El escritor Ted Chiang.VIVIEN KILLILEA

El escritor neoyorquino Ted Chiang (1967) consigue anticipar la incertidumbre del entorno en cada uno de sus cuentos. Su último libro, ‘Exhalación’, publicado en castellano por la editorial Sexto Piso es una muestra de ello.

Sin ir más lejos, el cuento que abre este volumen, el titulado El comerciante y la puerta del alquimista, es un divertimento al estilo de los relatos de Las mil y una noches. Se trata de una historia que contiene otras historias, todas ellas ambientadas en el Oriente Medio, cuyo tema es el viaje en el tiempo. A diferencia de otros viajes en el tiempo donde aparecen máquinas que trasladan a los protagonistas al pasado con el fin de enmendar errores, el viaje en el tiempo que aquí propone Ted Chiang está basado en el espacio de Misner, donde el universo está contenido en una sola habitación, de tal manera que si atravesamos una pared de dicho espacio, a continuación saldremos por la pared opuesta. Al ser las paredes transparentes, si miramos a través de ellas, podemos vernos a nosotros mismos viviendo en diferentes universos. En esto consiste, a grandes rasgos, el espacio Misner.

El citado cuento surgió cuando Ted Chiang asistió a una charla de Kip Thorne, reconocido experto en las aplicaciones astrofísicas de la Teoría de la Relatividad General de Einstein, donde el físico explicó el viaje en el tiempo tomando como punto de partida el espacio Misner. Lo que resultó interesante para Ted Chiang fue saber que, con una máquina del tiempo así, no se podía cambiar el pasado aunque se viajase hasta él. De aquí surgió el cuento. Porque según cuenta el mismo Chiang, las historias de viajes al pasado en las que no es posible enmendar errores, “resultan a menudo trágicas”.

Según cuenta el mismo Chiang, las historias de viajes al pasado en las que no es posible enmendar errores, “resultan a menudo trágicas”
Con estas cosas Ted Chiang se puso a escribir un cuento donde la incapacidad de poner remedio no resulta algo trágico, sino todo lo contrario, es decir, un motivo para desplegar la magia de viajar en el tiempo tomando como partida el espacio diseñado por el físico estadounidense Charles W. Misner (1932).

Siguiendo con el pasado, en otro de sus relatos, el titulado Ónfalo, se nos cuenta cómo el paso del tiempo va dejando sus huellas en el mundo. Lo consigue poniendo de ejemplo los anillos del tronco de un árbol, llegando a imaginar un pasado tan remoto que los números que forman las fechas dejan de tener todo significado debido a la amplitud de la cifra.

Según sabemos, hasta entrado el siglo XVII se daba por hecho que el mundo era joven, que su origen no había sido muy lejano. Pero esta idea se vino abajo cuando se empezaron a leer las huellas del mundo. Llegar hasta el principio de los principios es fácil de imaginar, explica Chiang. Tanto como pensar en árboles sin anillos de crecimiento. Lo difícil es cuando miramos el cielo nocturno. Es entonces cuando ocurre el vértigo y el pensamiento nos lleva a situarnos como razón del universo. Con tales asuntos, Chiang compone un relato de orden científico donde subyace el misterio de la creación.

En otro de los relatos, titulado La niñera automática, Chiang toma como base la cuna especial que el psicólogo conductista B. F. Skinner diseñó para su hija. El mueble, que era más cercano a una cabina que a una cuna, venía cubierto con un panel de vidrio. A su vez, incorporaba un filtro de aire para proteger a la niña de las alergias. Entre otras cosas, la cuna venía completa, pues también contaba con un regulador de temperatura. Se sabe que la hija de Skinner creció con daños psicológicos y que acabó suicidándose.

Chiang construye un relato con tintes macabros; una crítica a la tecnología mal dirigida
Inspirado en este hecho, Chiang construye un relato con tintes macabros; una crítica a la tecnología mal dirigida. En este caso, el ingenio no es una cuna, sino una niñera mecánica cuyo cuerpo cableado oculta un mecanismo de relojería que sirve para controlar el horario de las comidas.

El relato que da título al libro, Exhalación ,nos cuenta la importancia del aire como regulador cerebral de seres robotizados. Para armarlo, Chiang se inspiró en el principio que nos lleva a consumir orden para generar desorden y, con ello, aumentar la entropía. Un guiño al físico Roger Penrose y a su libro La nueva mente del emperador.

En resumidas cuentas, Ted Chiang es un cruce bastardo ocurrido entre Borges y Philip K. Dick. En sus cuentos se dan cita la divulgación científica y la literatura de alta graduación. Por tales motivos no podemos dejar de recomendar su lectura.

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