México podría enfocarse en proporcionar suficientes políticas de apoyo en el corto plazo ante la pandemia de COVID-19, así como comprometerse a implementar reformas fiscales inclusivas y a favor del crecimiento, señaló este martes el Fondo Monetario Internacional (FMI).

También apuntó que, a mediano plazo, habría que revitalizar las reformas estructurales condicionadas a los retos post COVID-19 y medioambientales, con el fin de mejorar la competitividad y el clima de inversión.

“El déficit del saldo de la cuenta corriente se redujo significativamente en 2019, debido a una fuerte caída temporal en las inversiones e importaciones, así como a fuertes exportaciones y remesas. La evaluación sigue sujeta a una considerable incertidumbre sobre el grado de naturaleza temporal de estos factores y el impacto de la evolución en particular del COVID-19 y los precios del petróleo en 2020”, adviertió en su análisis sobre México como parte del informe sobre el Sector Externo.

El saldo en cuenta corriente, la suma de exportaciones netas de bienes, servicios, ingresos netos y transferencias corrientes netas, estuvo en 2019 en línea con el nivel implícito en los fundamentos de mediano plazo y las políticas deseables. Del déficit de 4 mil millones de dólares reportado en 2019, anticipa que en 2020 podría reducirse a 2 mil millones de dólares.

Amortiguadores
Además de adecuadas reservas internacionales hasta el cierre del 2019, México tiene también como amortiguadores adicionales la línea de intercambio de divisas con la Reserva Federal de Estados Unidos (Fef), y cuenta con la línea de crédito flexible con el FMI por 61 mil millones de dólares.

“El equipo del FMI recomienda que las autoridades continúen manteniendo las reservas a un nivel adecuado a mediano plazo. Además, la línea de intercambio de 60 mil millones de dólares con la Reserva Federal, establecida en marzo de 2020, y el acuerdo de la Línea de Crédito Flexible del FMI, proporcionan amortiguadores adicionales”, indica en el reporte.

A fines de 2019, las reservas de divisas ascendían a 183 mil millones de dólares, 14.5 por ciento del PIB, frente a los 176 mil millones a fines de 2018. A mediados de junio de 2020, las reservas de divisas habían aumentado a 197 mil millones de dólares, principalmente debido a las operaciones de administración de deuda del Gobierno federal y los cambios de valoración.

El tipo de cambio flotante debería continuar sirviendo como el principal amortiguador, con intervenciones cambiarias utilizadas para prevenir condiciones de mercado desordenadas.

Las vulnerabilidades del tipo de cambio también son moderadas, ya que la mayoría de las empresas mexicanas con deuda cambiaria tienen coberturas naturales y administran activamente sus exposiciones cambiarias.

El largo vencimiento de la deuda soberana y la alta participación del financiamiento en moneda local reducen la exposición de las finanzas públicas a los riesgos de depreciación.

El sector bancario parece bien capitalizado, líquido y resistente. La deuda corporativa no financiera es baja, y los riesgos cambiarios generalmente están cubiertos por coberturas naturales y financieras. Pero la fuerte presencia de inversionistas extranjeros deja a México expuesto a reversiones de flujo de capital y aumentos de primas de riesgo. Las autoridades se han abstenido de tomar medidas de gestión del flujo de capital. Los riesgos de flujo de capital también se mitigan mediante políticas macroeconómicas prudentes.

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