Foto de familia de la cumbre iberoamericana en Andorra. De izquierda a derecha, el presidente de Portugal, Marcelo Rebelo de Sousa; el primer ministro de Portugal, Antonio Costa; el Rey de España, Felipe VI; el presidente de Guatemala, Alejandro Gianmattei; el Jefe del Gobierno de Andorra, Xavier Espot; el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez; la secretaria general Iberoamericana, Rebeca Grynspan y el presidente de la República Dominicana, Luis Abinader.JAVIER BORREGO / EUROPA PRESS

Nicolás Maduro ha vuelto a jugar con todos. Después de confirmar durante varios días su presencia por vía telemática en la cumbre iberoamericana, que tiene lugar en Andorra, y convertirse así en uno de sus grandes protagonistas por el rechazo que otros líderes habían expresado sobre su participación, el presidente de Venezuela ha anunciado, al menos de momento, que no hablará él sino Delcy Rodríguez, su vicepresidenta. Sin embargo, hasta ese momento, que será a última hora de la noche en España, todo es posible y nadie en la organización de la cumbre descarta nada. Maduro lleva años jugando a este juego de despiste, y en la cumbre de 2016 en Cartagena de Indias ya dio un plantón y canceló en el último momento su presencia cuando también se había convertido indirectamente en el gran protagonista. Como presidente, Maduro nunca ha participado en estas reuniones, las únicas en las que están todos los países. En el último momento están cayendo otros líderes, como el mexicano Andrés Manuel López Obrador, que estaba en duda, o el nicaragüense Daniel Ortega. Tampoco estarán, como ya habían anunciado, el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, ni los de Paraguay o El Salvador. Pero sí han confirmado su intervención 15 presidentes.

Maduro se pierde así, si finalmente decide no comparecer, un escaparate ideal para reivindicar su legitimidad como presidente, aunque en realidad ya ha logrado el efecto porque estaba invitado a la cumbre, lo que implica que se reconocía su autoridad para estar ahí frente a Juan Guaidó, al que varias delegaciones consideran el presidente legítimo de Venezuela y que, sin embargo, no ha sido invitado a la reunión.

Esta cita, la vigesimoséptima, es muy atípica, porque la gran mayoría de los mandatarios intervienen de forma telemática. El encuentro, al margen de esta tensión con Maduro, que era la principal polémica antes de comenzar, está centrado en las dramáticas consecuencias sanitarias y económicas de la covid especialmente en Latinoamérica, una de las zonas del mundo, con Europa, más afectadas. El gran debate y la gran queja entre los presidentes latinoamericanos es que no les llegan las vacunas y no funciona el sistema Covax, organizado por la ONU en teoría para distribuir vacunas entre los países más pobres. En este contexto, Pedro Sánchez, el presidente español, que sí está en Andorra con el Rey, el presidente de Portugal y los de Guatemala y República Dominicana, tiene previsto esta tarde anunciar un sistema para compartir las vacunas que llegan a España con los países latinoamericanos más necesitados pero siempre garantizando que ese reparto no perjudicará el objetivo de tener al 70% de la población de España vacunada a finales de verano, que se mantiene intacto.

En Latinoamérica, la crisis de la covid ha provocado una caída del PIB del 8%, una bajada de las exportaciones del 13%, la muerte de 2,7 millones de pequeñas empresas y la creación de 78 millones de pobres nuevos. Se habla de un retroceso de 30 años. Las diferencias de vacunación en la región son enormes. Mientras Chile está a unas 10 semanas de vacunar a toda su población, en Venezuela al ritmo actual tardarían varios años. Por eso, la cumbre tiene intenciones de promover el mecanismo Covax, impulsado por la ONU para garantizar un reparto equitativo de las vacunas, y otras soluciones para que lleguen a los países más pobres, aunque varios países señalan que ese sistema es un fracaso. En la cumbre, el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, ha reivindicado el mecanismo Covax y ha señalado que hay que frenar “el peligroso nacionalismos de vacunas” que hace que en algunos países ricos se esté hablando ya de cubrir a toda la población cuando en los más pobres ni siquiera ha empezado. La secretaria general iberoamericana, Rebeca Grynspan, que está acabando su mandato, ha pedido a todos los líderes que actúen ya para evitar que el continente vuelva a perder el tren de la recuperación. “Está en nuestras manos evitar la sombra de otra década perdida”, ha señalado.

También se aprobará en la cumbre la creación de un observatorio epidemiológico iberoamericano y se aprobará una carta promovida por Argentina y España para que el FMI establezca un nuevo mecanismo de financiación de hasta 100.000 millones de dólares para los países de renta media, como los latinoamericanos, que se han visto especialmente afectados por la pandemia y no tienen un mecanismo como el fondo europeo de recuperación al que acudir. El Gobierno español está negociando este fondo en todos los foros y está convencido de que el FMI lo aprobará en breve

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