Un grupo de personas compra ejemplares del último número del periódico de Hong Kong Apple Daily, en el centro de la ciudadDPA VÍA EUROPA PRESS / EUROPA PRESS

En los grupos de amigos en las redes sociales de Hong Kong, la pregunta más frecuente este jueves era, con distintas variaciones, la misma: “¿dónde puedo encontrar suministros?” No hacía falta precisar a qué se referían. La tirada completa —un millón de ejemplares, frente a los 80.000 habituales— del último número de Apple Daily, el periódico de oposición más popular en el enclave, se había agotado casi por entero en las primeras horas del día. En el punto de mira de las autoridades e investigado bajo la temida ley de Seguridad Nacional, su empresa propietaria, Next Digital, había anunciado el miércoles que se veía obligada a cerrarlo de la noche a la mañana.

A lo largo de todo el día, los pocos establecimientos que aún tenían algunos ejemplares disponibles veían cómo se formaban largas colas para adquirirlos. En algunos de los barrios que más apoyaron las manifestaciones contra Pekín de 2019, como Mong Kok, las filas habían comenzado antes de la medianoche y habían alcanzado dimensiones kilométricas, manzana tras manzana. La espera para hacerse con un ejemplar, o varios, era de horas. El ambiente era de duelo.

Cerca de 200 simpatizantes se habían concentrado frente a la sede del periódico, en un parque industrial, para expresar su apoyo a los 1.300 trabajadores del medio en el momento del cierre. A su vez, decenas de reporteros se habían concentrado en el techo del edificio para dar las gracias, con las luces de sus móviles, a quienes querían acompañarles hasta el final.

“Triste despedida de los hongkoneses bajo la lluvia”, rezaba el titular de la última primera página del tabloide, “Apoyamos al Apple Daily”. La imagen mostraba a esos mismos simpatizantes que habían dejado mensajes de apoyo en el exterior de la sede, enviado paquetes de comida a los reporteros encargados de dar el cierre al número final y gritado mensajes de ánimo desde la calle.

La emotiva despedida no se dirigía únicamente al periódico, sino a todo lo que este tabloide había llegado a encarnar. Fundado hace 26 años por su dueño, el millonario Jimmy Lai —un antiguo trabajador emigrante cantonés que creó de la nada su propio imperio textil— , este tabloide logró el éxito con su lema “Una manzana (Apple, en inglés) al día mantiene a raya a los mentirosos”, y una combinación de titulares amarillistas, noticias sobre famosos y periodismo de investigación. Ante la caída de otros medios de oposición, ahogados por el boicot de anunciantes pro-China, Apple Daily se fue convirtiendo en la voz más crítica y más sonora contra el gobierno autónomo favorable a Pekín. Algunas de sus portadas han acabado en el imaginario colectivo para representar a la actual jefa del ejecutivo local, Carrie Lam, o a su predecesor, C. Y Leung.

“Sí, la gente sabe las flaquezas de Apple Daily, su parte de paparazzi y todo eso. El duelo no es exactamente por el periódico, sino la posibilidad de su existencia en esta ciudad que se enorgullecía de sus ocurrentes discreciones, ahora reemplazadas por un zumbido monótono, absoluto”, escribía el periodista Sum Lok-kei en su cuenta de Twitter.

Las protestas de 2019 terminaron de enfrentar al medio con las autoridades. Lai, de 73 años, participó en algunas de las marchas más multitudinarias. El periódico les dedicó una cobertura extensiva.

La entrada en vigor de la Ley de Seguridad Nacional impuesta por Pekín, el 30 de junio del año pasado, supuso un giro en la fortuna del medio. Esa medida castiga hasta con la cadena perpetua los delitos, vagamente definidos, de “terrorismo”, “independentismo”, “subversión contra los poderes del Estado” y “confabulación con fuerzas extranjeras”. En agosto, Lai quedaba detenido bajo esa ley. A lo largo de los meses siguientes se le presentarían otros cargos relacionados con su participación en las manifestaciones de 2019 que no habían sido aprobadas por la Policía, como exigen las leyes hongkonesas. Actualmente cumple catorce meses de cárcel tras ser declarado culpable de ellos.

La semana pasada, el periódico recibió la herida que le condenaba a muerte. Una redada en la que participaron 500 policías detuvo a su director, Ryan Law; a su consejero delegado, Cheung Kim-hung, y otros tres directivos. Law y Cheung vieron denegada la libertad bajo fianza, acusados de colaborar con fuerzas extranjeras. Cerca de cuarenta ordenadores de la redacción quedaron incautados. Y, sobre todo, las cuentas bancarias de la empresa quedaron congeladas. Era imposible pagar los salarios de los trabajadores.

Ya con la soga al cuello, y con el aviso de que el cierre era inminente si no se permitía utilizar al menos parte de los 18 millones de dólares hongkoneses (unos dos millones de euros) paralizados, el miércoles llegó la gota que colmaba el vaso: una nueva detención, esta vez de su editorialista estrella. Ante la amenaza de nuevos arrestos, Next Digital optó por cerrar de una vez por todas.

Desde su entrada en vigor, la Ley de Seguridad Nacional ha supuesto un mazazo contra las libertades que, en teoría y por el acuerdo de traspaso de soberanía del enclave firmado con el Reino Unido, China debe garantizar a la antigua colonia británica al menos hasta 2047. Las manifestaciones de protesta han desaparecido. Los principales activistas y políticos de oposición se encuentran en la cárcel. Actos emblemáticos como la vigilia anual del 4 de junio en memoria de las víctimas de la matanza de Tiananmen parecen condenados a no volver a celebrarse más.

Sus efectos también se han dejado notar sobre la libertad de prensa. El enclave figura en el puesto 80, de un total de 180, en el índice de libertad de prensa de Reporteros Sin Fronteras; hace veinte años, cuando se lanzó esta clasificación, aparecía en el puesto 18. Académicos y expertos son más reticentes a dar declaraciones a los medios. Columnistas habituales han anunciado el fin de sus colaboraciones. Entre los periodistas ha surgido el fantasma del más insidioso de los vetos profesionales, la autocensura.

El cierre de Apple Daily, asegura la asociación de escritores PEN America, “ilustra cómo las autoridades emplean la Ley de Seguridad Nacional como herramienta para eliminar y extirpar las libertades cívicas y la cultura de esta ciudad antaño vibrante. El efecto helador de este cierre en otros medios independientes sobre la libertad de expresión, de disentir, y de pedir cuentas a las autoridades, será grave. No debe caber duda de que esto sea un golpe de muerte para los medios independientes en Hong Kong”.

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