Un militar ucranio en la línea de contacto cerca de la ciudad de Avdiivka, en la región de Donetsk, el 13 de febrero.OLEKSANDR KLYMENKO / REUTERS

La guerra en el este de Ucrania se ha recrudecido en las últimas semanas. Los combates entre las tropas ucranias y los separatistas prorrusos, respaldados militar y políticamente por el Kremlin, son los peores en meses; una nueva muestra de que las hostilidades, que han cumplido siete años y que se han cobrado unas 14.000 vidas, según la ONU, están lejos de ser un conflicto congelado. Moscú ha elevado aún más la tensión al movilizar tropas a un centenar de kilómetros de la frontera con Ucrania, que ha reforzado a sus unidades en el este y junto a la península de Crimea, que Rusia se anexionó en 2014. Los movimientos militares rusos ponen a prueba el alcance del apoyo a Ucrania de la UE y Estados Unidos, y son un nuevo pulso de Moscú en el peor momento de sus relaciones.

El Kremlin, que acusa a Ucrania del aumento de la tensión y de “provocaciones” para caldear las hostilidades y conducir a una guerra abierta, ha negado que esté preparando un ataque. Sin embargo, ha defendido tajantemente que tiene libertad para desplazar a su Ejército por su territorio para garantizar la seguridad de Rusia. Un movimiento que Dmitri Peskov, el portavoz del presidente ruso, Vladímir Putin, describió como “necesario” ante lo que consideró “una mayor actividad” de las fuerzas de los socios de la OTAN y otros países. “Rusia no representa una amenaza para ningún país del mundo”, ha recalcado Peskov este lunes. El ministro de Exteriores ruso, Serguei Lavrov, ha advertido también de que un recrudecimiento del conflicto militar en la región del Donbás, en el que el Kremlin siempre ha negado su participación, podría “destruir” Ucrania. Su número dos, Serguéi Ryabkov, ha asegurado este lunes que mantiene “contactos de alto nivel con los estadounidenses” sobre la situación ucrania.

La muerte el 26 de marzo de cuatro soldados ucranios al norte de la línea de contacto de la ciudad de Donetsk terminó de dinamitar el frágil alto el fuego acordado el pasado julio. La tregua, que había sufrido violaciones constantes con escaramuzas cada vez más agresivas, era la octava en saltar por los aires desde 2018. Ucrania acusa a Moscú ahora, además, de “disfrazar” con los nuevos movimientos militares lo que es en realidad un despliegue de “grupos tácticos”, ha dicho Ruslan Khomchak, comandante en jefe del Ejército de Ucrania.

En lo que va de año han muerto 19 militares ucranios en el conflicto de la región del Donbás, desencadenado después de la movilización ciudadana proeuropea que derrocó al presidente Víktor Yanukovich, aliado del Kremlin, y de que Rusia se anexionase la península ucrania de Crimea con un referéndum considerado ilegal por la comunidad internacional. La guerra se suavizó en 2015, tras los acuerdos de Minsk entre Rusia y Ucrania, negociados por Francia y Alemania. Sin embargo, el pacto no ha terminado de implementarse y ahora surgen de nuevo las voces que lo ven como papel mojado.

La escalada en el este de Ucrania, un punto geoestratégico para la UE y la OTAN en sus relaciones con Rusia, se produce en un momento de graves tensiones también entre Moscú y Occidente por el caso del opositor Alexéi Navalni, víctima de un envenenamiento tras el que se aprecia la mano del Kremlin. Y acrecentadas por los comentarios del presidente estadounidense, Joe Biden, que declaró que considera a Putin un asesino. Llega en un momento en el que Rusia ha definido sus relaciones con la UE —a quien ha acusado de ralentizar la aprobación de su vacuna contra el coronavirus por política— como “inexistentes” y tras el fiasco de la visita del alto representante para Política Exterior de la UE, Josep Borrell, a Moscú. EE UU y la UE, que sancionaron a Rusia por anexionarse Crimea, apoyan económicamente a Ucrania con cientos de millones de euros en ayuda exterior. Washington, además, procura asistencia militar a Kiev.

Las intenciones de Moscú con la nueva escalada de tensión y los movimientos militares no están claras para los expertos. Aunque el hecho de que se estén realizando de manera visible da una idea de que su intención no es la de lanzar un ataque a gran escala. Más bien, cree Alyona Getmanchuk, directora del gabinete de estrategia New Europe Center, trata de mostrar su músculo y poner a prueba la nueva Administración de Biden.

Analistas, como Michael Kofman, director del programa de estudios sobre Rusia en la corporación de análisis CNA, creen que Moscú está tratando de intimidar a Ucrania y presionar a sus aliados occidentales para que respalden ciertas concesiones políticas con el objetivo de que Rusia calme la tensión.

Estados Unidos, que con la nueva escalada ha elevado su nivel de vigilancia del conflicto a “crisis potencial inminente” —el más alto—, según The New York Times, ha pedido explicaciones al Kremlin sobre sus “provocaciones”, según ha explicado el Departamento de Estado este lunes. Y el viernes, Biden mantuvo una conversación con el presidente ucranio, Volodímir Zelenski, en la que le manifestó su “apoyo inquebrantable a la soberanía e integridad territorial de Ucrania frente a la agresión en curso de Rusia”, según una nota de la Casa Blanca.

Biden conoce bien Ucrania de su época como vicepresidente de la Administración de Barack Obama, cuando tuvo un papel de liderazgo en la respuesta internacional a la anexión rusa y en la coordinación de la lucha contra la corrupción, que devoraba el país. Y Ucrania fue el desencadenante del primer impeachment a Donald Trump, después de que en una conversación con Zelenski condicionase la ayuda a Kiev a que el líder ucranio abriese investigación sobre los negocios del hijo de Biden en el país del este y el papel del demócrata, que entonces era su principal rival.

También la UE ha prometido su apoyo “inquebrantable” al Gobierno de Ucrania, según apuntó el jefe de la diplomacia europea después de una llamada con el ministro de Exteriores Ucranio. Borrell, como Francia y Alemania, que emitieron un comunicado conjunto, mostró su preocupación por la actividad militar rusa y comunicó que mantendría reuniones sobre la reciente escalada con los ministros de Exteriores de los 27 y con representantes diplomáticos de Kiev a finales de este mes. Bruselas ha acusado además a Moscú de volver a violar el derecho internacional al lanzar una campaña de reclutamiento en Crimea.

Los despliegues militares rusos, que varios medios de investigación y canales en las redes sociales han documentado en los últimos días, parecen estar fuera del ciclo de los ejercicios previstos y no son “rotaciones regulares de tropas”, escribe además Kofman. Eso hace pensar a otros funcionarios y expertos que aún es demasiado pronto para descartar que estos movimientos sean el preludio de algo más. Un argumento alimentado por comentarios como el de la directora del canal financiado por el Kremlin RT, Margarita Simonian, que ha remarcado que los rusos que viven en la región del Donbás “deben vivir en Rusia”. Desde 2019, cuando aprobó una nueva ley para agilizarlo, Rusia ha entregado más de 420.000 pasaportes a ciudadanos de las autoproclamadas repúblicas de Donetsk y Lugansk, según datos del boletín parlamentario ruso.

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