“Por fin se da respuesta a una demanda de la población no religiosa sin opciones de transporte en un país supuestamente democrático”, subraya Hillah, diseñadora de iluminación y residente en Tel Aviv. Con estas palabras celebraba esta madre soltera el servicio de transporte que el Ayuntamiento de la ciudad puso en marcha el pasado fin de semana. La iniciativa, que ha tenido lugar en Israel por primera vez en su historia, marca un hito, al no acatar la norma del Shabat, o día de descanso judío, que va del atardecer del viernes al del sábado. Pese a sus detractores, el éxito ha sido tal que el Ayuntamiento prevé aumentar el número de vehículos debido a la alta demanda.

Los que se han servido estos días de las seis rutas gratuitas que conectan Tel Aviv con los suburbios colindantes de Givatayim, Kiryat Ono y Ramat Hasharon contemplan esta red como un símbolo del progreso enarbolado por el Ayuntamiento de la ciudad costera en contra de la tendencia religiosa estatal. “Más que algo bueno, lo considero el fin de algo malo”, opina Roy, consultor de 37 años. Este vecino de la céntrica plaza de Isaac Rabín considera esta carencia de transporte una importante restricción para aquellos que no pueden permitirse comprar un automóvil. Espera poder utilizar los autobuses con su pareja para visitar los días festivos a sus familiares que viven a las afueras de la ciudad.

De acuerdo con el Ayuntamiento de esta urbe mediterránea, el proyecto pretende proporcionar una solución de movilidad para aproximadamente 400.000 residentes metropolitanos. “La capacidad de desplazarse durante el fin de semana de un punto a otro es un derecho fundamental”, declaraba Ron Huldai, alcalde por el Partido Laborista, a dos días de la puesta en marcha del servicio. Para cubrir estas necesidades, los autobuses funcionarán entre las seis de la tarde del viernes hasta las dos de la madrugada del día siguiente, y nuevamente desde el sábado a las nueve de la mañana hasta las cinco de la tarde.

Los trayectos evitan circular por las áreas de residentes observadores del Shabat. La gratuidad del servicio, que por el momento es provisional, se sustenta en un presupuesto anual de 12 millones y medio de shequels (más de tres millones de euros). La razón de esta prerrogativa responde al hecho de que los servicios de transporte público no pueden cobrar dinero en ningún día de la semana sin permiso del Ministerio de Transporte, una decisión que no autorizarían los partidos ortodoxos en el Gobierno en funciones. Así lo manifestaba a principios de mes en un comentario en Facebook Rafi Peretz, ministro de Educación y miembro del partido ortodoxo Hogar Judío, al asegurar que este tipo de iniciativa “violaría el statu quo”.

Ampliar la red de transporte público en Shabat a todo el país, una demanda que ha dejado de ser latente en buena parte de la población del Estado judío, requiere la legislación de la Kneset (Parlamento israelí). Otras reformas de Estado solicitadas por la población laica incluyen la legalización de los matrimonios civiles, que permitiría a las parejas que deseen evitar las instituciones religiosas llevar a cabo el enlace, divorcio o cualquier disputa legal posterior en tribunales de conformidad con la legislación secular, o la cancelación de la ley de supermercados, que limita el derecho de los municipios a permitir que las empresas operen durante los días festivos judíos.

En plena crisis política, con el primer ministro israelí en funciones, Benjamin Netanyahu, acusado por soborno, fraude y abuso de poder, y dos convocatorias electorales fallidas en lo que va de año que previsiblemente llevarán al país a una tercera, cada vez es más palpable la tensión entre aquellos que quieren un país laico y los defensores de un Estado judío regido por la religión.

A 17 días de que remate el plazo de la Kneset para encontrar un nuevo candidato a primer ministro, o para que se convoquen nuevos comicios, el impulso que puedan tener los partidos religiosos en una futura coalición gobernante, podría convertir la iniciativa de Tel Aviv en una victoria de corta duración para los residentes seculares de la ciudad o hacer de estos autobuses un acelerador del cambio en la política israelí.

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