DURANGO, DGO. — Lo que en el papel de la Gerencia del Centro Histórico se proyectó como un moderno sistema de “cruce de cortesía”, en la práctica ha desatado el colapso vial más severo del año en la capital duranguense.
El arranque de las pruebas piloto para imponer el avance obligatorio de “un auto a la vez” en la Avenida 20 de Noviembre terminó por estrangular el tránsito, generando filas de defensas traseras que superan las seis cuadras y desatando la furia de miles de automovilistas atrapados esta tarde.
Un recorrido de campo realizado en el primer cuadro confirmó que la velocidad promedio en el polígono central cayó a unos críticos 5 kilómetros por hora.
La obligatoriedad de detener por completo la marcha del motor cada pocos metros no solo ha desquiciado los tiempos de traslado, sino que ha provocado el sobrecalentamiento de vehículos y un desgaste excesivo en los sistemas de frenado, complicando la circulación bajo el ambiente húmedo que arrastra la ciudad tras las tormentas de la madrugada.
El sector del transporte público es el más afectado. Operadores de camiones urbanos denunciaron que un trayecto regular que previamente les tomaba cuatro minutos para cruzar el primer cuadro, hoy les está costando hasta 22 minutos de retraso acumulado.
“La gerencia nos pide ingenio, pero no se puede manejar con cortesía cuando el pasaje tiene el tiempo encima para entrar a sus trabajos o escuelas”, fustigó uno de los choferes de la ruta de camiones azules, advirtiendo que de mantenerse el sistema buscarán desviar sus rutas, lo que dejaría sin servicio a los usuarios del Corredor Constitución.
A pie la situación no es mejor. Aunque la funcionaria municipal, Minka Hernández, defendió la estrategia asegurando que el proyecto prioriza y dignifica al peatón, la crónica del terreno revela que la ausencia de semáforos peatonales activos o de agentes viales físicos en cada esquina obliga a los transeúntes a “torear” los vehículos.
Al no haber control, la confusión del sistema provoca que cuando un automóvil avanza, el de la calle transversal arranca de inmediato para ganar el paso del “siguiente turno”, dejando al ciudadano atrapado a mitad del arroyo vehicular y elevando el riesgo de atropellamientos.
Para la Cámara Nacional de Comercio en Pequeño (Canacope), este caos vial es el tiro de gracia para los negocios establecidos. Los comerciantes señalan que el tráfico lento y la imposibilidad de circular ahuyentan definitivamente a los compradores locales, quienes prefieren desviar sus compras hacia las plazas comerciales de la periferia. Este freno al consumo local acelera el proceso de despidos masivos y el cierre definitivo de locales, demostrando que la ingeniería vial de escritorio del Ayuntamiento está terminando por asfixiar al corazón comercial de Durango.
















