Neymar, tras sufrir la entrada contra el Caen en la Copa de Francia.CHRISTOPHE PETIT TESSON / EFE

Dicen en París que Neymar había vuelto a entusiasmarse con su profesión. El cumplimiento con las rutinas cotidianas del oficio de futbolista, cuentan sus compañeros, no solo no le resultaba una carga sino que ahora daba el ejemplo en los entrenamientos del Paris Saint-Germain. Quizás a sus 29 años, tras sufrir una crisis vocacional en 2018, el hombre empezaba a valorar unos privilegios destinados a caducar. El regreso al Camp Nou para disputar la ida de los octavos de final de la Champions, el martes que viene, se le presentaba como una de esas raras ocasiones de confusión de fiesta con fútbol cuando una sucesión de patadas acabaron rompiéndole el aductor de la pierna izquierda.

Fue contra el Caen (se impuso el PSG, 1-0), durante uno de esos ásperos partidos de Copa de Francia. Después del descanso Alexis Beka-Beka le golpeó por detrás, derribándole, y a los pocos minutos Steeve Yago repitió la entrada sobre la misma pierna, en idéntica posición, cuando el brasileño controlaba la pelota de espaldas a la portería. Neymar volvió a caer e inmediatamente pidió asistencia médica. Fue sustituido. Este jueves a las 14:00 se sometió a una prueba radiológica en el Hospital Americano, en Neuilly-sur-Seine. El diagnóstico determinó que sufre una lesión de grado dos que le impedirá competir durante aproximadamente un mes. Se perderá el partido del Camp Nou (Di María también es baja). Con suerte podrá reencontrarse con Messi en el encuentro de vuelta de los octavos de final, en el Parque de los Príncipes, el 10 de marzo.

Neymar salió del hospital con el gesto desencajado por la mala noticia. Un rato después publicó un mensaje en Instagram. Confesó que las patadas le tienen harto y que le llevan a cuestionarse su deseo de jugar al fútbol; y denunció que se siente víctima de una crítica que justifica la violencia. “La tristeza es grande, el dolor es inmenso y el llanto es constante”, escribió. “Una vez más dejaré de hacer por un tiempo lo que más amo en la vida, que es jugar al fútbol. A veces me siento incómodo por mi estilo de juego, porque regateo y termino siendo golpeado constantemente. No sé si el problema soy yo o lo que hago en el campo… Me entristece mucho. Me entristece mucho tener que escuchar a un jugador, entrenador, comentarista o qué carajo, decir “realmente tienen que golpearle”, “se cae”, “llorón”, “niño”, “mimado”, etc… Sinceramente me entristece y no sé cuánto tiempo más podré aguantar. Yo solo quiero ser feliz jugando al fútbol. NADA MÁS”.

Entre una infección por covid, una lesión de tobillo, una inflamación de los aductores y un par de sanciones, Neymar se ha perdido 13 partidos de liga francesa de un total de 24 esta temporada. Su discontinuidad no es nueva. Los jeques de Catar, que pagaron 222 millones de euros al Barça por su fichaje en 2017, lo lamentan. Especialmente cuando no puede competir en las eliminatorias de Champions, el torneo que da sentido al proyecto más estridente del fútbol europeo. Se fracturó el quinto metatarso en vísperas de la vuelta de los octavos de final de 2018, contra el Madrid, y volvió a romperse el mismo metatarso en 2019, quedándose sin jugar la ida y la vuelta de los octavos contra el United. En las dos oportunidades el PSG quedó eliminado

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