La Guardia Revolucionaria de Irán ha anunciado este lunes la captura de un periodista exiliado al que acusa de haber alentado, a través de las redes sociales, las protestas antigubernamentales que el año pasado sacudieron al país. La detención de Ruhollah Zam, que se había refugiado en Francia con anterioridad, se ha producido después de una “compleja operación de engaño por parte de los servicios secretos” iraníes para lograr su regreso a la República Islámica.

Zam, un periodista de 46 años convertido en activista, dirigía desde el exilio Amadnews en Telegram, un canal de noticias que fundó en 2015 con otros colegas y que logró a superar el millón de seguidores. Desde sus orígenes, el canal se dedicó a publicar información sin censurar, incluidas filtraciones de fuentes oficiales anónimas. Cuando las protestas estallaron a finales de 2017 en Teherán ofreció una plataforma a los manifestantes y se convirtió en el vehículo preferido para compartir datos e imágenes sobre lo que ocurría en diferentes partes del país.

Las autoridades iraníes denunciaron que Amadnews promovía la violencia y Telegram lo suspendió el 31 de diciembre de ese año. No obstante, el canal reapareció poco después bajo el nombre Sedaiemardom (La Voz del Pueblo) y en una semana tenía 1,3 millones de seguidores. Esa popularidad convirtió a Zam en objetivo del aparato represor iraní. El periodista, hijo de un reformista y proveniente de una familia religiosa, fue encarcelado tras las protestas contra la reelección del presidente Mahmud Ahmadineyad de 2009, de ahí que al salir de prisión optará por exiliarse en Francia.

“A pesar de encontrarse bajo la orientación de los servicios secretos franceses y bajo la protección de los de Estados Unidos y del régimen sionista [Israel] (…), cayó en la trampa que le tendieron los hijos de la nación iraní en la organización de inteligencia de la Guardia Revolucionaria”, afirma el comunicado de ese ejército difundido por los medios estatales iraníes.

El texto describe a Zam como “administrador de una web contrarrevolucionaria” y le acusa de “difundir contenido incriminatorio contra el sistema islámico, insultar a las santidades de los musulmanes iraníes y publicar noticias falsas para abrir una brecha entre el pueblo iraní y su Gobierno”. Se trata de alegaciones tan difusas como graves dentro del controvertido código penal de la República Islámica.

Las protestas, que se prolongaron hasta bien entrado 2018, se iniciaron a causa de las dificultades económicas y la extendida corrupción. Sin embargo, en algunos casos adquirieron tintes políticos. Desde el principio, las autoridades responsabilizaron a los “enemigos” de Irán sin presentar ninguna prueba. La represión de las mismas dejó 21 muertos, según datos oficiales.

El comunicado de la Guardia Revolucionaria se jacta de que sus agentes han llevado a cabo una “operación profesional, astuta y multifacética”, en la que han empleado “métodos modernos y estratagemas innovadoras para engañar a los servicios [secretos] extranjeros”. Todo ello con el objetivo de “guiar” a Zam de vuelta “al país y detenerlo”.

Al mismo tiempo que los medios estatales informaban del caso, los suscriptores de su canal de Telegram recibían un mensaje con la noticia, lo que daba a entender que sus captores se han hecho con el control de la cuenta. Poco después del anuncio, los miembros del Parlamento difundieron un mensaje dando las gracias a los servicios secretos por su logro, según PressTV.

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