Isabel II y Enrique de Inglaterra, en la boda de lady Gabriella Windsor y Thomas Kingston, el 18 de mayo de 2019.POOL NEW / REUTERS (REUTERS)

Cuando a principios de año el príncipe Enrique de Inglaterra y su esposa, Meghan Markle, anunciaban su salida de la familia real británica, muchos se preguntaban si esa partida se debía a diferencias estrictamente profesionales y el deseo de una vida lejos de un trabajo con tanta exposición mediática o si había algo más, como rencillas familiares, diferencias de caracteres o un distanciamiento sentimental. Sin embargo, no parece que la situación sea esa ni que el cariño se haya roto por ninguna de las dos partes.

Así lo demuestra la última reunión entre el príncipe e Isabel II, que, al fin y al cabo, no deja de ser un encuentro entre una abuela y su nieto. Según dan a conocer los medios británicos, la monarca, de 93 años, y el duque de Sussex, de 35, mantuvieron una larga reunión en el castillo de Windsor, a las afueras de Londres y muy cerca de donde todavía está la hasta ahora residencia de los duques, Frogmore Cottage.

La charla duró cuatro horas, según explica The Sun y tal y como se hace eco la prensa del país. Enrique lleva unos días en el Reino Unido, a donde ha regresado desde Canadá, donde ya vive junto a su esposa y su hijo Archie, de nueve meses. La reina invitó a su nieto a un almuerzo ligero a base de salmón y ensalada y un té con sandwiches de pepino en palacio y allí charlaron durante más de cuatro horas. Al parecer, según fuentes de palacio, la soberana le dijo a Enrique: “Eres alguien muy querido y siempre serás bienvenido”. Además, la reina le dejó “muy claro” a su nieto que si cambiaran de opinión y quisieran volver, les recibiría “con los brazos abiertos”.

“La reina tenía muchas cosas de las que hablar con Enrique y era el momento perfecto para que cada uno expusiera su versión”, explica dicha fuente. “Cuando Enrique y Meghan anunciaron que querían marcharse todo pasó muy rápido y fue muy estresante para todos los implicados. El domingo fue la primera vez que la reina tuvo la oportunidad de hablar con Enrique ella sola y de conocer cuáles eran sus planes. Todo ocurrió en un ambiente mucho más relajado y ambos pudieron expresarse”, relatan los conocedores del asunto.

Al parecer, según esas fuentes, la reina estaría disgustada por no poder ver con frecuencia a Enrique y sobre todo al pequeño Archie, pero acepta los deseos de su nieto y entiende que quiera vivir en Norteamérica, tanto en EE UU como Canadá, durante un tiempo.

Otra de las cuestiones de las que hablaron tranquilamente abuela y nieto fue de las condiciones del acuerdo de separación, que serán revisadas dentro de un año. Enrique y Meghan dejarán de ser miembros de la familia real británica el 31 de marzo, y desde entonces se tendrán que mantener financieramente por sí mismos. Y, para ello, no podrán usar el término “royal”, real. Algo que la soberana ha querido dejar muy claro. “La reina trata de proteger la institución y siempre está atenta a los costes de la seguridad. Es algo que tiene que terminar de resolverse. Pero Enrique es un nieto muy querido al que siempre ha protegido”.

Según explican esas fuentes conocedoras de la conversación, esa charla ayudó a “despejar el ambiente” y a que tomara una perspectiva más positiva.

Los duques de Sussex regresan estos días al Reino Unido para afrontar sus últimos compromisos oficiales. El jueves ambos atenderán una entrega de premios en Londres, el viernes Enrique inaugurará un museo de motor junto a Lewis Hamilton, el sábado el matrimonio acudirá a un festival de música benéfico y el domingo Markle participará en actos con motivo del Día de la Mujer. La próxima semana estarán presentes en un servicio religioso por la Commonwealth en la abadía de Westminster. En mayo, los duques volverán a Europa para participar en los Juegos Invictus, que se celebrarán en los Países Bajos.

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