DURANGO, Dgo.— Los principales indicadores económicos difundidos durante las últimas semanas comienzan a dibujar un mismo escenario: vivir en Durango cuesta cada vez más. El incremento de 43 pesos en la canasta básica durante el primer semestre de 2026, el crecimiento de la informalidad hasta representar el 55 por ciento de las unidades económicas, la disminución en el ritmo de ventas del comercio y las propuestas para contener el cierre de negocios muestran que la presión económica dejó de ser una percepción y empieza a reflejarse en la vida cotidiana.
Cada indicador explica una parte del problema. En conjunto, describen una economía donde las familias destinan una mayor proporción de sus ingresos a cubrir necesidades básicas, mientras los pequeños comercios enfrentan mayores costos de operación y menor capacidad de consumo de sus clientes.
En este contexto, el debate ya no se limita al crecimiento económico o a los indicadores macroeconómicos. La discusión comienza a trasladarse al terreno donde la ciudadanía percibe con mayor claridad los cambios: el precio de los alimentos, la capacidad para sostener un negocio y el dinero disponible al final de la quincena.
Más que un dato estadístico, la evolución de estos indicadores muestra un cambio en la economía cotidiana. Cuando aumentan los costos, crece la informalidad y disminuye el consumo, la presión deja de medirse en porcentajes y comienza a sentirse en los hogares.














