Parte del grupo de trabajadores confinados voluntariamente en su fábrica de Pensilvania (EE UU). ABC
La urgencia sanitaria en Estados Unidos por la propagación del coronavirus que provoca la covid-19 ha encontrado en una fábrica de Pensilvania un buen ejemplo de respuesta ciudadana. Durante 28 días un grupo de trabajadores de una factoría se confinaron en su lugar de trabajo para no perder ni un minuto en la fabricación masiva de los materiales con que se confeccionan las mascarillas, toallitas sanitarias y guantes usados para evitar contagiar y contagiarse de la enfermedad.

Las oficinas de la fábrica, ubicada en la localidad de Marcus Hook, junto al río Delaware, se han convertido durante unas semanas en una residencia para acoger a 43 trabajadores, que un domingo de hace un mes se despidieron de sus familias y se confinaron en las instalaciones para trabajar a destajo en largos turnos alternos de 12 horas, sin días libres. El resultado del sobreesfuerzo han sido decenas de toneladas de los materiales que terminarán convirtiéndose en productos de protección no solo para sanitarios, sino también para empleados de comercios de cara al público.

La decisión de los operarios partió de sí mismos, según recoge The Washington Post, que menciona a Mark Nikolich, director general de la empresa, Braskem America. Fue una decisión voluntaria de los trabajadores, que se aislaron en la planta para asegurarse de que ninguno se contagiaba durante los días en que se iban a confinar para producir a destajo el polipropileno.

Y el resultado es tangible. En un cálculo del director general, sus trabajadores en todas las plantas —incluida la de Marcus Hook— han producido casi 90.000 toneladas de polipropileno en el último mes, capaces para fabricar, si se destinase solo a un producto, unos 500 millones de máscaras N95 o 1.500 máscaras quirúrgicas.

“Hay un brillo en los ojos de todos”, ha apuntado Joe Boyce, el supervisor de turnos de la fábrica a la cadena ABC, que dio la primicia del encierro por una buena causa de los trabajadores. “Es un honor para nosotros que podamos corresponder y apoyar a gente que no vamos a conocer en persona”, apuntó el trabajador, en referencia a los trabajadores que usarán los productos manufacturados gracias a su trabajo durante casi un mes. “A todos los que estáis en primera línea, muchas gracias. Eso es lo que hace fácil nuestro trabajo”, añadió.

La compañía ha pagado a todos los empleados encerrados el sueldo equivalente a trabajar 24 horas al día, incluidas en él las horas de descanso. Más allá de la visita puntual de algunos familiares que se acercaron a las instalaciones en el mes de confinamiento para interesarse por el estado de los trabajadores, la única distracción de los empleados ha sido ver la televisión, jugar a la videoconsola y cocinar para sus compañeros.

Ahora, el grupo de trabajadores se ha dado una semana para descansar y recuperar sus vidas familiares. Pasado ese tiempo, volverán a su faena y horarios habituales. Con una novedad: un incremento en su salario que les ha concedido su empresa en reconocimiento a su labor.

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