DURANGO, DGO.- Las autoridades de Durango ya reconocieron que disminuyen los niños, sobran maestros en algunas áreas y existen escuelas rurales que no cuentan con alumnos suficientes para continuar funcionando.

Su respuesta, hasta ahora, ha sido administrativa: cerrar planteles, fusionar grupos, reubicar docentes y contener el crecimiento de la nómina.

Las medidas permiten ajustar el sistema a una matrícula cada vez menor, pero no modifican las causas de la crisis. Ninguna devuelve habitantes a las comunidades, evita que las familias abandonen los pueblos ni corrige por completo el desequilibrio entre los maestros que se forman y las plazas disponibles.

REUBICAN A LOS MAESTROS

La Secretaría de Educación informó que los docentes de las aproximadamente 24 escuelas rurales que podrían cerrar no serán despedidos.

Algunos serán trasladados a planteles o regiones donde exista necesidad de personal. Otros serán incorporados a programas de recuperación académica, asesorías, escuelas de verano y actividades sabatinas.

La decisión protege los derechos laborales y permite aprovechar a los maestros que quedan sin grupo. Sin embargo, la respuesta oficial se ha concentrado en el destino de los trabajadores y no ha explicado con el mismo detalle qué ocurrirá con los alumnos.

La SEED no ha difundido la lista completa de planteles en riesgo, las comunidades afectadas, el número de estudiantes, la escuela que los recibirá, las distancias que deberán recorrer ni los medios de transporte disponibles.

Sin esa información no puede determinarse si el servicio educativo será reorganizado o si las familias rurales tendrán que mudarse para conservarlo.

MULTIGRADO PARA EVITAR MÁS CIERRES

Más de 100 escuelas rurales de Durango ya operan bajo el modelo multigrado debido a la reducción de alumnos. En estos planteles, un mismo maestro atiende simultáneamente a estudiantes de diferentes grados.

El esquema permite conservar la escuela en comunidades donde la matrícula ya no alcanza para sostener un docente por grupo. También está reconocido por la Ley General de Educación como una modalidad destinada a garantizar el servicio en poblaciones dispersas.

Pero su funcionamiento requiere profesores preparados, materiales específicos, conectividad y acompañamiento pedagógico. Sin esas condiciones, el multigrado puede convertirse únicamente en una forma más barata de mantener abierta la escuela.

El reto no consiste sólo en evitar el cierre físico del plantel, sino en garantizar que los pocos niños que permanecen reciban una educación equivalente a la disponible en las ciudades.

REDUCEN PLAZAS Y CONTIENEN LA NÓMINA

Ante la disminución de estudiantes, la SEED inició un reordenamiento administrativo. La dependencia reconoce un excedente cercano a mil plazas y sostiene que durante años funcionó como una instancia de contratación sin planeación suficiente.

Entre las medidas anunciadas se encuentran un programa de retiro voluntario, la revisión de títulos y perfiles del personal y la decisión de no sustituir automáticamente las plazas liberadas por jubilación, renuncia o fallecimiento.

El objetivo es reducir una nómina sobredimensionada. Cada plaza docente representa, según la propia Secretaría, un costo promedio de 350 mil pesos anuales.

El ajuste puede ordenar las finanzas, pero también cerrará todavía más el acceso para los cerca de mil nuevos docentes que egresan anualmente de las siete instituciones formadoras y compiten por unos 90 espacios.

La autoridad corrige así el exceso de personal dentro de la Secretaría, pero todavía no corrige la producción de profesionistas para un mercado público que dejó de contratarlos.

LAS NORMALES, SIN AJUSTE DE FONDO

Desde 2024 se planteó limitar la matrícula de las escuelas normales ante la falta de plazas. Sin embargo, no se ha presentado públicamente un diagnóstico por institución que establezca cuántos estudiantes deben ingresar, cuáles especialidades tienen demanda y en qué regiones se necesitarán docentes durante los próximos años.

Cerrar indiscriminadamente el acceso a las normales tampoco sería una solución. Durango puede tener maestros excedentes en algunas áreas y, al mismo tiempo, carecer de profesores de educación especial, enseñanza indígena, inglés, alfabetización de adultos o atención comunitaria.

La planeación tendría que vincular la matrícula de cada institución con las jubilaciones previstas, la evolución de los nacimientos, la población escolar por municipio y las necesidades específicas de cada región.

Sin esa coordinación, se continuará formando a cientos de jóvenes que descubrirán al egresar que la profesión elegida ofrece nueve plazas por cada 100 nuevos titulados.

UNA CRISIS PREVISIBLE

El Programa Educativo de Durango 2023-2028 afirma haber sido construido con planeación prospectiva. Para su elaboración fueron consultados más de siete mil docentes de educación básica, incluidos maestros de escuelas multigrado, además de directores, supervisores y autoridades educativas.

El cambio demográfico tampoco era inesperado. Los censos ya mostraban el envejecimiento de la población, la concentración de habitantes en tres municipios y el decrecimiento de numerosas comunidades rurales.

Pese a ello, las acciones anunciadas hasta ahora responden principalmente cuando el problema ya ocurrió: cuando la escuela perdió alumnos, cuando el maestro se quedó sin grupo o cuando el egresado descubrió que no existen plazas.

Durango necesita una política que reúna educación, población, desarrollo rural, transporte, vivienda y empleo. Mantener una escuela abierta será imposible si la comunidad continúa perdiendo familias; pero cerrar la escuela puede provocar que se marchen quienes todavía permanecen.

Las autoridades están reorganizando maestros, grupos y nóminas. Lo que todavía no han presentado es una estrategia para impedir que el territorio siga perdiendo niños, escuelas y comunidades.

Hasta ahora, Durango no está frenando la crisis: está administrando sus consecuencias.