
DURANGO, DGO.— La comparecencia del secretario de Salud, Moisés Nájera Torres, por la glosa del Cuarto Informe dejó cifras, programas y explicaciones sobre el funcionamiento del sistema estatal. Vista únicamente desde un año, la fotografía puede parecer suficiente. Vista desde los cuatro informes del gobierno de Esteban Villegas, la lectura cambia.
El gasto funcional en Salud reportado por el propio Gobierno del Estado pasó de 4 mil 009 millones de pesos en el primer informe a 5 mil 031 millones en el segundo; bajó a 4 mil 632 millones en el tercero y alcanzó 5 mil 170 millones en el cuarto.
Entre el primero y el cuarto reporte hay un incremento nominal de aproximadamente mil 161 millones de pesos, 29 por ciento. Pero la trayectoria no fue ascendente: después del máximo alcanzado en el segundo informe hubo una reducción y, cuatro informes después, Salud se encuentra apenas 139 millones de pesos, 2.8 por ciento, por encima de aquel segundo periodo.
La diferencia es importante porque permite separar dos afirmaciones: sí existe un crecimiento del gasto entre el inicio y el cuarto informe; lo que los documentos no muestran es un crecimiento presupuestal continuo durante los cuatro periodos.
MEDICAMENTOS: EL PROBLEMA REGRESA AL CUARTO INFORME
El propio cuarto informe reconoce dificultades en el suministro. Durante 2025, ante la falta de recepción de bienes provenientes de las compras consolidadas federales, el Estado tuvo que realizar procedimientos propios de contratación, principalmente licitaciones públicas. El documento reconoce también diferencias en los costos de adquisición.
Para medicamentos e insumos se reportan 296.6 millones de pesos. Con esos recursos se adquirieron 12.1 millones de piezas correspondientes a 491 claves, 46 de ellas oncológicas, y se suministraron 5.53 millones de piezas a 272 unidades médicas.
Pero las cifras dejan pendiente un indicador básico para medir el servicio recibido por el paciente: el porcentaje de recetas surtidas completa y oportunamente.
El número de piezas compradas mide adquisición; el número de piezas distribuidas mide suministro a las unidades. Ninguno, por sí solo, determina cuántos pacientes encontraron completo el tratamiento prescrito cuando acudieron a una farmacia del sistema estatal.
Y precisamente el abasto continúa siendo una condición sensible. Durante la glosa de este 21 de septiembre, Nájera Torres señaló que Durango mantiene abierta la eventual incorporación al IMSS-Bienestar, pero planteó entre las condiciones garantizar el suministro de medicamentos e insumos, además de la situación laboral del personal.
UN HOSPITAL QUE ATRAVIESA LOS CUATRO INFORMES
El Hospital General de Santiago Papasquiaro permite medir algo diferente: tiempo contra resultados.
Desde el primer informe se planteaba la sustitución del hospital, con una inversión estimada entonces en 443.4 millones de pesos y una población beneficiaria de 137 mil 625 habitantes.
En el cuarto informe todavía aparecen 113.1 millones de pesos para continuar su construcción.
Y hoy, cuatro informes después, el secretario de Salud informó que la obra registra 70 por ciento de avance y proyectó su entrega para enero próximo.
La confronta, por tanto, no consiste en decir que el hospital no avanzó. El dato es otro: una infraestructura sanitaria presente desde el primer informe llega al cuarto sin estar todavía en operación.
SALUD FRENTE AL PESO FINANCIERO DEL ESTADO
Existe además un contraste presupuestal que ayuda a dimensionar prioridades y obligaciones, aunque se trate de categorías contables distintas.
En el cuarto informe, el gasto funcional en Salud asciende a 5 mil 170.2 millones de pesos, mientras el capítulo de Deuda Pública alcanza 10 mil 624.7 millones.
Eso significa que el monto ejercido en el capítulo de deuda fue equivalente a 2.05 veces todo el gasto funcional reportado en Salud.
La evolución es particularmente reveladora: en el primer informe el capítulo de deuda equivalía aproximadamente al 64 por ciento del gasto en Salud; en el segundo, al 90 por ciento; en el tercero alcanzó aproximadamente 105 por ciento y en el cuarto llegó a 205 por ciento.
La comparación no significa que los recursos destinados a deuda pudieran trasladarse automáticamente a hospitales o medicamentos: el capítulo incluye amortizaciones y obligaciones financieras que deben cumplirse. Sí permite dimensionar cuánto espacio ocupa el costo financiero dentro de las cuentas estatales frente a una de sus principales funciones sociales.
CUATRO AÑOS DESPUÉS
La glosa del Cuarto Informe pudo mostrar lo realizado durante el último periodo. La confronta de los cuatro documentos plantea otra pregunta: ¿cuánto cambió estructuralmente el sistema de salud durante el sexenio?
Los propios informes muestran más recursos entre los extremos, pero no un crecimiento sostenido; documentan compras millonarias de medicamentos, pero el cuarto año vuelve a registrar problemas de abastecimiento; y mantienen en construcción una infraestructura hospitalaria anunciada desde el primero.
El Congreso estableció que la glosa no debe limitarse al examen anual de las actividades administrativas, sino revisar también el avance del Plan Estatal de Desarrollo.
Bajo esa lógica, después de cuatro informes la discusión de Salud tendría que avanzar de cuánto se hizo a qué problemas dejaron de existir.
Porque comprar medicamentos es gestión. Construir hospitales es inversión. Aumentar consultas es actividad.
El resultado se mide cuando el paciente encuentra el medicamento, obtiene atención a tiempo y la infraestructura anunciada finalmente presta el servicio para el que fue construida.










