. La sesión de este martes estará dedicada a cuatro agentes del orden que el 6 de enero defendieron con su vida el Congreso, mientras sufrían abuso verbal y físico.

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