'El mural que debió ser', en Oaxaca de Juárez.CEDIDA POR EL PROYECTO 'EL MURAL QUE DEBIÓ SER'

En la calle Aldama, número 222, del barrio de Jalatlaco, en Oaxaca de Juárez, hay ahora un mural que trata de corregir la historia. En él, una mujer desgrana un elote dorado mientras una niña aprende a trabajar el campo, el piso es de tierra y el cielo de un azul muy fuerte, hay una puerta que separa el mundo rural de la ciudad, donde varias mujeres trabajan con máquinas el maíz. Pintado por más de 100 mujeres, lleva por título El mural que debió ser. La obra es una recreación y una protesta. Está basada en los bocetos que la pintora mexicana María Izquierdo diseñó para un mural que Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros le impidieron realizar hace 76 años.

El Gobierno encargó a Izquierdo pintar al fresco en una escalera del Palacio del Distrito Federal. La prensa la celebraba como la primera mujer en “subirse a los andamios”. La obra tenía que mostrar la historia y el progreso de la ciudad en las paredes verticales y en los plafones del techo, el arte en general. La pintora decide representar el campo como contrapunto fundamental del desarrollo urbano, pero en ambos mundos pone en el centro a la mujer.

Entusiasmada, tenía construidos los andamios, adquiridos los materiales, contratados a los ayudantes y preparados los bosquejos. El supervisor canceló el proyecto cuando los muralistas concluyeron que Izquierdo “estaba poco ejercitada en la práctica del fresco, por lo que era preferible cambiarla a algún otro edificio de menos importancia”, ponían de ejemplo una escuela, un mercado, los lugares donde pintaban las mujeres. El episodio hundió moral y económicamente a Izquierdo. La artista murió pobre, enferma, unos años más tarde.

“¿Cómo ha cambiado el papel de la mujer en el arte en México en todo este tiempo? Esta historia tiene resonancia actual, podría ser de una amiga que le pasó hace un mes”, cuenta por teléfono a EL PAÍS Dea López, estudiante de Arte Contemporáneo, quien decidió armar el proyecto para resucitar la obra de Izquierdo. “Me enojé y pensé: ¿por qué no se ha hecho ya este mural?”. Junto a la artista Cassandra Méndez recorrieron las calles de Jalatlaco timbrando a los vecinos, buscando quien les donara un muro. Tenía que parecerse al que le dieron a María en Ciudad de México en 1945.

El mural que Izquierdo debía crear ocupaba 154,86 metros cuadrados y tenía un costo de 34.843 pesos. La nueva versión tiene 45 y ha costado 8.000. Ahora en vez de dos manos, lo pintaron cientos. Como las chicas no sabían pintar al fresco utilizaron Comex. Los textiles de las campesinas se hicieron oaxaqueños, se eliminaron las figuras de los hombres que Izquierdo sí había incluido en sus bocetos.

En total participaron 160 mujeres, 110 pintaron. La mayoría eran jóvenes, entre 15 y 27 años, algunas eran historiadoras, curadoras, otras artistas, muchas nada tenían que ver con la pintura, llegaron de Puebla y Ciudad de México. Tardaron cuatro días de marzo. Lijaron el muro, quitaron las impurezas, resanaron sus huecos y pintaron de blanco, trazaron el dibujo, y pintaron, pintaron, pintaron hasta que el 10 de marzo quedó listo. Todas habían respondido a la pregunta que Dea López había hecho en la convocatoria: “¿Alguna vez tú has estado en el lugar de María Izquierdo?”.

El “monopolio agotador” de los muralistas
María Izquierdo (San Juan de los Lagos, Jalisco. 1902-1955), que fue casada cuando era niña, divorciada pese al escándalo, autodidacta y la primera pintora mexicana en tener una muestra en Estados Unidos, era ya una artista famosa y reconocida en México cuando el Gobierno le encargó el mural. Había estudiado un par de años en la Academia Nacional de Bellas Artes, entonces dirigida por Diego Rivera, quien paradójicamente fue el primero en darle impulso en sus comienzos. En una muestra de la escuela, Rivera nombró los cuadros de M. Izquierdo —desconocía si el artista era hombre o mujer—, como lo único de valor. Tras los elogios del muralista, algunos compañeros contrariados lanzaron baldes de agua a María, quien abandonó poco después la academia. “Era entonces un delito nacer mujer, y si la mujer tenía facultades artísticas, era mucho peor”, escribió en sus memorias.

Con un manejo espectacular del color, desarrolló retratos, paisajes, bodegones, con predilección por los llamados altares de dolores. “Me esfuerzo para que mi pintura refleje al México auténtico que siento y amo”, dijo en 1947 la autora. Su obra tuvo a las mujeres como protagonistas, domadoras de leones, campesinas, bailarinas, valientes, duras, audaces. “Sus pinturas insisten, a veces sutilmente y otras abiertamente, en que las mujeres contribuyen significativamente al arte y a la sociedad mexicana”, escribe en su ensayo la investigadora de la Universidad de Texas Nancy Deffebach.

En 1929 consiguió su primera muestra individual, un año después estuvo en el Arts Center de Nueva York, viajó por Sudámerica, expuso en decenas de ciudades, colaboró como columnista con Excélsior y la revista Hoy. Con los años se había distanciado de muralistas como Rivera, Siqueiros y Orozco, a quienes acusaba de ejercer un “monopolio agotador”: “Los ‘tres grandes’ tienen bajo su control toda la producción mural mexicana y dictaminarán, desde su omnímoda posición, quién sirve y quién no sirve para pintar murales”, escribió en 1947, en un artículo que tituló La Izquierdo contra los tres grandes. En él, la artista asegura que quien “sueña con llegar al tono mayor del mural” se encuentra frente “a la barrera infranqueable” de adoptar los dogmas, temas y estilos de estos tres muralistas.

El bloqueo a María en 1945 se convirtió en una polémica en México, tanto que incluso decenas de artistas firmaron un manifiesto para que le devolvieran el proyecto. El argumento de que Izquierdo carecía de la técnica la llevó a demostrar lo contrario al año siguiente y pintar un par de fragmentos, La tragedia y La música. Ambos se encuentran colgados en un auditorio de la Facultad de Derecho de la UNAM.

“¿Dónde hay otros muros? ¿Cuándo los habrá? ¿Quién los pintará?”, se preguntaba Izquierdo en 1947. Las organizadoras del proyecto en Oaxaca tienen ahora un objetivo mayor: pintar con artistas profesionales el mural que quiso pintar María en el mismo lugar donde a ella se lo encargaron, el hoy conocido Antiguo Palacio del Ayuntamiento, oficina de la jefa de Gobierno de Ciudad de México, Claudia Sheinbaum. La historiadora del arte Mariana Zardain, quien asesoró con el mural de la calle Aldama, explica que el muro donde iba a estar supuestamente la obra de Izquierdo sigue sin pintarse, vacío. “La idea que se va a proponer es que se haga donde debe de estar, reivindicar así el trabajo de María y hacer un cambio en la historia del arte”.

LEAVE A REPLY

Please enter your comment!
Please enter your name here