Marko, ideal chivo expiatorio de Xóchitl.

Julio Hernández López | Astillero

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– “Confidencias” a conveniencia.
– ¿Partidos rosa y de ultraderecha?
– Alfaro contra élite naranja.

Xóchitl Gálvez esparció en espacios mediáticos afines un relato de autorrevictimización política con propósitos electorales a diferente plazo: la realización de una gira nacional de reconciliación con la derrota, como preparativo de la tentativa en 2025 de crear un nuevo partido (¿rosa?) que deberá competir por sí mismo, sin alianzas, en las intermedias de 2027, con la vista puesta en los comicios generales de 2030 en los que, a pesar de todo, la ingeniera hidalguense pretendería insistir en una segunda postulación presidencial.
En su estilo dicharachero, con presuntas confidencias a conveniencia (ji ji y jo jo poselectoral y dramaturgia barnizada con brochazos de género), Gálvez centró a su táctico chivo expiatorio, el débil Marko Cortés al que, en acometida simultánea, ex gobernadores panistas (varios de ellos de larga cola pisable) conminan a que ya deje el cargo, sin esperar al próximo fenecimiento natural de su periodo directivo.

El gelatinoso armado discursivo de Xóchitl busca arrebatar bases del partido blanquiazul para intentar la creación de uno tal vez de color rosa o, en otro escenario sin rupturas, forzar a la estructura de Acción Nacional a negociar con la sociedad civil de las dos equis (Claudio X y la ex candidata de inicial X) para recomponer al partido histórico de la derecha mexicana en su peor momento electoral y programático y responder al amago, hasta ahora más bien retórico, del fallido Eduardo Verástegui a quien la levantisca estructura eclesial no quiso acompañar en la elección pasada, pero sí le podría ayudar en un intento de crear un partido neocristero, con abierto respaldo de Donald Trump, Vox y ultraderechistas latinoamericanos y europeos.

Vale recordar, en el contexto de los reacomodos partidistas e incluso de creación de nuevas organizaciones, que la cúpula de la Iglesia católica pretendió lanzar el mayor reto histórico (desde la Guerra Cristera) al gobierno federal en turno y su proyecto de sucesión continuista, pero ante la inviabilidad de los aspirantes opositores prefirió replegarse para esperar mejores tiempos, mientras que uno de los principales multimillonarios del país, Ricardo Salinas Pliego, también ha mantenido en redes sociales y en espacios televisivos una campaña de confrontación con la administración obradorista y los izquierdistas, en el contexto de los cuantiosos adeudos fiscales en litigio que el principal accionista del Grupo Salinas va perdiendo, aunque le quedan recursos judiciales por ejercer.

En tal escenario de remiendos y restauraciones puede verse la virtual declaración de guerra que ha soltado el gobernador saliente de Jalisco, Enrique Alfaro, contra los principales personajes de la marquesina naranja. Obviamente, contra el gerente general nacional del negocio, Dante Delgado, y los frívolos neoleoneses Samuel García y Mariana Rodríguez, destapadores éstos de la filosofía política consistente en la repetición gráfica y mercadológica de la palabra fosfo y, también, del tutelado relevo en la candidatura presidencial, Jorge Álvarez Máynez.

Y, mientras es desgastada de arranque la oferta claudista de amplio diálogo y consulta en materia de reforma judicial, al valerse de encuestas ordenadas por Morena para realizarse este fin de semana, con resultados a conocerse el lunes (es decir, se pretende blandir como resultado, para fines generales, el ejercicio de una parte del espectro político y social, bajo control del partido dominante), ¡hasta el próximo lunes, luego de la reunión del máximo multimillonario mexicano, Carlos Slim, con el presidente López Obrador en Los Pinos, justamente cuando la arremetida de capitales contra la venidera reforma judicial (Bolsa de Valores, paridad cambiaria) es motivo de preocupación política en el contexto de la transferencia del poder presidencial!

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