Silencio, símbolos y caprichos: la disputa por el Villa de Durango

CONTRALÍNEA | Gabriela Gallegos Ávila

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Llamarle “chisme” a la posible reubicación del monumento a Francisco Villa es una salida política conveniente, pero difícil de sostener.

El silencio oficial también comunica. Y en el caso de la polémica por la posible reubicación del monumento a Villa hacia San Juan del Río, lo que ha comunicado el Ejecutivo estatal es incertidumbre, improvisación y una preocupante desconexión con la ciudadanía.

Durante semanas, el gobierno estatal guardó silencio. Ni confirmó ni desmintió. Dejó correr la versión de que la histórica escultura del maestro Francisco Montoya de la Cruz sería retirada de su sitio para dar paso a un “Villa gigante” de 25 metros. No hubo transparencia, pero sí contexto: una obra pública en marcha, con una inversión superior a los 17 millones de pesos, diseñada precisamente para albergar ese nuevo monumento. Eso hace inevitable la pregunta sobre el futuro de la estatua actual.

La versión de su traslado a San Juan del Río no surgió de la nada. Fue confirmada por voces cercanas al proyecto, como el escultor Guillermo Salazar. Y la reacción social tampoco fue menor: rechazo, cuestionamientos y una exigencia clara de respeto al patrimonio.

Por eso, este episodio trasciende la anécdota. No es solo una estatua: es la disputa por quién decide sobre el espacio público, sobre la memoria colectiva y sobre el uso de los recursos.

El gobierno aún está a tiempo de corregir el rumbo. Pero eso implica algo más que negar versiones: requiere transparencia, diálogo real y, sobre todo, reconocer que los símbolos no se imponen. Se construyen con la gente, o se convierten en monumentos al desencuentro.

El gobernador Esteban Villegas Villarreal recula, sí. Pero no aclara. Y cuando un gobierno niega sin explicar, no disipa la duda: la confirma.

Y recula, no por convicción, sino por cálculo político. Porque el contexto electoral obliga. Porque el costo ya era demasiado alto.

Pero el daño está hecho.

Durango no necesita monumentos más grandes. Necesita gobiernos más serios.

PD: Villa no estorba: estorba la improvisación. Porque al final, lo que se quiso mover no era una estatua. Era la memoria. Y esa, aunque se niegue, no se reubica tan fácil.