Las vacunas anti-Covid están salvando vidas, pero algunas de ellas están enfrentando serios problemas de efectividad. La última en entrar en la turbulencia es la de AstraZeneca y la Universidad de Oxford, que ante la nueva variante sudafricana del virus, pasó de tener una efectividad de 75 por ciento, a 22, prácticamente inservible con su fórmula original. Otra vacuna señalada como ineficiente para adultos mayores es la china, CanSino, y la altamente prometedora vacuna rusa, la Sputnik V, también se encuentra en un mar de dudas porque no se realizaron pruebas suficientes con ese grupo de edad.

No quiere decir que ninguna de esas vacunas sirva, sino que en este momento se requieren más pruebas clínicas con adultos mayores, para saber si aplicarlas en ese grupo tiene sentido, o hay que buscar alternativas. Lo que está sucediendo con esas vacunas es de alta relevancia para países como México, que apostó por esas dosis para su plan de vacunación. Sin embargo, por lo que se pudo apreciar en el regreso del presidente Andrés Manuel López Obrador a las mañaneras, ayer lunes, o no le importa, o le pasó desapercibido lo que está sucediendo en el mundo, o está tratando de ocultar la realidad.

De acuerdo con el calendario para el arribo de las dosis, en enero debían haber llegado dos millones de vacunas CanSino y tres millones adicionales durante febrero, pero nada llegó en enero y es dudoso que suceda en febrero. Hace 10 días debían haber llegado 400 mil vacunas Sputnik V, que nunca arribaron a México, por lo que una dotación adicional de un millón para este mes, también está en entredicho. Durante febrero se esperaba la llegada de 870 mil vacunas de AstraZeneca del Instituto Serum, en India, donde se realiza parte de la producción, pero la incertidumbre, no sobre su llegada, sino sobre su efectividad, debería de problematizar si se van a aplicar a los adultos mayores.

El problema reciente que está teniendo AstraZeneca con la variante del virus sudafricano no reduce el riesgo que pudiera tener sobre la efectividad con los adultos mayores en México, luego de ser vetada por los países europeos para esa población. AstraZeneca es la vacuna a la que más apostó el gobierno de México, calculando adquirir 77 millones de dosis, que comenzarían con las del Instituto Serum y con un primer arribo de cientos de miles de vacunas dentro del mecanismo Covax, que, sin embargo, ya anunció una reducción en esas entregas, como también lo hizo Pfizer.

México no ha recibido vacunas en una semana, y el ritmo de aplicación es ínfimo. La semana pasada se vacunó a poco más de seis mil personas, cuando el gobierno calculaba un ritmo de vacunación de seis mil a ocho mil diarias, para alcanzar la meta de 104 millones de mexicanos vacunados para fin de año. Sin embargo, al ritmo actual, de cuatro mil 360 dosis por día, según el mapeo que realiza la agencia Bloomberg, México tardará una década en vacunar a toda su población.

El problema de suministro no es único de México. Todos los países, ricos y pobres, lo están enfrentando en diferente grado para no interrumpir la vacunación en sus naciones. No se sabe cuándo se restablecerá el reenvío de las vacunas de Pfizer, y en varios estados han notificado informalmente al personal médico que difícilmente se les aplicará la segunda dosis, porque no alcanzará para todos. En efecto, tenemos un serio problema.

Para México, lo que sucede con esas vacunas debería haber provocado una alerta mayor, porque en ellas está fincando su programa de vacunación con los adultos mayores, y añadió dificultades inesperadas al programa nacional que comenzó la semana pasada con enormes tropiezos, que han provocado que sólo 75 por ciento de los adultos mayores esté registrado hasta ahora. Lo preocupante es la amenaza de ponerse peor, ante la actitud negligente y displicente del gobierno, que se ha quedado sin hacer nada pese a que el Plan Nacional de Vacunación falló.

Se esperaba que durante las dos primeras semanas de febrero concluyera la vacunación a todo el personal de salud, lo cual no sucederá. Aún hay personal de primera línea que ni siquiera ha recibido la primera dosis. Al incumplirse una etapa arrastra a las siguientes por la falta de vacunas, a lo que ahora se debe añadir el factor de su efectividad. Para la tercera semana de febrero se planea la vacunación de los mayores de 80 años, pero ¿qué dosis se les aplicará? Aun en el supuesto de que solucionaran el abasto con las previamente anunciadas, ninguna de ellas, hoy en día, es garantía que servirá para inmunizar.

Lo que debe hacerse es un ajuste en el Plan Nacional de Vacunación, no sólo en el calendario, sino en la forma de acceder a vacunas que garanticen la vida de los adultos mayores. Por cuestiones impredecibles, las vacunas a las que apostó el gobierno no son las más recomendables en este momento para la aplicación en ese grupo. Pero sí es su responsabilidad haber apostado por la CanSino sin tener información sobre su viabilidad y efectividad, y por la Sputnik V, soslayando que no se haya probado suficientemente con el grupo de adultos mayores. Lo que está sucediendo con AstraZeneca está completamente fuera de su control.

Sí será su culpa, sin embargo, si mantiene inalterable su estrategia de vacunación. Su obligación política y ética es salvar la vida del mayor número de mexicanas y mexicanos posibles y buscar vacunas alternativas. El Presidente piensa otra cosa, y las vacunas que se aplicarán a los adultos mayores serán las de los laboratorios actualmente en entredicho. Las vacunas salvan vidas, pero no todas las vacunas salvan a todos, como está comprobando el mundo. Si no lo quiere admitir López Obrador, y sobre todo corregir, en él caerá la responsabilidad final. Su tozudez, en esta coyuntura, es su peor compañera.

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