DURANGO, DGO.- En Durango, tener trabajo ya no garantiza que una familia pueda cubrir siquiera sus necesidades alimentarias. Durante el segundo trimestre de 2026, la informalidad laboral aumentó a 55.5 por ciento, lo que significa que más de la mitad de la población ocupada trabaja sin seguridad social, estabilidad contractual o protección frente al desempleo.
Al mismo tiempo, la pobreza laboral creció 2.3 puntos porcentuales respecto al mismo periodo de 2025. El retroceso ocurrió mientras el indicador nacional disminuyó 3.2 puntos, una diferencia que coloca a Durango a contracorriente de la mejoría registrada en la mayor parte del país.
La pobreza laboral no mide la falta absoluta de empleo, sino una realidad más profunda: personas que trabajan, pero cuyo ingreso no alcanza para comprar la canasta alimentaria. El problema, por tanto, no se reduce a crear puestos; también exige revisar su calidad, remuneración y estabilidad.
A este escenario se suma la caída de 31.9 por ciento en la construcción, una actividad que genera empleo directo y moviliza proveedores, materiales, transporte y comercio. Su desplome reduce oportunidades formales y empuja a más trabajadores hacia ocupaciones precarias.
Con alrededor de 26 mil personas en búsqueda de empleo, la presión continuará creciendo sobre un mercado laboral que ofrece pocas alternativas estables.
En Durango no sólo falta empleo: crece el trabajo precario y disminuye su capacidad para sostener a las familias.













