Cuando el delito construye un sistema

CONTRALÍNEA | Gabriela Gallegos Ávila

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Hay delitos que se cometen. Y hay delitos que se organizan.

La diferencia parece pequeña, pero cambia por completo la dimensión del problema.

Durante años, la imagen del crimen organizado fue la de hombres armados, campamentos clandestinos o cargamentos de droga. Era una delincuencia que se medía por la violencia que ejercía o por la mercancía que transportaba. Hoy empiezan a aparecer otras piezas: gasolineras bajo investigación, mercados de combustible, talleres para fabricar explosivos, vehículos adaptados e infraestructura capaz de sostener operaciones mucho más complejas.

Eso ya no habla únicamente de personas.

Habla de un sistema.

Y cuando el delito comienza a construir un sistema, la respuesta del Estado también cambia. Ya no basta con detener a un operador o asegurar un cargamento. La investigación se mueve hacia aquello que mantiene funcionando toda la estructura: el combustible, el dinero, la logística, los talleres y los mercados.

Ésa parece ser la historia que empieza a escribirse en Durango.

Los operativos de las últimas semanas ya no exhiben solamente armas o drogas. Revelan una infraestructura que difícilmente puede entenderse como hechos aislados. Lo que aparece es una capacidad de organización que obliga a mirar el fenómeno criminal desde otra perspectiva.

La diferencia no es menor.

Durante mucho tiempo se creyó que combatir al crimen consistía en detener personas. Hoy la evidencia apunta a otro desafío: desmontar las estructuras que les permiten operar, financiarse, abastecerse, comunicarse y reemplazar rápidamente lo que pierden.

Ésa es la verdadera dimensión del problema.

Porque una organización puede desaparecer con la captura de sus dirigentes. Un sistema no. Un sistema se adapta, sustituye piezas, encuentra nuevas rutas y vuelve a funcionar.

Por eso los aseguramientos recientes en Durango parecen contar una historia distinta. Ya no muestran únicamente lo que un grupo delictivo posee. Empiezan a mostrar cómo funciona.

Y entender cómo funciona una estructura criminal puede ser más importante que el tamaño de cualquier decomiso.

Porque una organización puede desaparecer. Un sistema aprende a sobrevivir.