CIUDAD DE MÉXICO.- Eduardo Matos Moctezuma (Ciudad de México, 1940) observa un panorama poco alentador en el terreno de la cultura en México y acepta que, a unos días de celebrar sus 80 años, le preocupa el destino del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), de los vestigios arqueológicos y de la investigación.

Asegura que se opone a los recortes en el sector y a la centralización de recursos, formalizado por la Secretaría de Cultura federal, que dirige Alejandra Frausto, como se aprecia en el caso del Proyecto Chapultepec. Adelanta que el próximo jueves 10 de diciembre recibirá un homenaje en el Colegio Nacional y que el viernes beberá un poco de vino y brindará con sus amigos vía Zoom.

La situación para la cultura y la ciencia no se ven bien en este momento”, dice Matos Moctezuma a Excélsior. “En general, diría que no ha habido un gran apoyo en ambos aspectos, sino que les han restado fondos y no se ve un panorama halagüeño; y eso empeora mientras sabemos que la UNAM no fue invitada a opinar sobre la Ley General de Ciencia y Tecnología que prepara el Conacyt. Así que estamos llegando a extremos francamente alarmantes en contra de la academia, la ciencia y la cultura”.

¿Qué dirían sus maestros Román Piña Chan y Manuel Gamio de este momento? “Habría mucha molestia en ellos, si no es que indignación de ver cómo se desamparan los vestigios arqueológicos y coloniales (ante los recortes); no estarían de acuerdo con las reducciones aplicadas al INAH, al INBAL y a otras instituciones culturales”.

Y agrega: “Y el panorama hacia adelante no es de bonanza, porque el deterioro a causa de los agentes naturales y la polución afecta a los monumentos. Se necesitan trabajos de vigilancia, investigación y conservación, pero si eso no se puede llevar a cabo, podría haber afectaciones en algunos vestigios”.

70 por ciento del presupuesto operativo del Instituto Nacional de Antropología e Historia se redujo para 2021, lo que complica la situación

¿Es el mismo INAH de los años 60? “La institución siempre trató de sacar adelante la investigación, conservación y protección de monumentos y sitios arqueológicos de todo el país, pero en el momento en que se le resta más del 70% del presupuesto (operativo) es alarmante, porque si antes ya teníamos restricciones, se podían más o menos llevar a cabo diversos trabajos, y ahora se pone peor.

Además, vemos que se dan 3 mil 500 mdp (para 2021) a un proyecto como Chapultepec y eso deja en claro cómo se privilegia proyectos como éste, mientras muchas dependencias culturales y científicas pasan por un trago amargo y eso es de lamentar”, abunda.

¿Cuál es su opinión sobre el retiro de la estatua de Cristóbal Colón del Paseo de la Reforma? “Hay una oleada a nivel internacional, en la que vemos cómo personajes a los que se les había erigido una estatua, han sido removidas por su desempeño negativo. Lo que pienso es que debemos analizar muy bien lo que se está haciendo”.

En este punto, Matos recuerda el caso de la estatua de Carlos IV, la cual no fue destruida por el movimiento independentista, sino que se preservó como obra de arte, pese a que representaba al imperio. “Son partes de nuestra historia y pienso que hay que ponderar muy bien qué es lo que se está haciendo en relación con esas estatuas”.

¿Cómo observa la relectura de la Conquista? “La historia y la arqueología tienen el deber de fomentar, con buena información, lo que sucedió. Recién publiqué un texto en el número 93 de la revista Arqueología Mexicana, en el que desmitifico aspectos de ese momento histórico. Sin embargo, ahorita se maneja que 1321 fue el año de la fundación de Tenochtitlan, aunque esto no se menciona en ningún lugar y eso sí es grave, porque viene del estado y hay que tener mucho cuidado en no querer manipular la historia”, apunta.

MORIR DE HAMBRE

Matos Moctezuma descubrió su gusto por la arqueología en la Preparatoria, cuando un amigo le prestó el libro Dioses, tumbas y sabios, con el que leyó todo sobre Egipto.

Me atrajo la cultura egipcia, empecé a comprar libros sobre el tema y así definí que iba a estudiar Arqueología, para mal de mis papás, quienes me daban a entender que me iba a morir de hambre y hoy, a los 80 años, no me he muerto de hambre. Desde entonces tomé la decisión y me fui a la escuela de Antropología”.

¿Cuál es su idea personal sobre la muerte? “La muerte es seductora y peligrosa. De los libros que he escrito, al menos cinco llevan en la portada algo relacionado con el tema, como Vida y muerte en el Templo Mayor, Muerte a filo de obsidiana y La muerte entre los mexicas. Así que el tema me ha acompañado con esa dualidad inseparable. De manera personal, no creo en un más allá. Creo que el hombre, con su poder creador, ha construido a los dioses mientras se niega a morir”.

¿Y su opinión sobre el tráfico de piezas arqueológicas? “En cuanto al saqueo arqueológico y colonial, siempre es indignante ver cómo otros países se prestan a subastar nuestro patrimonio al mejor postor. Es indignante porque muchos de esos objetos fueron sacados ilegalmente de nuestro país, es decir, que hubo saqueo y rompieron vestigios arqueológicos e históricos para obtenerlos y lucrar.

Así que lo sacan subrepticiamente del país, pese a que está prohibido por la ley de 1972. Tengo entendido que el INAH y la Procuraduría o la Fiscalía siempre protestan, pero es indignante ver cómo esas piezas, que son partes de nuestra historia antigua, son saqueadas con el consiguiente daño que el excavador furtivo causa en los contextos arqueológicos”.

Y concluye: “Sabemos que hubo envíos por obsequios, tráfico y algunos ya forman parte de colecciones extranjeras, pero esos objetos, conforme a nuestra ley, son propiedad nacional y, por tanto, no deberíamos pedirlos prestados para exhibirlos aquí, es decir, tú no pides prestado lo que es tuyo porque al momento en que lo pides prestado se provoca una contradicción en la ley”.

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