Vicente juega con su sobrina Aloani, afuera del Hospital de Gineco Obstetricia del Centro Médico Nacional de Occidente, en Guadalajara.

Embarazos de alto riesgo, cirugía fetal, enfermedades raras o pacientes oncológicos, son algunos perfiles de las cerca de 137.000 personas a las que el Hospital de Gineco Obstetricia del Centro Médico Nacional de Occidente presta servicios de salud en Guadalajara, Jalisco. Se trata de un hospital de alta especialidad al que llegan pacientes de otros Estados como Nayarit, Colima, Michoacán e incluso Sinaloa, y cuyo prestigio está bajo escrutinio desde hace una semana por el brote de una bacteria relacionado con la muerte de hasta 18 bebés. Este martes cruzan las rejas color verde IMSS de la clínica, algunas familias que perdieron a sus recién nacidos, mujeres embarazadas que ingresan con cautela y las usuarias frecuentes, que todavía depositan su confianza en el personal.

Jacqueline Vázquez, por ejemplo, viaja constantemente a este centro desde El Grullo, a unas cuatro horas en autobús. Lo hace con un brazo cargando a Elizabeth, de un año y medio, mientras la otra mano sostiene el tanque de oxigeno que la bebé necesita por un sindrome de Patau. “Vi que había un virus por todo el hospital y que muchos bebés habían fallecido”, dice. “La nena no está en condiciones de enfermarse. Marqué y me dijeron que si no venía me iban a regresar a otro hospital que no tiene los equipos necesarios”, comparte. A la madre de 20 años le pudo la advertencia, pues no tiene otra forma de atender la condición de su hija. Reconoce que tiene “plena confianza” en el hospital, pero percibe también el ambiente de ansiedad que ha invadido las salas. “Se dicen muchas cosas de la higiene del hospital como que el agua está sucia, o no tienen cuidado y las otras mamis tienen angustia, sobre todo si les van a hacer algún procedimiento”, comparte.

Jaqueline Vázquez, sostiene a su hija Elizabeth Milagros.
Roberto Antillón.

La preocupación se contagió de las historias de Diana, Evelyn, Cristina, Marcela, Montserrat y otras 15 madres de bebés fallecidos. Muchos de ellos ingresaron completamente sanos a realizarse un estudio o una consulta de rutina, y no salieron más. Todas acusan escasas medidas de seguridad e higiene para evitar los contagios que se extienden desde marzo hasta el día de hoy. El Instituto Mexicano del Seguro Social, al que pertenece el hospital, salió al paso destituyendo al director del área de neonatología y al jefe de gineco-obstetricia. Antes de marcharse, este último reconoció a las familias que su personal era consciente del brote.

“No hay condiciones de higiene, a veces está un poco sucio. No está bien porque si les dejamos a nuestros bebés es porque creemos que son profesionales”, reclama Rodrigo García, que visita dos veces al día a una hija que está bajo vigilancia por su prematuro nacimiento: “Si mi niña está sana y hay una bacteria, lo que me da más miedo es que se contagie”. El cesped del hospital está repleto de esposos que, como Rodrigo, toman sombra mientras pasan horas a la espera de noticias. Otro de ellos es Alfredo Carpinteyro, con una esposa embarazada que inicialmente celebró ser asignada a esa clínica, y hoy busca alternativas en el sector privado. “Nos recomiendan quedarnos porque es supuestamente la mejor atención y los mejores médicos, pero ya no sabe uno qué creer. Ver a esas mamás te rompe el corazón. Es algo inimaginable”, lamenta.

Bajo el sol en las calles que rodean al centro médico, cuatro doctores defienden el lugar donde trabajan. “El agua está muy sucia en todo Jalisco”, reclama uno de ellos: “No pueden echar la culpa de eso al hospital”. Su compañero considera que “no es culpa del área, sino de un factor externo”, mientras que el resto rechaza las destituciones del personal ordenadas por el IMSS al decir que “ningún doctor debió ser despedido”. Por su parte, Zoé Robledo, titular del instituto, asegura que la revisión por la muerte de los bebés “no busca culpables” ni “criminalizar al personal”, sino localizar las fallas de los procesos. También ha sido tajante sobre las medidas de los centros médicos: “Un hospital que hace una buena vigilancia notifica el número de microorganismos que encuentra. Lo dice la propia Organización Mundial de la Salud: 70% de las infecciones puede prevenirse con buenos manejos”.

El Hospital de Gineco-Obstetricia del Centro Médico Nacional de Occidente.
Roberto Antillón

En el otro lado se ubican Daniel Muñiz y Teresa Ochoa, que tuvieron un bebé hace cuatro días en este hospital y presumen que “todo está muy limpio” y “hay una excelente atención”. Destacan las medidas de seguridad para visitar los cuneros: “Solo puedes entrar con tu bebé si estás desinfectadísima, con bata, cofia y cubrebocas. No sé por qué les pasaría eso [la bacteria], aquí el cuidado estuvo muy bien”, asegura.

Dos madres que perdieron a sus recién nacidos en la misma sala del Centro Médico Nacional de Occidente aseguran a EL PAÍS este martes que el protocolo de higiene ha mejorado desde que las denuncias explotaron. “La verdad sí cambió la situación”, explica una de ellas, que pide anonimato por miedo a represalias contra su otro hijo de cinco meses, aun internado. “Desde que se supo todo, se vio una intención. Cambiaron a todos los bebés del lugar, empezaron a tener más cuidado y ahora hay una limpieza extrema, hasta tallan las paredes”, asegura.

El IMSS continúa la investigación de los neonatos contagiados en Jalisco a la vez que reparte reponsabilidades en Durango, donde murieron cuatro bebés también por un brote de Klebsiella pneumoniae y Candida albican. Este martes ha destituido a su delegada en el Estado y colocado en su lugar al doctor Saúl Nevárez Jiménez, quien asume el cargo con la instrucción de dar prioridad a la atención de las familias de los recién nacidos fallecidos.

La bebé Hannah Valentina, proporcionada por su madre Evangelina Barajas.
Roberto Antillón.