DURANGO, DGO.- Durango forma cada año cerca de mil nuevos docentes para un sistema educativo que únicamente dispone de alrededor de 90 espacios de contratación.
Por cada 100 jóvenes que egresan de las instituciones formadoras, existen apenas nueve plazas. La posibilidad real es todavía menor porque esas vacantes también son disputadas por maestros de generaciones anteriores que continúan esperando ingresar al servicio público.
No se trata solamente de un problema laboral. Mientras las normales y otras instituciones mantienen la formación de profesores, la caída de los nacimientos, el envejecimiento y el despoblamiento reducen el número de niños, grupos y escuelas en los que podrían trabajar.
CINCO NORMALES, SIETE FORMADORAS
La Red Normalista del Estado de Durango está integrada por cinco instituciones públicas: la Benemérita y Centenaria Escuela Normal del Estado de Durango; la Normal Rural J. Guadalupe Aguilera, en Canatlán; la Normal Profesor Carlos A. Carrillo, en Santa María del Oro; el Instituto de Estudios Superiores de Educación Normal General Lázaro Cárdenas del Río, en Lerdo, y el Centro de Actualización del Magisterio.
La Secretaría de Educación contabiliza siete instituciones formadoras de docentes al incorporar planteles públicos con programas especializados. A esa oferta se suman la Universidad Pedagógica de Durango y universidades privadas con carreras relacionadas con la enseñanza.
La demanda estudiantil se mantiene. En 2022, tan sólo la ByCENED y la Normal Rural de Aguilera reunieron mil 129 alumnos y registraron 265 egresados, de acuerdo con Data México.
La ByCENED tenía 673 estudiantes y produjo 132 egresados; Aguilera reportó una matrícula de 456 alumnos y 133 egresados. Las cifras de ambas instituciones muestran que la carrera docente conserva atractivo entre los jóvenes, aun cuando sus posibilidades de obtener una plaza se han reducido.
MIL EGRESADOS PARA 90 PLAZAS
En enero de 2026, el secretario de Educación de Durango, Guillermo Adame Calderón, reconoció que las siete instituciones formadoras producen cerca de mil docentes cada año, pero la dependencia únicamente cuenta con alrededor de 90 espacios reales para nuevas contrataciones.
La relación equivale a nueve plazas por cada 100 egresados anuales. Sin embargo, no significa que nueve de cada 100 recién graduados conseguirán empleo: las vacantes también son disputadas por aspirantes rezagados de ciclos anteriores.
En octubre de 2025, representantes sindicales estimaron que cerca de dos mil maestros permanecían en espera de incorporarse al sistema. Algunos sobreviven con interinatos o contratos temporales; otros terminan trabajando en actividades distintas a la profesión para la que fueron preparados.
El examen de la Unidad del Sistema para la Carrera de las Maestras y los Maestros ordena a los aspirantes conforme a sus resultados, pero aprobarlo no garantiza una contratación. La USICAMM distribuye las plazas disponibles; no crea los empleos que el sistema dejó de generar.
MENOS NIÑOS, MENOS EMPLEOS
La escasez de plazas no puede separarse de la transformación demográfica de Durango. Entre 2010 y 2024, los nacimientos disminuyeron más de 31 por ciento, mientras la población mayor de 60 años creció aceleradamente.
La reducción ya llegó a las escuelas. Durante 2025 cerraron cuatro turnos vespertinos en la ciudad de Durango; más de 100 planteles rurales fueron reorganizados bajo el modelo multigrado y otras 24 escuelas podrían dejar de funcionar por falta de alumnos durante el nuevo ciclo escolar.
Cada turno eliminado reduce la necesidad de personal. Cada grupo fusionado disminuye el número de maestros requerido. Cada escuela cerrada cancela empleos docentes que difícilmente volverán a abrirse.
A ello se suma el reordenamiento administrativo de la Secretaría de Educación. La dependencia reconoce una estructura sobredimensionada y anunció que las plazas liberadas por jubilación, renuncia o fallecimiento no serán reemplazadas automáticamente.
FORMAR SIN PLANEAR
Durante décadas, estudiar para maestro representó una vía de movilidad social y la posibilidad de obtener un empleo estable. Esa promesa se está rompiendo.
El problema no consiste en que sobren maestros, sino en que su formación permanece desconectada de las necesidades reales del sistema educativo. Durango no ha definido públicamente cuántos docentes requerirá, para qué niveles, con cuáles especialidades ni en qué regiones.
Reducir el ingreso a las normales tampoco resolvería por sí solo el desequilibrio. Se necesita reorientar la formación hacia áreas con demanda, como educación especial, atención comunitaria, enseñanza indígena, recuperación académica, alfabetización de adultos y educación digital.
Sin esa planeación, el Estado seguirá invirtiendo recursos públicos y años de estudio de cientos de jóvenes para enviarlos después a una fila de desempleo.
Durango forma cerca de mil maestros cada año, abre únicamente 90 plazas y continúa reduciendo grupos y planteles.
Formamos maestros para escuelas que cierran y para un sistema que ya no puede ofrecerles trabajo.















