Cuando un organismo existe, no solamente por su adaptación a las condiciones actuales sino en función de lo aprendido en el pasado, se dice que posee una memoria. Foto La Jornada Oriente

En días pasados se realizó, en varias sedes de la ciudad de Xalapa, Veracruz, el 6º Congreso Mexicano de Etnobiología. Este acto reunió a cerca de mil participantes, entre los 624 registrados más los que se vieron en las reuniones plenarias. El total de trabajos presentados fue de 530, entre ponencias, carteles, foros y presentación de libros. Hubo, además, presentación de 10 cortometrajes, exposiciones fotográficas, concurso de tesis y ocho excursiones etnobiológicas. El evento incluyó también una feria de productores y artesanos. Estos datos sitúan a la etnobiología como una corriente de investigación científica a la par de otras que existen en el país.

La principal tesis que aquí se sostiene es que ante la crisis del mundo moderno o de la modernidad la alternativa es aprender de los valores, prácticas y visiones de las culturas indígenas que hoy existen y persisten. De acuerdo con el Instituto Lingüístico de Verano, en su reporte de 2022, existen 7 mil 151 lenguas vigentes en el mundo, de las cuales 98 por ciento corresponden a los pueblos indígenas (ver www. ethnologue.com). Por su parte, las estimaciones de organismos internacionales, como el Banco Mundial o la Unesco, calculan entre 370 y 476 millones de personas como los pertenecientes a algún pueblo indígena. Además, existe un núcleo de “pueblos tradicionales” formado por campesinos mestizos, pescadores artesanales, pastores, cazadores, recolectores y extractivistas, que en conjunto suman entre mil 300 y mil 600 millones de seres humanos.

Cuando un organismo existe, no solamente por su adaptación a las condiciones actuales sino en función de lo aprendido en el pasado, se dice que posee una memoria. Todos los seres vivos mantienen, como especie, una memoria representada por su código genético. La especie humana también posee una memoria, por medio de la que logra adaptarse y aprovechar su entorno natural, pero ésta no es ya sólo genética, sino también cultural. Esta “memoria de especie” toma la forma de una sabiduría, de una experiencia aprendida y perfeccionada colectivamente a lo largo del tiempo, de un saber transmitido de generación en generación. Hoy, esta memoria subsiste y resiste como parte de la cultura de los llamados pueblos indígenas.

La ciencia, decente y prestigiada, padece con inusitada frecuencia de un sesgo: tiende a concentrarse en los eventos más recientes y tiende a ignorar, soslayar o menospreciar todo aquello de lo ocurrido de manera previa a la era moderna. Es decir, sufre de una cierta obsesión por el presente. Por ello, la mirada científica soslayó, minimizó o ignoró las experiencias, saberes, conocimientos y aprendizajes de las sociedades tradicionales.